Francisco Marín Editor de El Noroeste

Después de 842 periódicos editados desde la fundación de El Noroeste en 1997, la pasada semana, y por primera vez, no pudimos acudir a la cita con nuestros lectores debido a las circunstancias excepcionales vividas desde el 21 de marzo tras la declaración del estado de Alarma a causa de la epidemia de coronavirus que está afectando a España y al mundo en las últimas semanas.

Lo hacemos temporalmente con este nuevo formato en el ánimo de mantener con vida nuestra vocación de servicio público de información, dada la imposibilidad de hacerlo en nuestro soporte tradicional de papel y entregarlo semanalmente en mano por nuestros compañeros del departamento de distribución.

Es éste un número especialmente triste, doblemente triste. Por un lado por la dramática situación sanitaria por la que estamos atravesando, las durísimas consecuencias en coste de vidas humanas y de sufrimiento y dolor. También queremos tener un emocionado recuerdo a nuestro colaborador y amigo Francisco Fernández, recientemente fallecido, quien ha dado calidad y lustre a este periódico con sus colaboraciones y aportaciones. Gracias Paco por tanto como nos has entregado de ti.

Quienes hacemos este periódico hemos vivido con especial ansiedad nuestra ausencia la pasada semana. Nuestro afán no es sólo el de informar y divulgar, también queremos acompañaros y entretener. Y los tiempos que estamos viviendo están siendo tan especiales y complejos que, aunque sobrados de información, quizás andemos faltos de consuelo y de comprensión de lo que está ocurriendo. Creíamos vivir en un mundo dominado por la ciencia y la economía, donde el progreso de la humanidad había convertido nuestra existencia en experiencias virtuales para la comunicación, el ocio, el conocimiento, las relaciones sociales y, en ocasiones, también la salud física. Con el mundo de lo virtual se nos había olvidado que teníamos cuerpo.

Hacemos comparaciones con epidemias letales de principios del Siglo XX o aún incluso de la Edad Media, cuando ni la escasa ciencia ni los recursos que proporcionaba la injusta riqueza bastaron para mitigar los desastres. Vemos ahora con incredulidad cómo una sociedad avanzada, culta, satisfecha de sus avances e incluso insolente con la naturaleza, se enfrenta impotente a un enemigo invisible y poderoso. Sólo la ciencia y el conocimiento, junto a los avances que han permitido la generación de infraestructuras y medios capaces de acercar a los pueblos y mitigar los daños, nos separan, como individuos, de aquellas sociedades con las que ahora nos comparamos.

Nos enfrentamos estos días pues a un reto desconocido, grave y, que sin duda, modificará algunos de los comportamientos de nuestra sociedad en el futuro. Desde la modestia de lo que este medio de comunicación representa, pero también con el orgullo de dirigirnos a los habitantes de los municipios del Noroeste y Río Mula, queremos, en primer lugar mostrar el agradecimiento a todos los profesionales que están haciendo posible que, en circunstancias excepcionales como estas, sigan funcionando los servicios básicos, la sanidad, el abastecimiento de bienes y servicios de primera necesidad, los servicios de limpieza y también la red de auxilio a quienes más lo necesitan. Que mantengamos viva en definitiva la red básica de seguridad sobre la que vivimos.

Son momentos para la colaboración y la prudencia. La colaboración entre las administraciones, responsables de gestionar el bien colectivo y también entre los ciudadanos, responsables de respetar las reglas con rigor y ejemplo. La información forma parte esencial de este entramado. La abundancia e incluso el exceso de la misma, la negligente forma de tratarla, la falta de respeto y de profesionalidad en asegurar la veracidad y preservar la privacidad y la irrefrenable tendencia de muchos a adquirir un protagonismo que ni la cualificación ni la ética en los comportamientos les otorga, son los condimentos que menos se necesitan en estos momentos. Vaya por delante nuestro compromiso de respeto y afán de colaboración leal.