PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Molina de Segura representaba la autenticidad de un municipio pequeñito, como todos los de la Vega Media. Su desarrollo industrial, amparado en la esencia conservera, propició sectores productivos en torno a esa actividad: golosinas, cartonajes, transportes, metalgráficas, metalúrgicas, plásticos y una interminable colección de fábricas, hoy distribuídas en una decena de polígonos industriales.

Generó miles de puestos de trabajo, atrajo familias completas de la Puebla de Don Fadrique (Granada), Noroeste murciano, municipios de Albacete y un sinfín de personas procedentes de la región, provincias periféricas y otros puntos de España. Se convirtió, así, en ciudad de más 73.000 habitantes, cuarto municipio, en densidad demográfica, de la Región de Murcia, tras la capital del Segura, Cartagena y Lorca.

Referente cultural que ofrece un ciclo de “Escritores en su tinta” con prestigiosos participantes; exposiciones, conferencias, conciertos clásicos de la mano de la activa “Asociación Promúsica”, abanderada por Pilar Valero Abril y su hermano, Pedro, dos pianistas de lujo. Fiestas con actuaciones gratuítas en la ajardinada Plaza de España, brindadas por atractivos artistas. También otras, en recintos cerrados, con precios moderados; festivales: “B-Side”, en su 15ª edición; “Folclore”, alcanzando la 37ª, así como el medio siglo del “Festival de Teatro”.

Se perdieron procesiones. Al final del siglo pasado, un grupo próximo a la iglesia, capitaneado por Antonio Ruiz Serrano, removió cielo y tierra para recuperar distinguidos desfiles pasionales. Acaban de fundar kábilas de moros y cristianos. No pasarán muchos años para codearse con el entorno más representativo. Y queda mucho por contar, pero no disponemos de más espacio. En honor a la Virgen de la Consolación, Molina está en fiestas y, ciertamente, desde hace muchos años, viaja en un tren imparable. Buenos días.