Francisco Fernández García/Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz
La dificultad para controlar de manera rápida y e 14 de septiembre de 1802 se bendijeron las aguas en el Templeteficaz la epidemia obedeció, según los facultativos, tanto a la penosa situación económica de gran parte de los afectados, como a su incultura, rechazándose remedios saludables y aceptándose, en cambio, otros que no traían ningún beneficio, sino todo lo contrario, y: “la permanencia de tanto numero de enfermos consiste enla resistencia y horror que tienen a tomar el especifico dela Quina vnos, otros por el entretenimiento a vsar de remedios empiricos, siendo el mayor numero de ellos irracionales; tambien por por no ser dicho especifico dela Quina enel dia de buena calidad, y por que la que se halla de esta clase les cuesta a excesivo precio, y no tienen medios para comprarla”. Para justificar sus actuaciones, los médicos presentaron una relación del personal que había recibido tratamiento, alcanzándose solamente en la población la cifra de 794, a los que había que sumar “otros infinitos que salen al encuentro y bajan a mis casas, a que se les apliquen medicinas” y los de los distritos rurales; aclarando asimismo que a pesar de haber “vastantes pobres de solemnidad”, ninguno había fallecido por falta de alimentos o medicinas ya que “si huvieran advertido una total carencia de medios en alguno lo huvieran inclinado a que se trasladase ael Hospital de N. S. dela Concepción, establecido en esta villa para socorro de pobre enfermos”. No era de esta opinión D. Juan Marín, teniente de vicario, quien denunció en un memorial remitido al Ayuntamiento el escaso interés mostrado hacia los distritos rurales, sin asistencia médica ni boticaria, así como el mal servicio del hospital: “sabemos que el tal Hospital es de fundacion particular, con limitadas rentas, aplicadas a la curacion de determinadas enfermedades, que en lo ordinario, no sufragan, que actualmente no pasando sus camas de quince, yacen algunos enfermos en el suelo, y que los mas de los que logran ser admitidos se retiran antes de convalecer, eligiendo por menor incombeniente morirse en las calles, u otros sitios, que sufrir el mal tratamiento e intolerable fetor del Hospital”.
Persuadidos por el clamor popular, que demandaba la realización de la rogativa a la Vera Cruz, el 3 de septiembre la municipalidad decidió su ejecución incluyendo asimismo, dada la gravedad de la situación, una serie de disposiciones extraordinarias, entre las que figuraban la visita a las casas de los enfermos para que pudiesen adorar la sagrada reliquia y la celebración de la ceremonia de la bendición de las aguas en el Templete, en la misma manera en que se efectúa el 3 de mayo: “se vage la reliquia dela Santisima Cruz en rogativa recorriendo el pueblo con ella, bendiciendo las aguas, como se practica el dia de su funcion y dandola a adorar a los enfermos para lo qual se señala el domingo doze del corriente mes y hora que sea mas proporcionada”. Al encontrarse el Vicario ausente de la villa, fue su teniente quién tras ser informado de la orden se opuso por considerar que la facultad de ordenar la celebración de rogativas era competencia suya y no del Ayuntamiento que, según su criterio, sólo podía proponer pero en ningún caso ordenar su realización. Sin embargo, unos días más tarde, el mismo teniente de vicario envió otro oficio aceptando la celebración siempre que se cumplieran sus condiciones, siendo una de ellas el posponerla hasta el día 14 para hacerla coincidir con la festividad de la Exaltación de la Cruz.
El 8 de septiembre el teniente de vicario convocó a todos los eclesiásticos de la población a una reunión “con el fin de ynclinarlos a que cada qual contribuia según su voluntad para sostener los pobres enfermos necesitados”. Enterados los miembros del ayuntamiento de esta iniciativa, acordaron secundarla contribuyendo con la limosna “que les permitan sus respectibas facultades”, puesto que consideraban que “las limosnas que pidan por el pueblo seran cortas y no podran sufragar el intento”.  
