PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Con el inicio del mes de Julio, arranca, un año más, el “Festival de Jazz de San Javier” que ya llega a la decimonovena edición con una programación de lujo. Puede parecer pretencioso, pero es una realidad que el buen nivel de este certamen se supera a sí mismo cada año.

PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Con el inicio del mes de Julio, arranca, un año más, el “Festival de Jazz de San Javier” que ya llega a la decimonovena edición con una programación de lujo. Puede parecer pretencioso, pero es una realidad que el buen nivel de este certamen se supera a sí mismo cada año.
Como protocolo inicial, lógico para el saludo, la bienvenida y el agradecimiento al público por su asistencia, el director de la muestra, Alberto Nieto, reveló la variedad de estilos musicales que van a formar parte de un programa ambicioso, elaborado con gusto y apto para los amantes de los diferentes estilos musicales en sus diversas variantes, pero amparados, siempre, en esa fuente de raíces del jazz en la que beben todos los grandes artistas invitados. Y para presentar al primero de ellos, señaló Nieto, son varios los años que, desde su responsabilidad, llevaba tratando de conseguir la presencia del artista que, en esta edición, alzó el telón de este acontecimiento jazzístico que no dejó indiferente a nadie
Lars Danielsson New Quintet
Genial compositor, incuestionable contrabajista y magnífico chelista sueco, Lars Danielsson está considerado como uno de los músicos más míticos y poderosos del jazz escandinavo. Sus líneas marcadamente líricas, siempre bien combinadas con otras derivaciones musicales, han generado la admiración de los aficionados al jazz del mundo entero. Se ha codeado en escenarios con los grandes jazzmen como, por ejemplo, Jack DeJohnette, Charles Lloyd, Randy y Michael Brecker, Terri Lyne Carrington y otros muchos. Presentó su último disco titulado “Liberetto 2” y, además de ofrecernos una velada magnífica y rica en matices del género, estuvo acompañado por otro puntal del jazz escandinavo, el magnífico Magnus Öström, en la batería; Sebastian Studnitzky, a la trompeta, arrancando ese sonido instalado en la siempre agradable “trompeta lejana”; el extraordinario guitarrista inglés John Parricelli y Grégory Privat a las teclas de un piano manejado con fina destreza. Desgranaron un jazz duro, de exquisita belleza, plagado de maravillosas baladas y totalmente apto para paladares exquisitos.
Ken Hensley & Our Propaganda
Totalmente contrapuesta fue la segunda actuación. Ken Hensley, alma máter de una de las bandas más importantes del rock duro: “Uriah Heep”, fundada en 1969 y considerada como uno de los grupos de mayor grado de popularidad en la primera parte de los años ‘70. Es Hensley, además, todo un icono de la música británica de los brillantes y creativos años citados del pasado siglo. Compositor y maestro del órgano Hammond B3 y no menos excelente en las guitarras acústicas, compuso auténticas bellezas y líricas canciones, no exentas de fuerza, que volvieron a resonar en el “Parque Almansa” de San Javier, además de otros relevantes temas de su carrera en solitario, disfrutando de “Rainbow demon”, “Wizard” o “Lady in black”. Con su setentera melena, se hizo acompañar por Charlie Denton, en la batería; Joe Newman, al bajo eléctrico; Jack Denton (cantante) y Harvey Groom (guitarra y cantante).
La segunda velada contó con dos intervinientes que siguieron elevando el listón de la calidad, el buen gusto, el interés y el placer de escuchar música en un festival del calado del que goza el de la localidad marmenorense. Y comenzó la noche con un “pastel” que “se comía” por los oídos y embriagaba los sentidos plenamente.
