JAIME PARRA

José Costa presentó el jueves 28 de abril a las 19:30 horas en el salón de actos de la Casa de la Cultura su novela Misfits.

Cartel de Misfits

¿Para qué escribe José Costa?

Supongo que escribir es una pulsión, algo inevitable. La escritura colma en parte la necesidad de crear, de ordenar el mundo, reinventándolo según la propia visión; desde ese punto de vista, es la coartada perfecta para desarrollar ideas, situaciones, escenarios  y personajes a la medida del pensamiento particular del autor. La escritura es una disciplina que conecta a la vez con mi parte intelectual y con mi parte creativa, y, por tratarse de una actividad que requiere aislamiento, satisface de alguna manera mi necesidad de soledad y silencio.  Escribir, crear, me divierte y me hace sufrir, a partes casi iguales… lo cual no deja de ser, en definitiva, un modo de mantenerse vivo y activo.

Sin desvelar mucho, ¿de qué trata “Misfits”?

Mifits desarrolla varias ideas principales. Una de ellas tiene que ver con las encrucijadas, con ese modo en que la vida nos empuja a elegir entre un camino u otro, y nos deja esperando las consecuencias. El protagonista tiene una existencia un tanto anodina, sin sobresaltos…, hasta que comete la temeridad de forzar el destino. Su decisión marca el comienzo de un declive personal, pero, paradójicamente, esa caída le brindará la oportunidad de apuntar hacia sus verdaderos objetivos vitales: la búsqueda de la belleza, la liberación a través de la literatura o de cualquier otra actividad funambulesca que lo mantenga a salvo.

La novela explora asuntos como la traición, el hedonismo, la aceptación social, la aspiración a lo sublime, o los difusos límites entre la vida pública y la vida privada. La palabra misfits hace referencia a los individuos desajustados, los que no encajan, los inadaptados…, los seres humanos corrientes con sus vidas ordinarias y sus fugaces destellos de grandeza: todos nosotros, en realidad. Una extensa galería de personajes da cuerpo a esta idea, a través de una trama trenzada alrededor del protagonista principal, pero con interesantes derivaciones que la van enriqueciendo.

El texto es por momentos mordaz, poético, divertido,  profundo o sugerente…,  de modo que cualquier lector puede encontrar ese fragmento con el que es posible identificarse y con el que, finalmente, acabará disfrutando. La novela es realmente una invitación a tomar la vida con la pasión que merece, obviando las consecuencias, y pasando por encima de esa esclerosis que a menudo nos inmoviliza. 

¿Qué autores le han inspirado?

Cuando ya se tiene una cierta edad,  y cuando se ha dedicado toda una vida a flirtear con la cultura, las influencias son innumerables. Si además mezclamos esas referencias con las propias experiencias personales, con la observación y con la imaginación, el cóctel solo puede resultar explosivo. La literatura (Cortázar, Kundera, Bukowski, Henry Miller, Robertson Davies, Ian  McEwan, Jonathan Franzen,  Francisco Umbral, Elfriede Jelinek, David Foster Wallace, John Updike…), la música (las letras de Bob Dylan, Leonard Cohen, Tom Waits, Serge Gainsbourg, Elvis Costello, Georges Brassens…), el arte, el cine, la fotografía…  están llenas de personalidades que han contribuido a crear ese cóctel. En el fondo me parece totalmente parcial, y por lo tanto engañoso, destacar a unos sobre otros, porque podría haber citado a otros cientos más, de toda índole y de los más diversos campos, y la lista seguiría estando incompleta.

El libro ha sido editado por Letrame, ¿por qué ha apostado por esta editorial para su publicación?

 Letrame es una editorial dedicada a la autoedición. Esta es una palabra maldita para muchos, pues de inmediato se la relaciona con un producto de baja calidad, aunque a mi entender se trata de una percepción injusta, y desde luego insuficiente. El mundo de la autopublicación está lleno de productos prescindibles, desde luego, pero también de productos de notable calidad que por algún motivo no han encontrado su camino a través de la publicación “tradicional”. No olvidemos que la publicación “tradicional”, junto con un maravilloso sinnúmero de gemas, está también plagada de productos prescindibles, y hasta lamentables; solo hay que asomarse un poco a las librerías. Como en cualquier otro negocio, los intereses comerciales son los que acaban imponiéndose. El tamiz es férreo, lo cual provoca que las puertas de estas editoriales estén prácticamente cerradas a cal y canto para la mayoría de los escritores, en muchas ocasiones independientemente de su calidad. Se impone, entonces, dar un rodeo; y ese rodeo es la autopublicación. Es una tendencia que poco a poco va cobrando fueza en el mercado, no obstante, y a la que están empezando a recurrir incluso autores consagrados.

Precisamente me gustó de Letrame que aplicase un filtro de calidad previo a la admisión de una obra para su publicación.  Posteriormente, la obra pasa por un proceso de corrección ortotipográfica que otras editoriales del sector no tienen. Esto garantiza al menos un producto digno, sin errores. Evidentemente, todo lo demás depende del talento del autor.

¿Esta novela nace durante la pandemia? ¿Han sido los meses del estado de alarma provechosos creativamente hablando? 

El confinamiento obligado por la pandemia me permitió dedicar mucho tiempo a la escritura, pero esta novela que ahora presento no se gestó en esa época. Terminé Misfits hace más de tres años, aunque es ahora cuando me he decidido a publicarla. Antes de Misfits hubo otras tres obras, y después de ella otra más, El mecanismo Ripperton, que fue la que me mantuvo ocupado durante la pandemia, y que terminé hace cinco meses. El retiro obligado por aquellas circunstancias me proporcionó la soledad, el silencio y el tiempo necesarios para concentrarme en el trabajo, y traté de aprovecharlo al máximo… en la medida en que la vida cotidiana y sus continuas eventualidades suelen permitirlo.

Con un libro recién publicado, ¿tiene algún otro proyecto en mente?

Siempre tengo algún proyecto en marcha, y no solo literario. En estos momentos he comenzado una nueva novela, y estoy empezando a estructurar mi cabeza alrededor de ella. Continúo escribiendo relatos para un nuevo libro (será mi tercer libro de relatos), y arrastro desde hace tiempo otros dos proyectos a los que vuelvo cuando puedo, y que poco a poco voy sacando adelante. Mi prioridad, sin embargo, es esa nueva novela, que es la que va a centrar mi atención y mis esfuerzos en los próximos dos o tres años, si todo va bien.