Ya en la calle el nº 1032

Jesús Caparrós y su banda ganan el concurso de jazz de Castellón

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ANTONIO F. JIMÉNEZ
El jazz nunca muere. El próximo julio se cumplirán cuatro años de aquel titular que se publicó en la contraportada de este mismo semanario. De cuando en cuando, Jesús Caparrós (Bullas, 1992), que estaba incluido en aquella crónica musical de un servidor primerizo, me recuerda que le hizo gracia aquel título. Cómo no iba a hacerle. Me lo regaló él: «La gente escucha jazz y piensa en algo que pertenece al pasado, pero el jazz nunca muere». Aún no había compuesto en San Sebastián Low Frequency Oscillation, que casi tres años después ha sido galardonada con el premio nacional a la mejor composición en el VI concurso de jazz de Castellón, con una dotación de 300 euros.

ANTONIO F. JIMÉNEZ
El jazz nunca muere. El próximo julio se cumplirán cuatro años de aquel titular que se publicó en la contraportada de este mismo semanario. De cuando en cuando, Jesús Caparrós (Bullas, 1992), que estaba incluido en aquella crónica musical de un servidor primerizo, me recuerda que le hizo gracia aquel título. Cómo no iba a hacerle. Me lo regaló él: «La gente escucha jazz y piensa en algo que pertenece al pasado, pero el jazz nunca muere». Aún no había compuesto en San Sebastián Low Frequency Oscillation, que casi tres años después ha sido galardonada con el premio nacional a la mejor composición en el VI concurso de jazz de Castellón, con una dotación de 300 euros.
«Más que el dinero me ilusiona que ese jurado nos haya valorado. Lo vi muy serio cuando tocábamos con ‘Garob’ y nos quedamos algo desilusionados, pero nos hemos llevado una grandísima sorpresa». Me lo ha dicho por teléfono, con una oscilación de baja frecuencia porque está adentrándose en autobús a un pueblo remoto del País Vasco. Habla Caparrós en plural porque la banda de jazz fusión, ‘Garob’, a la que pertenece nuestro querido paisano del Noroeste, ha ganado también el concurso de Jazz de Castellón 2015 dotado con 1.000 euros, un concierto nacional y la grabación de un disco. Tocaron los días 11 y 12 en el Casino Antiguo de Castellón y el jurado los eligió a ellos (Daniel Juárez, Álvaro de Valle, Erik Niemietz, Aarón Castrillo y Jesús Caparrós) de entre las demás bandas que participaron.
Los que les echaron el ojo y les han dado el premio son Ramón Pardo, director pedagógico del Espacio de Jazz de la UJI y del Departamento de Jazz del Conservatorio Superior de Música de Valencia; el saxofonista Perico Sambeat, uno de los más prestigiosos en su campo; José Miguel López, periodista y director del programa «Discópolis» de Radio 3 desde 1987; y representantes de los patrocinadores del certamen, que organiza el Aula de Música del Servicio de Actividades Socioculturales de la Universitat Jaume I de Castelló con el patrocinio del Aula Dávalos Fletcher de la Cultura, NeoDuction, Clemente Pianos y el Ayuntamiento de Castelló de la Plana.

No es love, sino low
En los periódicos levantinos se han confundido al escribir la primera palabra del tema de Caparrós y han puesto Love en vez de Low. A mí también me pasó. Cuando fui a verle al Norte, poco después de que compusiera Low Frequency Oscillation, unos meses después de aquella crónica de «el jazz nunca muere», yo creé por primera vez en mi vida un álbum de fotos en facebook y lo llamé Donostia. Ahí subí su retrato en el que el joven bajista, entonces de veinte años, asoma los ojos por el filo de los pentagramas de su tema que le cubre la cara, y me confundí y también puse Love en vez de Low en el pie de foto.«Era una señal», comenta risueño.
En esa red social el joven bajista ha escrito unas sentidas frases de las que voy a hacer uso aquí para que también permanezcan por siempre en letra impresa: «Fue el primer tema que creé en mi vida que realmente me gustaba y lo compuse sin pensar en lo estrictamente musical». Su profesor de composición de entonces en el Conservatorio de Música de San Sebastián Musikene ―donde también nació ‘Garob Band’ en 2013―, Miguel Blanco, les aleccionó sobre la importancia de crear música propia donde poder reflejar los sentimientos más recónditos, los gustos más particulares, las más notables y necesarias influencias. Ya lo intuía el propio Caparrós aquella noche de hace unos años: «El jazz nunca muere, es un diálogo constante, un descubrirte a ti y a tu instrumento». Así que después de oírlas palabras de su maestro, el bullense se decidiría a componer algo que le gustaría escuchar en ese momento, «algo medio Pop-Rock con armonía de jazz y una melodía muy simple con efecto casi coral. Nunca encontré el momento para tocarlo con un grupo hasta que cuajó el proyecto de Garob; así que me alegra decir que me ayudaron a dejar muestra de algo muy personal y sincero».

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