Kirk Lightsey & Antonio Serrano
Era un auténtico estreno mundial presentar este nuevo proyecto que había elegido San Javier para su inicio, tal como anunció en su intervención Alberto Nieto. Nunca habíamos visto disfrutar tanto a un pianista con sus mágicos logros y combinaciones musicales, máxime cuando se trata de un hombre que en Febrero próximo se convertirá en octogenario, pero al que, indudablemente, le gusta lo que hace y… ¡¡¡de qué manera!!!. Su edad quedó reflejada en su indumentaria con camisa provista de anchas mangas hasta los codos, holgados pantalones de talle antiguo y zapatos sin usar calcetines. Este músico, nacido en Detroit-Michigan, goza de extraordinaria riqueza de sonidos y se halla sobrado de talla artística, como demostró con su intacta y fortalecida memoria, dirigiendo al grupo al mismo tiempo, además de haber trabajado con los más grandes del mundo en su género. Se incorpora pronto la armónica portada por Antonio Serrano que, dicho sea de paso, ¡¡¡menudo pedazo de músico!!!. Dejó boquiabiertos a los espectadores con el impecable dominio de su diminuto instrumento que sonaba a gloria divina y al que hacía “hablar”, realmente. Cuando el piano suena cadencioso, la armónica melódica, la batería marca el ritmo y el contrabajo se hace imprescindible, consiguen ese momento en el que cerramos los ojos, escuchamos, paladeamos y disfrutamos la música en su más clara esencia. Una auténtica maravilla y un deleite del jazz más puro y sentido. Llegando al final de su actuación, el pianista “desestuchó” su flauta travesera y “habló” con la armónica de Serrano para llevarnos al verdadero éxtasis colectivo. La pareja estuvo acompañada por Ignasi González, en el contrabajo y Jo Krause, en la batería. Todos sensacionales. Fue, sin duda alguna, un “tres en uno”, es decir “aperitivo, comida y postre” en un mismo “plato”.
Nik West
Aparece Alberto Nieto en el escenario y anuncia lo que quería evitar, pero la artista había perdido el avión y estaban todo el día gestionando su desplazamiento desde Barcelona. Aclaró que ya habían salido del hotel, muy cerquita de allí, y que en unos minutos estaría con nosotros, que no había más alternativa que esperar un poquito o suspender el concierto, a lo que el público respondía con un aplauso de paciente y complacida espera, una espera que no fue excesivamente amplia y se compensó con el duelo de guitarras que protagonizaron, como saludo de comienzo, los fenomenales Ariel Bellvalaire y Hubie Wang, quienes también apoyaban los coros de Nichelle Koto, verdadera corista. En los teclados estaba Chris Turner y en la batería RJ Norwood Jr. Curiosamente, todos ellos con gafas oscuras, salvo los dos guitarristas mencionados al principio de esta relación de músicos. Y llegó Nik West, manejando su bajo como una auténtica estrella y cantando con propiedad, potente garganta y dominio de las notas como excelente compositora que también es. El instrumento que le ha otorgado fama lo ha potenciado al lado de artistas como Prince, Marcus Miller, Jon Mayer y músicos de ese nivel, porque sabe hacer protagonista indiscutible a la guitarra de las cuatro cuerdas con una inusitada maestría. Gran contorsionista que, con su esqueleto, dibuja complejas posiciones corporales nada sencillas de mantener. Le cede el bajo a su diminuta y genial guitarrista, Ariel Bellvalaire, que lo defiende con verdadera sensibilidad y haciendo honores a “la jefa” que interpreta una balada melodiosa, pero de notas potentes y secos golpes de percusión de una batería perfectamente ejecutada, a lo que se suma un teclado que va llevando la melodía “in crescendo”. Estábamos ante jóvenes pero muy experimentados músicos. Y una versión de “Proud Mary” nos recordaba los mejores tiempos de “Ike & Tina Turner”, verdaderamente magistral, con limpieza de coros, magnífica instrumentación y excelentes arreglos, dividida en una primera parte más baladista y un remate brutalmente rockero. Ciertamente… ¡¡¡espectacular!!!. Un concierto electrizante con gran exhibicionismo de ese bajo que tanta y bien merecida popularidad le ha regalado a Nik West. Presenta a los músicos y prepara la despedida de una velada singular, cautivadora y muy potente. Buenos días.