José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de Caravaca y de la Vera Cruz.
Uno de los hombres que hicieron posible en España la transición política de la dictadura a la democracia, en un ejemplar proceso valorado por todo el mundo civilizado, durante los últimos años setenta del pasado siglo, fue José Luís López Fajardo, un ceheginero comprometido con el mundo empresarial y profesional, cuya actividad política, desde la perspectiva del centrismo de la UCD fue decisiva para la construcción de la sociedad española contemporánea.


Nació, por casualidad, en la pedanía muleña de Fuente Librilla, siendo el mayor de seis hermanos fruto del matrimonio formado por Isidro López Valero y Maravillas Fajardo Romera, ambos maestros nacionales con destino en el lugar citado. La profesión les llevó a diferentes lugares como La Paca, El Moral y El Moralejo, entre otros, hasta su ubicación definitiva en Cehegín al concluir la guerra civil. El matrimonio trajo al mundo, después, a Isidro, Fernando, María Dolores, María Jesús y Miguel Ángel, alejándose el padre de la docencia y del ejercicio de su segunda profesión como secretario judicial, y, dedicándose a partir de entonces, a la actividad empresarial como fabricante de cerámica primero, y jabón y conservas vegetales después.
José Luís tuvo su formación primaria en el colegio de los PP. Franciscanos de Cehegín, siendo compañero del P. Juan Antonio Díaz; y la secundaria en el colegio Cervantes de Caravaca, donde tuvo como condiscípulos y amigos a Juan Miguel Guerrero, Juan de Dios Teruel, Pepe López Godínez y Andrés López Augüy, entre otros. Posteriormente cursó la carrera de Derecho en la Universidad de Murcia, teniendo como profesores a Enrique Tierno Galván y Manuel Vatlle durante los años 1949 a 1954, siendo alumno interno del ya desaparecido colegio mayor Ruiz de Alda.
Durante los años de la carrera, José Luís trabajaba en el verano en las industrias del padre, y al concluir aquella abrió bufete de abogado, en sociedad con su amigo Adolfo Mérida de la Rosa, en la Cuesta de las Herrerías simultaneando el ejercicio libre de la profesión con la gerencia de la ya fábrica de conservas paterna, inicialmente denominada Hijos de Isidro López Valero y más tarde López Fajardo Hermanos S.L. en la Carretera de Murcia, donde hoy se ubica Mercadona, siendo innovadora en la elaboración de zumo de naranja satsuma, de origen japonés.
Como empresario de la conserva fue, desde 1970 Secretario de la Agrupación de Conserveros de las provincias de Alicante, Albacete y Murcia; Presidente de la Federación Nacional de Asociaciones de la Industria de Conservas Vegetales desde 1977, y Presidente de la Agrupación de Conserveros de dichas provincias, a partir de 1980.
En 1960 contrajo matrimonio con Juana López Gironés, estableciendo el domicilio familiar en la C. Pío XII, frente a la antigua lonja, donde vinieron al mundo sus tres hijos: Isidro, Lucio y Mavi. Con el tiempo, en 1974 la familia se estableció en la C. Begastri, donde aún reside su viuda.
Empedernido viajero, su actividad empresarial le permitió visitar los más insospechados lugares de Europa, Asia y América en misiones comerciales no sólo para abrir mercados sino para evitar competencias comerciales, siempre en defensa de la agricultura murciana y de la industria conservera. Gracias a una gestión suya, ya como Diputado a Cortes, se logró en 1981, incluir el albaricoque como producto vegetal protegido por los seguros agrarios.
Hasta 1977 había vivido alejado del mundo de la política. En vísperas de las primeras elecciones generales, tras la promulgación de la Ley de Reforma Política, Joaquín Esteban Mompeán y Antonio Pérez Crespo, amigos de juventud, le invitaron a participar en aquel proyecto y posterior realidad que fue la Unión de Centro Democrático (UCD), que capitaneó a nivel nacional Adolfo Suárez, afiliándose a dicha opción, de la que fue uno de los miembros fundadores en Cehegín.
Colocado en el número cinco en la candidatura por Murcia al Congreso de los Diputados, en la que se incluyó por expreso deseo de Adolfo Suárez, le tocó sustituir en el escaño a Joaquín Garrigues Walker a la muerte de aquel, entre 1980 y 1982, por lo que vivió como protagonista de excepción el golpe de estado del teniente coronel Tejero el 23 de febrero de 1981, siendo uno de los tres diputados que no se tiraron al suelo tras el asalto al Congreso, junto a Adolfo Suárez y Santiago Carrillo. De aquellas horas de angustia que vivió toda España, y especialmente los diputados rehenes de la guardia civil insurrecta, tuvo experiencias y vivencias cuya narración detallada, de haber vivido más tiempo, podrían haber servido para ilustrar la historia de aquella jornada.
Aunque siempre le rondaron cantos de sirena que le invitaron a alejarse de Cehegín, nunca aceptó propuestas para marchar a otro sitio que no fuera la localidad del Noroeste, donde fue Director del Aula de Cultura Román Bono Marín, fundada en el seno de la Caja de Ahorros del Sureste de España por Abraham Ruíz Jiménez. También fue fundador y presidente de la empresa Mármoles de Cehegín S.A. Socio fundador del polideportivo Club Molino Chico, primer presidente de la Asociación de Padres de Alumnos del colegio Virgen de las Maravillas, Presidente de la Hermandad de la Virgen de las Maravillas y pregonero de las fiestas de septiembre y de la Semana Santa de Cehegín.
Hombre muy apto para las relaciones públicas, le unió fraternal amistad con sus compañeros de escaño en el Congreso de los Diputados Jaime Mayor Oreja y Enrique Egea Ibáñez, así como con quien fue Ministro de Agricultura Jaime Lamo de Espinosa, con quien lo fue de Cultura Ricardo de la Cierva y con Mariano Nicolás, muchos años al frente de la Dirección General de Seguridad del Ministerio del Interior. De todos ellos recibió no sólo amistad sino apoyos importantes para el desarrollo social y económico de la Comarca Noroeste, como fue el caso del Hospital Comarcal y del Polideportivo de Cehegín.
A pesar de sus compromisos y aparente alejamiento físico de Cehegín, nunca olvidó a sus amigos de juventud y madurez. Entre aquellos Adolfo Mérida, Paco Ortega, Vicente Carreño y Amancio Sánchez de Amoraga; y entre éstos a Paco Lorencio, Antonio Marín, Francisco Fernández, Alfonso Pérez Escámez y Matías Martínez Lozano.
Hombre participativo en todo cuanto se le requirió, y también por propia iniciativa, fue vitalista, alegre y emprendedor. Temperamental, complaciente, posesivo, extrovertido, conversador, confiado, realista y pragmático. Su valía personal, su capacidad de liderazgo empresarial y laboral, y su dedicación política a favor de Murcia y de los pueblos de la Comarca Noroeste, se han valorado más fuera que dentro de los límites geográficos en donde desarrolló su actividad. Si bien es cierto que, en 1983, siendo alcalde Manuel Soria García, el Ayuntamiento de Cehegín le concedió el Escudo de Oro de la ciudad, lo que siempre le satisfizo más que cualquier otro homenaje.
La muerte le sorprendió joven, el 11 de noviembre de 1995, siendo víctima de un aneurisma ahórtico que no pudo superar a pesar de los esfuerzos de los médicos: su propio yerno, en el hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia y en el de la Princesa de Madrid. El mejor elogio a su persona podría ser que pasó por la vida abriendo cauces de entendimiento, libertad y trabajo.