GLORIA LÓPEZ CORBALÁN

Fotografías: ANTONIO MARTÍNEZ LÓPEZ

El profesor, escritor y ex diputado socialista, Jesús López, estuvo acompañado por el profesor Juan García Fernández y Enrique Fuentes, ingeniero técnico forestal; además de por Francisco Marín, editor del libro.

Público asistente en la Casa de la Cultura

Público asistente en la Casa de la Cultura

El lleno en la casa de cultura, donde se celebró el acto, fue total. Multitud de amig@s y familiares, además de seguidores, acompañaron al escritor en la presentación de su segundo libro.

“Viejos caminos, viejas historias” es un canto al mundo rural, a sus gentes, sus oficios y sus caminos. Viejos caminos que ya están olvidados, viejos oficios que no queda de ellos más que el recuerdo en las mentes, aún lúcidas, de viejos habitantes de todas esas zonas rurales por donde el autor, siguiendo los pasos del primer caminante, San Juan de la Cruz, nos trae a nuestros días.

Invitados de honor, en primera fila, algunos de los y las protagonistas de estas viejas historias, que fueron hilvanando el sabor de sus recuerdos con la pluma de Jesús para dejarnos un libro que merece la pena leer.

A ratos, de un tirón, de a poco a poco o como guía en la mochila para recorrer caminos que ya no existen o conocer pueblos que quedaron sepultados por el agua y el olvido.

Pueblos, palabras, oficios, motes o sendas. Historias o leyendas. Vidas o  muertes. Mujeres y hombres que nos dejan un legado que Jesús López atesora como reivindicación de un mundo rural tan duro como olvidado. No se echa de menos la dureza de ese medio, sino el olvido al que han sido sometido los que lo padecieron.

El autor, a través de los caminos por cinco provincias, (Murcia, Albacete, Almería, Granada y Jaén) nos presenta un recorrido y una reflexión sobre el mundo rural y campesino de las sierras del segura que acaba en Nerpio. “Queda muy poco de esos saberes, que no deberíamos perder, porque estaban muy vinculados a la naturaleza real, no a la idea que tenemos hoy en día de la naturaleza, que oscila entre la añoranza bucólica y el menosprecio hacia unas personas que creemos inferiores porque su cultura era básicamente oral. Pero, como diría Ortega, podían ser analfabetos, pero jamás ignorantes, sabían muchísimo de una naturaleza que podía ser muy dura, pero de la que también obtenían mucho con medios que hoy parecen muy precarios.”