PEDRO ANTONIO MUÑOZ PÉREZ

Uno de los abuelos de mi abuela materna, que vivió allá por mediados del siglo XIX, se llamaba Diego Sánchez PUJOL y habitaba en el Campo de Béjar, en la vecina sierra de Moratalla. No era, evidentemente, un emigrante catalán sino un más que probable descendiente de los descendientes de los repobladores catalanoaragoneses que se instalaron por estas tierras allá por los siglos XIV-XV, cuando se hubo asegurado su reconquista. De ellos nos quedan vestigios como la tan ponderada costumbre de aporrear los tambores en Semana Santa, que compartimos con las lejanas tierras de Calanda o reliquias léxicas como las que contiene la frase que oí tantas veces en la boca de mis ancestros: “Ha cambiado el oraje: esta mañana hay una boria que no se ve la casa de enfrente”. Oraje viene del catalán oratge (tiempo atmosférico) y boria del catalán boira (niebla). Pero también se llevaban o echaban cosas “a la buchaca” (al bolsillo, del catalán butxaca) y se salaban perniles, a los que yo identifiqué con el nombre convencional de jamones pasada mi adolescencia. Ah, y por supuesto que en los embutidos de la matanza nunca faltó la butifarra, que no crean los que degustan calçots amb botifarrada que son los únicos que la saborean.

Todos esos catalanismos (y otros que perviven en la toponimia y en los apellidos) no son más que ejemplos de un mestizaje cultural producto del devenir histórico compartido que ahora se cuestiona por una pandilla (aunque sean dos millones) de fanáticos indocumentados que comparten el dislate de que su ascendencia étnica y cultural está “amenazada” por las “fuerzas opresoras de ocupación del Estado español”. ¿Y qué pasó entonces cuando las tropas de Jaime I ocuparon buena parte de Murcia? Pues eso, que ahora vas a Yecla y hay muchos que se apellidan Palao (de Palau), Andreo (de Andreu), Puche (de Puig), Brotóns, etc. Y aquí por Barranda y Benablón aún queda algún Berbell y Artell (con una sola ele en su caso). Ojo con estos, que no se hagan muy de notar que pueden pagar el pato, también hay “españolistas” sueltos.

El primer “gobernador” de estas tierras de Caravaca fue un tal Berenguer de Entenza, noble de origen aragonés (o sea, catalán también) y quizá de ahí proceda la costumbre de acabar los diminutivos en –ico, como lo hacen los baturros allá en las riberas del Ebro. Si en Murcia no se habla el catalán, o alguno de sus derivados como el valenciano o el mallorquín, es porque hubo un acuerdo entre Fernando III el Santo y Jaime I el Conquistador para casar a sus respectivos hijos (Alfonso y Violante), dejando a Castilla el control de las tierras murcianas, si bien Jaime II luego se enfrentó a su cuñado en una guerra que terminó por señalar (un tanto artificialmente) los límites actuales entre Murcia y la Comunidad Valenciana.

Así que, atendiendo a esos antecedentes históricos, estas tierras fueron las “invadidas” y ellos (los catalanoaragoneses) fueron entonces los “invasores”, de cuya participación en el proceso de reconquista, por cierto, obtuvieron sustanciosos beneficios en los donadíos que se hicieron cuando se repartieron las fértiles tierras de la huerta y alrededores.

Los catalanes, como los vascos, los navarros, los castellanos e incluso algún que otro portugués, fueron los artífices de la creación de esto que hoy llamamos España. En su gestación de siglos ha habido momentos de todo tipo, pero nadie puede negar su contribución al parto. Es posible que no nos guste mucho como ha quedado, pero los padres sabemos que los hijos no salen nunca como habíamos planeado, incluso nos peleamos CON ellos y POR ellos, pero eso forma parte del proceso formativo.

En el cerebro de un nacionalista-independentista todo esto se confunde, se entremezcla, se pervierte y, finalmente, se niega. Pongamos que un señor que vive en la profunda Gerona y que se apellida “Romeu i Coll”, entiende que su sangre procede de una ascendencia inmaculada y pura que nunca ha salido de las hermosas y feraces tierras catalanas, criando sanos vástagos, catalanes por supuesto, que se han apareado con hembras de igual pureza genética, dando lugar a una raza sin par de personas laboriosas, inteligentes y buenas, que son las que deberían desplazar a los mil-leches que han perturbado la paz primigenia de semejante paraíso. Según el nacionalismo cualquier elemento extraño a esa Arcadia es un invasor, un componente de desestabilización que ha de ser identificado, vigilado, instigado y, si puede ser, eliminado o expulsado de ese cuerpo común que denominan “poble catalá” al que se pertenece por razón de…

Y aquí es donde yo ya me pierdo y me entra el tembleque y la sudadera. Todos habíamos creído que “Ocho apellidos vascos” y su secuela en clave catalana eran la prueba de que habíamos exorcizado estos fantasmas, pero nos hemos despertado de un sueño amable para darnos cuenta de que vivimos en plena pesadilla.

De nuevo nos miramos como si fuéramos distintos. Otra vez buscamos en los apellidos la diferencia en vez de la continuidad y el mestizaje de los que necesariamente somos “hijos”. Al igual que yo digo a mis alumnos: que alguien levante la mano si tiene la seguridad de no tener ningún antepasado musulmán… o catalán, ahora que estamos en esta tesitura.

Por mi parte, asumo, como no puede ser de otra manera, toda mi carga genética y, con ella, lo que la Historia ha hecho de la tierra donde, azarosamente, he nacido. Que nadie me busque para reivindicar diferencias ni tampoco identidades. Es demasiado estéril y peligroso hacerlo cuando está en juego la convivencia. Me temo, sin embargo, que la mecha se ha encendido y el polvorín espera el estallido. Alguna vez he dicho que, en estos casos, la razón había que oponerla a las emociones, pero ahora matizo: o se busca una razón emocional o se plantea una emoción razonable. De lo contrario vamos hacia el abismo.

P.S. Os recomiendo la lectura, por ejemplo, de “Raíces catalano-aragonesas en Yecla”, que lo podéis encontrar en HYPERLINK «http://museoarqueologicodeyecla.org/wp-content/uploads/2016/05/Raices-catalano-aragonesas-en-Yecla-I_-Historia-y-apellidos.pdf» http://museoarqueologicodeyecla.org/wp-content/uploads/2016/05/Raices-catalano-aragonesas-en-Yecla-I_-Historia-y-apellidos.pdf