JOSÉ ANTONIO MELGARES/CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA

Siendo la de escardador una profesión bíblica, a la que aluden los evangelios refiriéndose a quien separa y aparta lo bueno de lo malo en el campo, para que no se confunda, podemos afirmar que en la actualidad o ha desaparecido entre las actividades agrícolas, o se encuentra en vías de desaparición.

JOSÉ ANTONIO MELGARES/CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA

Siendo la de escardador una profesión bíblica, a la que aluden los evangelios refiriéndose a quien separa y aparta lo bueno de lo malo en el campo, para que no se confunda, podemos afirmar que en la actualidad o ha desaparecido entre las actividades agrícolas, o se encuentra en vías de desaparición.

Uno de los últimos escardadores fue Jesús López Fernández, hijo de “El Ninos” de Moratalla, quien vino al mundo en 1930 en esta localidad, quedando huérfano de madre muy pronto por lo que, a los 9 años fue acogido por su tía Carmen en Cañada de la Cruz, donde aprendió las primeras letras con el maestro local D. Rafael, en compañía de otros rapaces de su edad como Reyes y Juanillo, la Josefica y la Visitica, con quienes hacían “comedias” para ayudar a la economía de los maestros, a quienes los niños llevaban leña para calentarse en invierno.

Jesús simultaneaba el aprendizaje en la escuela con el oficio de “escardador” que le enseño su tío Juan “Chapetas”, en cuya cuadrilla trabajó hasta hacerse con cuadrilla propia tiempo después, en la que se incluyeron Juan Miguel Ortiz, Luís Picón, su cuñado Juan y Jesús Sánchez Ortiz. La cuadrilla ganaba siete duros diarios de jornal, trabajando de sol a sol salvo los días en que llovía en que ni trabajaban ni cobraban.

Hizo el servicio militar en Artillería de Costa, en Palma de Mallorca, donde fue cartero y encargado del suministro de pan, que adquiría en la capital.

Hábil en el ejercicio de cualquier actividad, presume de haberse ido a la “mili” con 17 pesetas y haber regresado de ella con 30 duros y regalos para toda la familia.

Incorporado de nuevo a la vida laboral, permaneció un tiempo trabajando como albañil en Barcelona y en Blanes (Gerona), de donde regresó con 9.000 pts. que le permitieron iniciar nueva vida en Caravaca, tras contraer matrimonio con Purificación Sánchez Ortiz.

Fijaron el domicilio familiar en la C. “Iglesias”, donde compró casa en 11. 000 pts. que tiempo después vendió en 17.500 para comprar otra en la C. “Martín Muñoz”. En el primer domicilio nació su hijo José María, llegando al mundo los otros dos (Antonio y Paco) en el segundo.

Alternaba su profesión de escardador en invierno, con la de encargado de la fábrica de conservas de los Tudela (en la carretera de Murcia), puesto al que llegó tras haber sido proveedor de mesa durante algún tiempo, y por el que recibía una remuneración de 12.000 pts. mensuales.

Su buena fama como trabajador le permitió pasar al mismo puesto laboral en la cooperativa de frutas “El Salvador” mediados los años sesenta, siendo fichado por Javier Abarca, quien le ofreció un pequeño incremento en el sueldo respecto al ofrecido por los Tudelas ((Mariano, Domingo y Emilio).

En la Cooperativa (de efímera vida), ubicada en el Camino de la Estación, recuerda como jefes al exalcalde Manuel Hervás Martínez (que era el director general), al abogado Luís Jiménez Jaén, al maestro Aquilino Hernández Herrera (de Mula), al gerente Eladio Sala López y al jefe de almacén Juan Pérez. Tanto en la fábrica como en la cooperativa se trabajaba en función de la cantidad de fruta que entraba. La mayoría de los trabajadores eran mujeres (cuyo número nunca sobrepasó, en uno y otro caso, las 150), siendo los hombre menos en cantidad y en oficios más cualificados. Entre ellos Pedrín (de Cehegín), que conducía el camión, Manuel Martínez Raigal (que era pintor y faenaba en las cámaras). Diego García Blaya (mecánico) y Enrique “el Perellón”, encargado de alimentar la caldera.

El jornal en una y otra empresa era similar: un duro por hora trabajada a las mujeres y entre 7 y 8 pts. a los hombres en los años 80 del pasado siglo.

Como recordarán los mayores, la cooperativa se fue pronto al traste, víctima de la mala gestión, por lo que Jesús volvió con los Tudelas, adquiriendo casa en el barrio de S. Pablo en 42.000 duros, de la que poco después se desprendió en 1.325.000 pts.

En la fábrica de los Tudelas el jefe era Mariano. Domingo se encargaba de la mecánica y la cocina, mientras que Emilio se dedicaba a la calle, adquiriendo cargamentos de melocotones en Lérida sobre todo. De la contabilidad de la empresa se encargaba Carlos Llamazares Romera. Se pagaba mediante el sistema de “cartones” que los obreros entregaban a la entrada y recogían a la salida, anotándose en ellos las horas trabajadas. Se cobraba generalmente cada 15 días y se hacía en metálico según lo anotado en cada cartón. El horario de trabajo dependía de la cantidad de fruta que llegaba, comenzando los turnos a las 7, las 8 o las 9 de la mañana. Generalmente no se aseguraba a los obreros por lo que, cuando llegaban las inspecciones de Trabajo se producían las desbandadas de personal, que se escondía en los servicios o se alejaba de la fábrica por puertas de servicio, hasta nueva orden.

Entre las funciones propias del empleo de Jesús figuraba cuidar de que las mujeres hablaran lo menos posible entre ellas, ya que a lo largo de la conversación se producían discusiones que ralentizaban el trabajo.

A pesar de las horas de trabajo que sacaba al día, aún tuvo tiempo Jesús para formar parte de una cuadrilla de ánimas en Cañada de la Cruz y, años después en Caravaca. Tocaba la guitarra en ella, y también el pandero y los platillos (crótalos). Formó parte también de la peña miguera “el Celemín”, con la que ganó un segundo premio en una de las primeras ediciones del certamen que en su día inventó Rafael Pí Belda. En aquella peña se integraban Diego García Blaya y otros compañeros de la Cooperativa.

Por Jesús sabemos que, contemporáneas de la Cooperativa y los Tudelas, otras fábricas de conservas en Caravaca fueron las de los Pozo, los Robles, Los Marines y “El Bonico”, agrupadas todas en el entorno geográfico de la antigua estación de RENFE, salvo la que abría sus puertas en la carretera de Moratalla.

Con 86años, Jesús “el escardaor”, conserva en muy buenas condiciones su estado físico y mental. En la decoración de su casa (en la Huerta de Murcia), figuran objetos relacionados con su profesión y, también con su devoción, pues no falta la guitarra, los “platillos” y hasta la “rasera” que obtuvo con su peña un 30 de abril de año que no recuerda. Sigue elaborando alfajor por Navidad y un “licor café” que ayuda a combatir cada año, los rigores del invierno.