CONCEPCIÓN MARTÍNEZ ROBLES

Fisioterapeuta
CDIAT AVANZA – Asociación APCOM

Caminar, colorear, vestirse, alimentarse… son actividades que pueden parecernos sencillas. La mayoría de personas pueden realizarlo con facilidad y lo han aprendido de forma más o menos rápida durante los primeros años de la infancia. Sin embargo, cualquiera de estas tareas puede ser muy dificultosa de aprender y desempeñar para algunos niños en el caso de que existan alteraciones en el control postural y el equilibrio.


Y es que la realización de actividades motrices funcionales requiere de patrones motores selectivos y complejos, así como de coordinación muscular. Estos a su vez dependen de: un sistema nervioso cerebral que funcione de forma adecuada, la presentación de los patrones motores básicos que se adquieren durante los primeros años de vida y también de reacciones y respuestas reflejas que nos facilitan un control postural.
Realmente el desarrollo motor es algo mucho más complejo, además también influyen la motivación, la percepción, las propias propiedades físicas… Sin embargo, aquí exponemos una aproximación mucho más simplificada para tratar de entender la importancia de este control postural en la realización de movimientos funcionales.
Por tanto, la movilidad voluntaria está relacionada con diferentes mecanismos posturales, en el sentido de que se procura mantener una posición estable, para que las extremidades puedan moverse con mayor precisión. La función de los brazos y manos, por ejemplo, requieren fijación postural y contrapeso del tronco, así como de de los hombros para la coordinación de los movimientos adecuados para llevar a cabo una tarea precisa con las manos.

Algunos de los mecanismos de control postural son:

– Reacciones de equilibrio: Son movimientos compensatorios automáticos que hacen posible la adaptación postural y el mantenimiento del control de la postura. Controlan el centro de gravedad en una posición óptima para mantener el control de la postura. Tratan de evitar las caídas o tratan de minimizar las lesiones que pudieran producirse durante la misma.

– Transferencias de peso: Son ajustes del tronco y otras partes del cuerpo que permiten que el peso se traslade de un punto del cuerpo a otro, manteniendo el equilibrio y permitiendo que un individuo pueda realizar una tarea. Ej. Cuando caminamos transferimos parte de la carga del peso corporal cada vez que cambiamos el pie de apoyo.

– Reacciones de enderezamiento: Son reacciones automáticas que permiten que la persona adopte posición erguida normal y mantenga el equilibrio al cambiar de posición. Actúan por ejemplo mientras nos ponemos de pie.
– Fijación postural: Se encarga junto con las reacciones de enderezamiento de estabilizar el cuerpo, mientras que una parte del mismo se está moviendo o realizando una acción.
Cuando estos mecanismos están alterados por causa neurológica o por otras causas, como algunas afectaciones musculares, se ve dificultada la realización de actividades motrices funcionales.

Esto ocurre, por ejemplo, en el caso de la parálisis cerebral infantil.
La PCI incluye un grupo de trastornos del movimiento, postura y o función motora debido a una lesión o anomalía neurológica a nivel cerebral.
Un niño con PCI tiene un daño neurológico que generalmente presenta como resultado patrones anormales de coordinación de postura y movimiento. El grado de afectación puede ser mayor o menor en función del tipo, tamaño y localización de la lesión producida a nivel cerebral, de forma que podemos encontrarnos desde niños gravemente afectados a nivel motor, cuya variedad de movimiento espontáneo es mínimo y dificultoso, hasta niños con una movilidad voluntaria bastante amplia, aunque también sea dificultosa, a medida que se requiere una mayor precisión. Sin embargo, incluso en estos casos en que la movilidad voluntaria es bastante buena, generalmente sigue existiendo dificultad para cambiar de postura y para realizar tareas más finas o tareas propias de la vida diaria como alimentarse, vestirse, escribir…
¿Por qué sucede esto?
No es debido solamente a la dificultad para realizar de forma correcta las contracciones musculares precisas para realizar la acción en sí. Como estamos explicando este tipo de acciones se ven dificultadas por la alteración de las respuestas descritas anteriormente y que son las que preparan el cuerpo para poder ejecutar esas tareas más concretas.
Pongamos unos ejemplos:
Para caminar no solo hay que ser capaz de realizar movimientos de flexión y extensión de las piernas, o de tener la fuerza para mantener el peso sobre las mismas, además se necesitan correctas reacciones de equilibrio que permitan mantenerse de pie sin caer, realizar transferencias de peso de una pierna a otra para ir liberando de apoyo un pie y permitir que avance mientras se mantiene de forma erguida con una correcta fijación postural que permita que una pierna se mueva de forma eficaz sin perder la posición.
Para alimentarse llevando un tenedor a la boca es necesario tener la precisión muscular suficiente para sujetar el tenedor y realizar los movimientos necesarios para llevarlo a la boca. Pero para conseguir eso también es necesario realizar un correcto equilibrio, enderezamiento y fijación postural que permita un correcto control de tronco y cabeza junto con una correcta estabilización a nivel de hombros que permita liberar el brazo con el que cogeremos el tenedor y mantener la postura erguida mientras lo llevamos a la boca sin perder el equilibrio ni desestabilizarnos.
Por tanto, en el caso de los niños con PCI, con frecuencia vemos gran dificultad para conseguir precisamente ese control postural y equilibrio necesarios para realizar tareas más finas. Tienen que tratar de mantener una postura estable a la vez que realizar una tarea de coordinación y precisión como llevar el tenedor a la boca. Y realizar estas dos tareas a la vez es realmente difícil y cansado.
¿Y cómo podemos ayudar?
El tratamiento de fisioterapia ayuda puesto que se dirige a la mejorar en la realización de las diferentes destrezas motrices y también a mejorar diferentes aspectos de control postural. Asimismo se observa mejora en estas destrezas cuando se proporciona “ayuda externa” para facilitar el control postural como puede ser, en el caso anterior de la alimentación, la adaptación de asiento, lo que facilita el control de tronco de forma que se pueda destinar más energía a la acción en sí y se necesite menos en el control de postura, o la utilización de material adaptado como puede ser una mesa con superficie antideslizante o un tenedor que facilite su prensión, de forma que pueda centrarse la mayor atención posible a la acción de llevar el alimento a la boca, cueste menos esfuerzo y pueda prestarse más atención al control postural y a la tarea en sí aumentando con todo esto la probabilidad de éxito.