Nuria Faus

Sexóloga, Asesora de Salud Sexual y Ocio Adulto

Hablar de infidelidad siempre es un tema de debate. Están los que piensan que es genético, otros por carencias afectivas o sexuales, por cuestiones de aprendizaje, de personalidad e incluso de género. Nadie está totalmente en lo cierto, ser infiel es una decisión personal, y por tanto los factores que llevan a una persona a ser infiel son muy variados.

Desde el punto de vista natural, en el mundo animal existen especies que si son monógamas por naturaleza y se aparean con la misma hembra desde que se encuentran y pasan el resto de sus días juntos. Este fenómeno en el ser humano no es natural. Provenimos de una especie que no es monógama. La monogamia ha sido creada por el propio ser humano por otros factores que nada tienen que ver con la especie. Las diferentes culturas, religiones e incluso estamentos políticos han decidido que el ser humano lo sea. Os preguntaréis, ¿para qué? Para producir un orden social que facilite su control.

Por supuesto, el ser humano ha superado con creces las leyes de la supervivencia. Hemos creado unas relaciones sexuales que no solo sirve para procrear, sino que nos sirve para algo mucho más valioso a nivel personal, para adquirir placer. Es por esto que el razonamiento de que el ser humano es infiel por naturaleza no tiene mucho peso, puesto que no es lo mismo infidelidad que poligamia. El ser humano es polígamo por naturaleza pero no por eso es infiel.

Muchas personas confunden estos dos términos muy fácilmente, esto es, tomar como modo de vida la monogamia o la poligamia es una decisión, la cual comparten los miembros que forman parte de ella. La infidelidad es más bien la disonancia de la monogamia, puesto que damos por hecho, cuando tenemos pareja, que tenemos que respetar esa exclusividad hacia ella. La infidelidad es el incumplimiento de un pacto no hablado que se traduce en sentimientos de traición y desconfianza.

Se han realizado numerosos estudios respecto a las razones que llevan a una persona a cometer una infidelidad y, aunque se han conseguido recopilar muchos razonamientos, ninguno ellos es exclusivo.

Cometer una infidelidad lleva consigo una serie de factores personales y circunstanciales que es prácticamente imposible generalizar. En cuanto al género, siempre se ha creído que es el hombre el que es más infiel que la mujer. Esta afirmación está pasada de moda, puesto que hasta hace cuarenta años la mujer estaba relegada a un segundo plano en cuanto al sexo, y si había mujeres infieles no podemos saberlo porque ya se cuidarían mucho de serlo o de ser descubiertas, ya que si el placer de la mujer estaba mal visto, mucho menos con varias parejas sexuales a la vez.

Lo que sí podemos afirmar es que, en cuestión de infidelidades, las mujeres somos más funcionales en estos terrenos y tenemos muy claro que finalidad cumplen los amantes.

Ser infiel es una elección, que en ocasiones tomamos a la ligera, “sin pensar”, lo que solemos llamar un “desliz”. En otras ocasiones ocurre de manera sistemática y calculada con un solo amante o con varios. En cualquier caso la infidelidad, es como la mentira, si no se descubre no tiene por qué tener consecuencias negativas, pero al igual que las mentiras una infidelidad suele tener las patas muy cortas.

Mi consejo es que, antes de cometer una infidelidad se reflexione sobre las razones que te llevan a hacerlo, teniendo en cuenta que, dicho acto, producirá a corto plazo un deterioro personal y en la relación que, en la mayoría de ocasiones, es irreparable.

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