GLORIA LÓPEZ

Ahora que se ha estrenado la película Suite Francesa, basada en un libro de Irène Némirovsky, es necesario recordar a esta escritora y la historia de este libro, que sobrevivió a los nazis, a los años, a la melancolía de unas hijas y al paso de tiempo hasta que vio la luz cuando todo el dolor dejó paso al perdón de una vida deshecha por las miserias de otros.
Irene nació en Kiev, en 1903, hija de uno de los banqueros más ricos de Rusia, Léon Némirovsky y algo parecido a una madre que se llamaba Faïga, pero se hacía llamar Fanny,
Su infancia es una sucesión de internados y nurses mientras la madre viajaba por Europa intentado que no la pillase la vejez y el padre hacía negocios y recorría los casinos de media Europa.
La Revolución soviética de 1917 pilló a los Némirovsky en su residencia de San Petersburgo, donde estuvieron escondidos un año, que Irene dedicó a leer a Oscar Wilde, Huysmans, Maupassant y el pensamiento de Platón. No se le habían acabado los filósofos a la joven cuando la Revolución decidió que Léon Némirovsky tenía que morir. Y así, huyendo de la muerte como antes lo hacía de la vejez y del aburrimiento, la familia emprendió el camino de Francia.
Durante todo este tiempo, Irene no deja de escribir, sobre su familia, sobre los judíos, sobre todo lo que les ha tocado vivir y sobre lo que está viviendo. En París se dedica a ser tan solo una joven judía rica, vive bien y asiste a fiestas. En una de ellas en 1926, conoce a Michel Epstein y no tardan mucho en casarse.
Entre 1929 y el estallido de la II Guerra Mundial Irène publicará nueve novelas, hasta que el 3 de octubre de 1940, el Gobierno fantoche del mariscal Pétain dicta un primer «estatuto del judío» que deja a Michel Epstein sin trabajo y a Irène sin poder publicar. Sería el primer paso de un largo camino hacia la muerte. El segundo lo dan en 1940 cuando huyen a un pequeño pueblo francés junto a sus hijas Denise y Elisabeth. Hasta el 13 de julio de 1942, que vienen a buscarla, Irène se había dedicado a esconderse y escribir. Para entonces había acabado Suite françesa y esbozado los dos volúmenes más. Pero es detenida e internada en un campo de concentración francés, el último paso sería en Auschwitz. Tenía 39 años.
Su marido intenta rescatarla, pero también para él el final del camino está cerca. En octubre, lo detienen a él, que muere en Auschwitz el 6 de noviembre de 1942, tres meses después que Irene.
Las pequeñas quedan solas, pero no tardan en ser buscadas y siempre preparadas para la huido, llevan consigo los últimos manuscritos de los libros de su madre. Son perseguidas, escondidas y por fin cruzan la frontera hasta Niza, donde recuerdan que su madre les hablaba de una abuela. Cuando llaman a la puerta de la gran mansión, la vieja Fanny, que moriría sola años más tarde, les hace llegar con un sirviente el consejo que «puesto que vuestros padres han muerto, debéis vivir en un orfanato».
Y eso es lo que hacen. Dan tumbos entre orfanatos, casas de acogida las dos hermanas y la maleta, hasta que rehacen sus vidas entre las cenizas de la madre quemada en Auschwitz. No sería hasta 1993 que una de las hijas, decidió abrir la maleta y organizar los últimos escritos de la madre, ese recuerdo constante de sus vidas.
De ahí salió Suite Francesa. Denise Epstein recuerda que «al principio no pude leer el manuscrito. El dolor y la cólera me lo impedían. Luego, cuando lo leí, no comprendí enseguida que se trataba de una novela. Las anotaciones eran terribles.» Para Denise, el éxito del libro es «una victoria sobre el pasado, el abandono y el nazismo».