Pedro Antonio Hurtado García

Las etapas de confinamiento nos llevan a evitar contagios a toda costa, lógicamente. La televisión, ahora, debería ser más amena, ágil, cercana y proponerse, más que nunca, informar, formar y entretener. Resulta penoso ver unos informativos con sus protagonistas presumiendo, constantemente, sobre su creciente audiencia y otros favorables efectos, lo que resulta más barato creérselo que ir a comprobarlo. Pero, con lo que se ofrece, es difícil entenderlo.

Llevamos un tiempo, demasiado prolongado, con informativos, de unos minutos concretos de duración, dedicando un excesivo espacio a la pandemia. La pasada semana fue el asalto al Capitolio estadounidense el que dio contenidos para tres largos días. Y, durante el último fin de semana, el protagonista ha sido el temporal y la llegada de la dichosa “Filomena”.

Es cierto que son noticias de alcance y mucha altura, pero no puede el mundo periodístico dejar de ocuparse y preocuparse de otros temas, porque hay gente que lo está pasando muy mal por la quietud e impedimentos a los que nos obliga la propia pandemia, amén de otros muchos temas que se encuentran totalmente ignorados.

Parece como si el periodismo, no en general, pero sí excesivamente el televisivo, viera un filón en noticias de semejante calado, olvidándose de las tareas de investigación o de contemplar impactos informativos adicionales, acomodándose a lo mucho que generan las citadas situaciones.

Existen otros asuntos que impiden olvidarse de la calidad y variedad informativa, máxime cuando, de esas importantes noticias permanentes, se entresacan verdaderas nimiedades, cuyo tiempo de tratamiento, reiterado y machacón, debería dedicarse a esos temas que ocupan y preocupan a mucha gente y que, con esa forma de actuar, quedan totalmente impunes y hasta “tapados”. Buenos días.