PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

La industria discográfica especula y hasta “sangra” a los usuarios, consumidores y coleccionistas. Los dirigentes del sector han llevado a la quiebra sus propios negocios, en base al viejo y sabio refrán que reza aquello de “la avaricia, rompe el saco”. Subsisten las potentes y grandes multinacionales, valiéndose de la diversificación, nuevos formatos, atractivos estuches, lanzamientos aderezados con un DVD, libreto u otro complemento. Todo, menos reducir el precio que, en definitiva, es de lo que se trata, pero habrían permanecido con ventas millonarias de manera más copiosa, con mayor nivel de consumidores identificados y sin “espantar” a la clientela, como han conseguido.

Ritchie Family

De la gloria al fracaso.-El fortalecimiento de la piratería y el abandono de la adquisición de discos se han convertido en el detonante del descalabro, una situación que ha apeado a las débiles discográficas y perjudicado a artistas, aficionados, seguidores, fans y, en definitiva, todo ese sector que fue rico y glorioso y que, hoy por hoy, está instalado en el fracaso. Recordemos las enormes estanterías y amplios espacios que destinaban las grandes superficies comerciales para la venta de los soportes sonoros. Actualmente, utilizan un rinconcito de sus instalaciones o, incluso, abandonaron la comercialización discográfica en favor de quienes venden a través de la “red de redes”, sin soportar costes de tiendas y valiéndose de su propia logística de envío. Los establecimientos de siempre, necesitan invitar a los artistas a sus campañas de promoción, firma de discos, miniconciertos de lanzamiento en sus propios centros, etc., etc.

Incontrolado abuso.-El “cadáver” lo han parido los propios dirigentes del sector, al no ponerse de acuerdo nunca, jamás, ni pretenderlo. Industriales, distribuidores y comerciantes, debieron intentar multiplicar las ventas mediante la moderación de precios, pero el afán de enriquecerse, atizando el “P.V.P.”, les obsesionó.

La piratería.-Determinados artistas, en España y en el mundo, vendían discos en cifras millonarias cada vez que lanzaban un nuevo “plástico”. Bastaba con llamarse Tom Jones, Raphael, “The Beatles”, “The Rolling Stones”, Julio Iglesias, Bruce Springsteen o Eric Clapton, por poner solamente unos poquitos ejemplos internacionales en los que incluímos, también, a “los nuestros”. Aquello se fue deteriorando continua e imparablemente a merced de la piratería informática, comportamiento que algunos nunca hemos compartido por solidaridad con los artistas, así como por la lógica y necesaria calidad de las grabaciones o el robustecimiento del mundo de la música, que tiene que nutrirse, como es lógico, del público, fortalecerse con la comercialización y promocionarse escalando peldaños en las listas de ventas, extremo menos abundante cada vez y con cifras muy distantes.

Márgenes brutales.-No cabe en cabeza humana colocar el precio de salida de los discos en 12, 15, 20 y hasta 30 €uros, con un valor medio de 18, cuando el soporte fonográfico, en formato “CD”, ya con su margen comercial incluído, ofrece un coste de céntimos. Si añadimos la imprenta, pensando en las grandes tiradas sobre las que tratamos, no pasa de ser unos céntimos más. Y, si a la distribución y comercialización, siendo espléndidos, le añadimos 2, 3 ó 4 €uros adicionales, con notable generosidad, porque una cosa que vale céntimos no debe, ni puede, soportar márgenes tan brutales, un disco no debería llegar al mercado por más de 5 ó 6 €uros. Y… ¡¡¡ya está bien!!!.

Sin garantía.-¿Qué ocurriría, entonces?: las ventas se multiplicarían, la piratería se amortiguaría, hasta erradicarse, al observar el usuario que esas técnicas de usurpación de la propiedad intelectual, si quiere copiar un disco con su portada, su soporte y demás, le harían sufrir pequeños costes, añadidos a una inversión de tiempo y, al final y como más importante, dispondría de registros que, habitualmente, serían de inferior calidad, al proceder de fuentes desconocidas y nunca de plena garantía.

Moderación necesaria.-No hemos descubierto nada. Muchos años es público este sentimiento, pero nadie pone remedio con medidas drásticas, contundentes y equilibradoras del mercado. Quizás, porque nadie quiere ver, entender y asumir, comercialmente, que la peor venta es la que no se hace. Y que un margen comercial abusivo es bastante menos rentable, con ventas reducidas, que un margen moderado, con respuesta favorable de una clientela dispuesta a comprar con precios razonables, con el consiguiente menor beneficio, sí, pero superiores ventas y un claro fomento de la afición. Algunos artistas se han visto obligados a crear su propio y modesto estudio de grabación, ante el imparable afán lucrativo de las discográficas y su cadena de distribución y venta.

Lo indecoroso.-Las dos imágenes que ilustran nuestra crónica son el espejo de lo que decimos y el estigma del abuso. Una de esas empresas que vende a través del comercio electrónico, ofrece el disco de “The Ritchie Family”, “de segunda mano”, por 75 €uros. Nuevo, llega a costar 175,22 €uros. El de “The Shocking Blue”, un doble álbum (¡¡¡menos mal!!!), por 50,92. Inmoralidad en ambos casos. ¿Quedan poquitos en el mercado?. Lancen una nueva edición económica. Seguro que se vende, porque son dos discos “de colección”. Y lo decimos porque los conservamos desde su tiempo inicial, no existiendo razón para tal desmán. Aunque, por un respeto inmerecido, no mencionamos el sudamericano, caudaloso y hasta griego nombre de la empresa comercializadora, sí hemos “capturado” las pantallas “justificativas” como documento de veracidad. No vaya a ser que, luego, lo retiren de su “web”, como acostumbran ante las críticas, y aleguen falsedad. Buenos días.