José Antonio Melgares GuerreroCronista Oficial de Caravaca y de la Vera Cruz.

Una actividad entre lo artesano y lo industrial, muy caravaqueña a lo largo de gran parte del pasado S. XX, ha sido la fabricación de baúles, en la que Higinio Carrascal fue el maestro indiscutible y su taller en La Puentecilla la escuela donde aprendieron sus discípulos, uno de los cuales: Jesús Aniceto López Martínez, conocido popular y cariñosamente como Jesús, el de los baúles, prosiguió la actividad dejándola en manos de sus hijos.

En el taller del Paseo de La estación

En el taller del Paseo de La estación

Por su triple nombre de pila nadie lo conocería ni antes ni ahora. Sin embargo, durante generaciones todos le hemos conocido por su oficio, primero como empleado de Higinio, y luego en solitario o con la ayuda de sus hijos.

Jesús nació en Moratalla, en enero de 1920, en el seno de la familia formada por Jesús López García y Dolores Martínez Sánchez quienes, procedentes de Las Cañadas, establecieron su domicilio en dicha localidad donde también vinieron al mundo otros tres hijos: Pedro Antonio, Olaya y José.

Con sólo once años marchó con sus padres a Francia, estableciéndose en una localidad cercana a Narbona en un tiempo en que las autoridades galas no veían con buenos ojos la emigración española por lo que, a los pocos meses, encaminaron sus pasos a Barcelona donde tampoco permanecieron mucho tiempo, regresando a Moratalla y estableciéndose definitivamente en Caravaca en 1932, primero en casa de unos parientes en la C. Larga y finalmente en la C. del Teatro en casa alquilada al médico D. Alfonso Caparrós.

En 1937 fue llamado a filas, haciendo la Guerra primero en Arganda del Rey y luego en Tarancón, donde hubo de luchar en primera fila viendo matar y morir a su alrededor. Al concluir la Guerra fue hecho prisionero en Aranjuez, donde coincidió con Amancio (sastre caravaqueño), y un hijo de Coscorrones, con quienes sufrió privación de libertad allí y en Toledo, donde los tres fueron liberados al comprobar su inocencia en delitos de sangre. Como todos los que hicieron la Guerra en la denominada zona roja  tuvo que repetir el servicio militar, siendo destinado para ello a Marruecos.

Ya en Caravaca, con los papeles bajo el brazo, ayudó a su padre en el cuidado de un discreto rebaño de cabras que, en paseo matinal callejero proporcionaba leche a domicilio, y ayudó a hacer enclavaos a Ginés el Alpargatero, por veinte céntimos diarios, entrando a trabajar en la fábrica de baúles de Higinio Carrascal gracias a su amigo Pepe el Monjero.

En 1952 contrajo matrimonio con Rosa Rodríguez Sánchez. La ceremonia se celebró en El Salvador y fue oficiada por el sacerdote D. Santiago Ramón Sánchez García, estableciendo el domicilio en el nº 18 de la ya mencionada C. del Teatro, donde sus padres regentaban entonces una posada y un lavadero público. Allí nacieron sus dos hijos: Jesús y Alonso.

En la fábrica de Higinio Carrascal se inició en la cadena de producción junto a Miguel Villena, de quien aprendió a vestir o forrar baúles, siendo compañeros suyos José Santillana Mata, José Robles el Monjero y Miguel Pijete, entre los 19 obreros que allí trabajaban. Como el sueldo era escaso, compatibilizaba el trabajo, de manera eventual, haciendo cajas en la fábrica del turrón de mi tío Julián Guerrero, primero en la C. Mayrena y luego en la gran Vía, teniendo aún tiempo libre para ensayar y formar parte de la Banda Municipal de Música que dirigía el maestro Jesús Fernández, en la que llegó a tocar el bombardino y, posteriormente la caja.

Componente del grupo festero de LA BANDERA DE CARAVACA. 1967

Componente del grupo festero de LA BANDERA DE CARAVACA. 1967

Pasado el tiempo, y en sociedad con José Moreno Martos y Antonio Álvarez el Campusino, se estableció en El Porche durante sólo unos meses pues la sociedad se deshizo, estableciéndose Moreno Martos en el Camino de Mayrena y marchando el Campusino a Benidorm.

Jesús trasladó entonces el taller al n.16 de la C. del Teatro, en local alquilado al practicante D. Alfonso Sánchez Carrasco en 30 pts. mensuales, donde apenas se trabajaba con máquinaria, adquiriendo primero una cepilladora y luego una sierra eléctrica de cinta, que facilitó mucho el trabajo. Los primeros baúles los vendió al mueblista José Nevado Arcas, quien simpre absorbió lo más importante de su producción, trabajando también a particulares del pueblo y del campo por encargo, y no sólo en la fabricación de baúles sino haciendo mobiliario industrial como mostradores y estanterías.

Al quedar pequeño el espacio para trabajar, en la C. del Teatro adquirió, en 60.00 pts, un local en el Paseo de la Estación, que había sido garaje y estaba cerrado mucho tiempo, al maestro albañil Antonio Rabadán. Allí construyó el domicilio familiar donde aún reside, y allí se jubiló en 1983 quedando el taller en manos de sus hijos hasta la fecha, muy transformado pues la producción actual ha derivado a lo artesanal, la estuchería  y la juguetería.

La producción baulera de Jesús, como de los demás del ramo, fue primero destinada a la demanda local y regional, siendo el baúl el heredero de las antiguas arcas y cofresdestinados guardar el ajuar doméstico que las mujeres iban fabricándose paulatinamente desde la niñez. Raro era el domicilio donde no había un baúl, forrado interiormente de papel, con bandeja supletoria y exterior decorado con chapa brillante de diferentes colores. Los fabricantes cuya producción se destinaba a la exportación, lo hicieron hacia el sur de Francia y norte de África, siendo un mueble muy demandado y durante mucho tiempo, por los países árabes.

Jesús utilizó siempre la RENFE para llevar su producción fuera de Caravaca. Luego lo hizo utilizando los servicios de Transportes Navarro, utilizando en la actualidad para ello furgón propio.

Aunque dedicado siempre a la actividad laboral, con ligeras incursiones en la música, también tuvo una fugaz incursión en el mundo de la Fiesta cuando El Igor fundó el grupo de la Bandera de Caravacaen el seno del Bando Cristiano con amigos y empleados suyos, en 1967. Sólo entonces se permitió a sí mismo una distracción en su trabajo al que dedicó, junto a la familia, todas sus energías.