Tras muchas negociaciones, finalmente en la sesión de 12 de septiembre el Alcalde Mayor informó al Ayuntamiento del acuerdo alcanzado con el teniente de vicario para poder celebrar la rogativa, bendición de las aguas y adoración de la reliquia por los enfermos, habiéndose señalado definitivamente los días 13 y 14 para su realización, con la consideración de que se prorrogaría mientras no se visitasen todas las casas de los enfermos: “se vage esta tarde dela Capilla alta del Conjuratorio a su Real Yglesia y que en el dia de mañana se principie a la funcion a las siete de ella, que se continue en su tarde dandola a adorar a los enfermos, que el baño se execute el dia de la exaltacion siguiente y en su tarde se restituia a su Real Templo con la circunstancia de que si no si concluiese la visita de enfermos se ha de vajar desde el enel subzesivo hasta recorrer toda la Poblazion: pero atendiendo sus merzedes a que para el Capellan interino Don Antonio Severo Fernandez de Alarcon es de mucho trabajo la Festividad, si por si solo ha de salir dela Carrera para dar a dorar la Santisima Reliquia a tanto numero de enfermos como hay enel Pueblo, ademas deque lo ha insinuado asi, Acordaron: elegir y nombrar, como nombran por esta vez para que le aiuden en la Funcion a los Presbiteros Don Juan Garcia del Amor y don Francisco Xavier Garcia”. En esta ocasión los turnos de vela de los regidores se hicieron por antigüedad ya que era imprevisible el número de horas que la Vera Cruz estaría en la Parroquial, sorteándose solamente la asignación de las varas del palio. Los gastos ocasionados por la celebración quedaban a cargo de los devotos, acordándose que en el caso de que no “alcanzen las limosnas que se recojan, se sacara lo que falte dela fabrica del santuario”. Para dar mayor realce a la función se pregonó públicamente un Bando “para que todos los vecinos animados de su verdadera devoción iluminen sus respectivas casas”.
La rogativa se llevó a cabo con gran solemnidad, no reseñándose incidente alguno, participando en ella, además de la Stma. y Vera Cruz, todas las comunidades religiosas y la imagen de la Virgen de Nª. Sª. de la Encarnación, depositada desde hacía 2 años en la iglesia del convento de religiosas carmelitas, tiempo en el que se restauró la imagen. Cumplida esta, llegaron nuevas informaciones sobre el constante traslado de los fallecidos en el campo a la villa, debido a que los eclesiásticos hicieron caso omiso del mandato municipal y no señalaron terreno alguno para los cementerios rurales, viéndose obligada “asi la Justicia como el Ayuntamiento en la necesidad del disimulo” para no dejar insepultos los cadáveres. El aviso de la inminente conclusión del nuevo cementerio se recibió con alivio, creyendo con ello la resolución del problema a “menos que el Campo santo del Hospital pudiera llenarse”.
El 25 de septiembre se recibió una carta del Sumiller de Corps del Rey, informando de la donación a través de la Botica Real de 25 libras de quina para el socorro de enfermos pobres “cinco en polbo para que mas prontamente puedan usarse y las veinte restantes en rama”, ordenándose al apoderado en la capital su inmediata recogida y envío a Caravaca. La quina llegó a nuestra ciudad el 21 de octubre, dándose seguidamente las disposiciones oportunas para su reparto “con la brevedad que requiere el caso”. En noviembre llegó el anuncio de la tan ansiada ayuda económica requerida al rey a través del Consejo Real, consistiendo en 7.000 reales de vellón “si continuase en ese pueblo y en sus doce Diputaciones o Cortijadas dicha epidemia de tercianas”, aunque dado el carácter reintegrable de los mismos solicitaron la concesión de la corta de 60 pinos y su venta fuera del término para hacer frente a los gastos.
En noviembre la epidemia remitió bastante, informándolo así los médicos el día 11, aunque sugerían el mantenimiento de ciertas precauciones debido a la todavía importante cantidad de afectados: “pues aunque por haver llovido bastante se ha disipado la putrefacción de la Atmosfera, contribuie mucho para las recaidas la Humedad de aquellos sitios, que aumenta la debilidad de las fibras, las relaja mas, y mas, produciendo infiltraciones, edemas, e Hidropesías delas que muere la mayor parte de los labradores, y Habitantes de este Campo”.
A mediados de noviembre, el 18, se reunió la junta para el socorro de enfermos pobres, procediendo a realizar un recuento de los mismos, resultando la cantidad de 454 en la población y 202 en las diputaciones rurales, quedando sin contabilizar Singla, Caneja, Navares La Almudena y La Encarnación. Por su parte, el 20 de ese mismo mes, los médicos informaron a la Junta de Provincial de Sanidad que el número de enfermos era de 404 en la villa y 831 en el campo. Poco a poco los afectados fueron sanando, no quedando al finalizar el año secuela alguna de la epidemia, cuya mortandad fue muy elevada, aunque resulta imposible cuantificar al no conservarse en el Archivo Parroquial el correspondiente Libro de defunciones.