Pedro Antonio Hurtado García

La estructura jerarquizada de numerosas empresas lleva, a veces, a unas confusiones de difícil solución, especialmente en la mentalidad de ciertos cuadros de mando, que, normalmente, suelen ser los intermedios, muy dados a manifestarse implacables con el débil y “benevolentes” con el de superior rango.

Sin embargo, el respeto, concepto tantas veces malinterpretado, es algo que se gana cada día con la forma de actuar, de entender, de dirigirse a los demás con educación y otros valores que no hace falta relacionar. Y son, precisamente, las personas que así lo conciben y practican, quienes, luego, llegada una etapa de jubilación, desvinculación o cambio de vida, continuarán manteniendo el miramiento general, la consideración y hasta la admiración colectiva por su forma de ser, actuar y respetar a los demás.

Por otro lado, algunos integrantes de esos cuadros intermedios, se empeñan en ignorar que las etapas acaban, que la jerarquía deja de existir de forma natural y que, a partir del cambio o nueva etapa de vida, por extinción del contrato laboral, la única y mejor relación existente es la de la amistad, el respeto y el entendimiento, simple y llanamente, como meros compañeros que han sido durante años y sin atender a jerarquía alguna.

Pero se aferran a lo que fueron y ya no son, se resisten a tratar a los demás como tales compañeros, dirigiéndose a ellos con insolente imperativo, animados en convertir en eterna la antigua situación jerárquica.

Lo único que consiguen es complicarse la vida y otorgar al extinguido “débil” la inmejorable oportunidad de tenerles que recordar que las etapas pasan, expiran y desaparecen, “invitándoles” a un merecido y justo trato de igual a igual. Buenos días.