José Francisco García-Alcalde de Caravaca de la Cruz

Por segundo año consecutivo, los caravaqueños quedamos huérfanos de aquello que tanto amamos y tanto nos emociona. Un legado que forma parte de nuestra más auténtica identidad: las Fiestas Patronales en honor a la Vera Cruz con Moros, Cristianos y Caballos del Vino. La realidad sanitaria se impone una vez más para arrebatarnos unos días que, por su tradición, su alto valor sentimental y su importante impacto económico en la ciudad, supone una referencia para miles de personas.

Reflexionó el escritor británico Roger Scruton que el proceso de creación de las cosas buenas y bellas es lento y laborioso, pero pueden ser destruidas rápidamente. Nuestras fiestas, surgidas de forma natural con el paso de los siglos, son un exponente religioso y cultural perfecto en cuanto a su significado e imbricación social, pero, como toda obra humana, tienen una fragilidad que nos obliga a ser vigilantes para que no pierdan su esencia y su significado.  Esta situación excepcional de la pandemia exige que esa vigilancia sea extrema, para que cuando vuelvan nuestras fiestas a celebrarse con toda su plenitud, lo hagan sin contaminaciones ni adulteraciones.

El pasado año 2020 también nos trajo una alegría inmensa en la jornada histórica del 16 de diciembre, cuando los Caballos del Vino fueron incluidos en la lista de Patrimonio Inmaterial Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Sin duda este es un reconocimiento a tantas generaciones de caravaqueños que han mantenido viva esta hermosa tradición que nos hace vibrar cada 2 de mayo.  Además, le otorga una proyección de futuro a esta manifestación festiva y cultural, consolidando aún más la ‘Marca Caravaca’, como un destino turístico diferenciado y de calidad.

Desde aquí quiero tener un recuerdo especial hacia la junta representativa de la Real e Ilustre Cofradía de la Stma. y Vera Cruz con su hermana mayor a la cabeza; a la secretaria general de la Comisión de Festejos; a los Reyes Moros y Cristianos, adultos e infantiles, a las amazonas del Bando de los Caballos del Vino, mayor e infantil, y a sus familias; a los galardonados de cada estamento, a los presidentes bandos, kábilas, grupos y peñas, a los Armaos y a todos devotos y festeros de a pie. A todos vosotros –queridos vecinos- y también a los que desde cualquier otro punto de la geografía española acudís a vuestra cita con Caravaca de la Cruz porque  sois el alma de estas fiestas y vuestra renuncia vale el doble.

Quiero desde estas líneas recordar a tantos caravaqueños que ya nos dejaron, algunos de ellos víctimas de la COVID-19, y que trabajaron con tesón e ilusión por nuestras fiestas. También tengo muy presentes especialmente este año a nuestros mayores y enfermos, a los que les faltará ese consuelo que es la visita de la Patrona a sus hogares, y a los niños y niñas, porque ellos representan el futuro, y se están perdiendo el iniciarse en nuestras fiestas en unas edades en las que el asombro y la sorpresa dan lugar a unas vivencias que forman parte para siempre de nuestra memoria. También en mi recuerdo y sentimiento a aquellos que han perdido a un ser querido.

Espero que todos los caravaqueños disfruten de unos días de paz, cautela y de esperanza, guardando toda la prudencia que la situación sanitaria nos exige y pidiendo a nuestra Patrona que pronto podamos sentir la emoción que experimentamos al escuchar del sonido de unos cascabeles y unos cascos de caballos en el amanecer del 2 de mayo, una banda de música o el estruendo de pólvora y los alfanjes y escudos por nuestras calles. Seguro que volveremos a vivir esos momentos. En esa esperanza debemos permanecer.