JOSÉ MARÍA EGEA SÁNCHEZ

Crecí pasando muchas horas de mi infancia correteando por los pasillos de la recién estrenada facultad de Biología, respirando ciencia por cada poro de mi piel. Recuerdo perfectamente aun hoy el olor de aquellos pasillos, preñados de prensas y herbarios como si de una almazara darwiniana se tratase.


Recuerdo estar sentado en el laboratorio, con la cara apoyada sobre las palmas de mis manos observando fijamente a mi padre, él miraba a través de las lentes del microscopio y, en aquel silencio pensaba que podía ver todo el universo asomado a aquellos cilindros misteriosos.
Recuerdo a mi padre encaramado en abruptas pendientes rocosas con su martillo y su cincel buscando líquenes , aunque yo en aquel entonces pensaba que era el encargado de darle forma a todas las montañas del mundo, de esculpir el paisaje. Todos los niños tienen a esa edad un superhéroe, el mío era mi padre.
En la última década hemos caminado juntos por la senda de la agroecología, en este tiempo me he dado cuenta de que, cuando era pequeño, estaba en lo cierto aunque sus superpoderes no eran el poder observar el universo por el microscopio ni esculpir montañas, sino que proceden de la ausencia total de maldad, de la capacidad de saber qué es lo justo, y cómo aplicar esa justicia.
Eso y su actitud alegre y bondadosa lo han convertido, sin él pretenderlo, en el autentico líder social carismático que es hoy.
De él he heredado este pulso de cirujano y estos nervios a la hora de comunicar, aunque no se lo tendré muy en cuenta si al menos he sabido aprender algo de esa inmensa humanidad que desprende.
Un auténtico embajador de su pueblo, en aquellos ámbitos, científicos e institucionales en los que se ha movido. Ha sabido colocar a Bullas como referente internacional de la agricultura ecológica. Entre sus méritos, el que más valoro sin duda es su capacidad para dirigirse con el mismo respeto y con la misma reverencia al campesino que al político, al alumno que al rector.
Esa humildad, tan en peligro de extinción hoy día, es el valor más preciado que tienes, no la pierdas nunca.