JOSÉ ANTONIO MELGARES/CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA

Hay quien afirma que haber nacido en la C. Larga supone un plus de caravaqueñismo en las personas que allí vinieron al mundo. Esto es lo que sucedió a Jesús Sánchez Asturiano en septiembre de 1920, a quien popular y cariñosamente siempre, y por todos, se le conoció como Jesús, el Practicante, por el oficio que ejerció a lo largo de la mayor parte de su vida.

Sus padres: José María y Gloria habían establecido el domicilio familiar, tras su enlace matrimonial, en Las Cuatro Esquinas, junto al bar del Moreno, y allí nacieron sus tres hijos: Julián, Antoñito y Jesús, que fue el menor de ellos. Sus estudios primarios estuvieron bajo la tutela del maestro D. Ezequiel Moreno, en la Escuela Graduada de Niños La Santa Cruz, incorporándose, al mundo del trabajo a los catorce años, como mancebo en la farmacia de D. Dionisio López Sánchez-Cortés, que abría sus puertas a la C. Mayor, donde luego y durante muchos años, se ubicó la Peña Taurina antes de su nueva y actual ubicación en la C. del pintor Rafael Tejeo y bajos del antiguo Casino local.

Desde muy joven sintió inclinación por el ejercicio de la Medicina, por lo que su trabajo se convirtió en afición y hasta en pasión, aprendiendo enseguida a poner inyecciones sin intuir siquiera que ese sería su principal medio de vida en el futuro. Cumplió el servicio militar en un regimiento de infantería de San Sebastián y de nuevo incorporado a la vida civil reingresó en la farmacia y se casó con su novia de toda la vida Antonia Sandoval Asturiano (Antonia la Cañeta).

Al ser su mujer hija única y vecina de la C. Larga como él, establecieron el domicilio familiar en la casa de los suegros, donde nacieron sus tres hijos: Gloria, Antoñita y José María. Aconsejado por D. Dionisio, hizo el bachiller ya mayor y, estando su mujer embarazada de Gloria, marchó a Cádiz, donde se graduó como practicante (hoy diríamos ATS) y donde conoció y se inició la larga amistad que siempre mantuvo con el Dr. Manuel Bernal Algueró, quien en aquellos años estudiaba Medicina en la ciudad andaluza mencionada.

Concluida la carrera regresó a Caravaca y siguió en la farmacia, ya como titulado y por tanto con autorización legal para ejercer como practicante. Sus conocimientos farmacéuticos le propiciaron la confianza de las gentes, quienes acudían a él para comentarle los tratamientos médicos y las recetas redactadas por los facultativos, confiando en su consejo a la par que lo hacían con los profesionales de la Medicina.

Simultaneó el horario laboral en la farmacia con la atención domiciliaria, desplazándose por las calles de la ciudad primero en una bicicleta, después en una Mobilette, luego en una vespa y, finalmente en un Citroën dos caballos (la popular cabra o pava) que con el tiempo sustituyó por un Seat 600 granate, un Opel color verde y, finalmente un Seat 124 azul. Le tocó vivir la época de los comienzos de la penicilina (últimos años cuarenta y primeros cincuenta del pasado siglo), en que los tratamientos con este fármaco exigían inyecciones cada tres horas, lo que suponía una dedicación añadida a los tratamientos ordinarios.

Al abandonar la farmacia, siendo ya titular de la misma D. Joaquín López Battú, hijo del anterior propietario, abrió consulta privada en la C. Salón Supremo y obtuvo plaza en la Casa Municipal de Socorro, actividades que compatibilizaba con la atención clínica en el Sanatorio del Dr. Bernal (la Maternidad) del Camino del Huerto, e incluso en las urgencias del Hospital Comarcal.
Esta actividad continuada le llevó a jubilarse a los 75 años, con las respectivas pagas de la Seguridad Social, de autónomo y de funcionario municipal, que siempre comentó haberlas ganado a base de mucho esfuerzo y dedicación, en trabajo sin horario ni días festivos, siempre al servicio de la sociedad caravaqueña, al igual que sucedió a sus colegas de profesión Pedro Guerrero, Bernardo, Isidro Villalta, Gonzalo y Pedro Ruiz, contemporáneos en el oficio.

En 1965 adquirió, a Pedro Hervás, un bajo en la C. Mayor donde sus hijas abrieron la entonces denominada Perfumería Glory, que aún sigue abierta y regentada bajo otra denominación, por Antoñita, la menor de ellas, constituyendo el más antiguo comercio en aquella vía, antaño la más comercial de la ciudad.

Aunque el domicilio familiar se trasladó en 1973 a la Pl. del Arco, al edificio construido por José Marín Jiménez (según proyecto del arquitecto Luís Martínez-Carrasco Alegre) sobre el solar del antiguo palacio del Conde de Balazote, que luego fue sede de Falange Española, sindicatos y Bar Los Yemas, con cualquier excusa y siempre durante el período estival, la familia se trasladaba a la vieja residencia de la C. Larga, donde las puertas siempre estaban abiertas a los vecinos del barrio, y a cuyo amparo se reunía cada noche una amplia y amena tertulia, como otras tantas tenían lugar en calles y plazas urbanas hasta que la TV y el ruido callejero obligara a la reclusión de los vecinos en sus casas bajo el ventilador o el aparato de aire acondicionado. A aquella tertulia nocturna estival acudían, entre otros: Santillana, Ángel Medina, las de Pozo, Josefa la Pelos, Carmen la Nicolasa, Juana y la familia de Andrés Olmedo.
Aficionado empedernido al festejo caballista, fue miembro fundador de la peña Pura Sangre, de la que fue el nº 12 de sus socios, exponiéndose en su casa de la C. Larga, durante varios años, los atalajes del Caballo, en vísperas de cada dos de mayo.
Aficionado, también al fútbol, fue socio del Caravaca C.F. y forofo del Atlético de Bilbao, formando parte de una generación de aficionados en Caravaca que, por encima de otros, apoyaba casi unánimemente al equipo vasco.

Jesús gustaba de la tertulia callejera habitual en la C. Mayor, en la que se integraban quienes regentaban o trabajaban en el comercio de una parte de la misma entre las calles de El Pilar y Canalica: Pedro Montoya, los Firlaque, Casimiro Domaica, Antonio Supremo, los de la banca de D. Pedro Antonio Moreno, Gonzalo el Francés e Ignacio Velázquez, entre otros, quienes en sus ratos libres hacían por encontrarse a las puertas de sus respectivos negocios, para abordar temas locales de actualidad
Afectado de Alzeimer, soportó estoicamente la muerte de su mujer en 2003, siendo atendido en adelante por sus leales cuidadoras Narci y Mari, siempre bajo la vigilancia de sus hijas; falleciendo, con 86 años, el 20 de noviembre de 2007, con la ilusión cumplida de ver a su hijo ejercer la Medicina, actividad en la que él no pudo integrarse como facultativo.

Jesús, el Practicante, fue uno de esos iconos locales de difícil repetición a lo largo de una generación a quien, entre otros muchos, la historia reciente sitúa en el virtual cuadro de honor de quienes construyeron, con grandes sacrificios, la Caravaca actual.