PEPE ABELLÁN CARRASCO

Teniamos millones de razones para recorrer los pueblos y carreteras de la Región de Murcia llevando el grito de protesta, de inconformismo, de solidaridad, de persistencia y de fuerza: 6.202.700 personas sin trabajo, casi dos de cada 3 jóvenes en el paro (57,2%), 2 millones de hogares con todos sus miembros desempleados. Más de 400.000 desahucios desde que comenzó esta estafa a la que llaman crisis, otros tantos en proceso. Millones de personas que no van a poder tener una jubilación digna. Unos 2 millones de personas dependientes que se quedan prácticamente sin ayudas. Millones de pensionistas a los que se les recorta la pensión a través de repagos sanitarios y de servicios, subidas de impuestos, etc., pensiones que, en muchos casos, son las que dan de comer a hijos, hijas, nietos y nietas y que incluso pagan las hipotecas de éstos. Millones de jóvenes que no van a poder estudiar porque suben las tasas universitarias, crean leyes educativas para que sólo estudien los ricos, rebajan becas y recortan en recursos para la educación pública, la de todos y todas, en beneficio de la privada. Miles de educadores que se quedan sin trabajo. Millones de usuarios de la sanidad pública que tienen que esperar más tiempo para ser atendidos y cada vez con menos recursos. Recortes en pruebas de diagnóstico. Miles de ciudadanos y ciudadanas que no tienen servicio de urgencias. Miles de trabajadores sanitarios que se quedan en el paro. Millones de Pymes, autónomos y pequeños comerciantes que tienen que cerrar sus negocios porque sus clientes, los ciudadanos y ciudadanas, no tienen recursos económicos para comprarles, mientras los gobiernos les dan vía libre a las multinacionales. Millones de trabajadores que ven como cada día sus condiciones laborales son más precarias. Todos y todas tenemos razones. Y la paradoja: miles y miles de millones de dinero público para salvar bancos que están echando a la gente de sus casas, que están despidiendo a miles de trabajadores y trabajadoras mientras jubilan a sus directivos con pensiones e indemnizaciones millonarias. Miles y miles de millones para pagar aeropuertos sin aviones, autopistas sin coches, AVE sin pasajeros… y sobres repletos de billetes que van directos a sus cuentas en Suiza o a sus camellos. Ha sido la marcha de la dignidad del pueblo. Organizada desde abajo y de forma horizontal. Hemos caminado hombro con hombro personas desempleadas, familias desahuciadas o en proceso, pensionistas, jóvenes, trabajadores y trabajadoras con condiciones precarias, y también políticos como Cayo Lara o José Antonio Pujante. Porque no todos son iguales. Están los que se encierran en sus despachos y mansiones y legislan contra el pueblo, y los que marchan con el pueblo en la calle y lo defienden en las instituciones. Teníamos millones de razones para recorrer pueblos y carreteras, y lo hicimos. Desde Moratalla y Yecla hasta llegar a Murcia, y desde allí hasta Cartagena. Ni la lluvia ni el frío nos detuvo. No nos resignamos a dejar de comer para pagar la hipoteca (reforma del artículo 135 de la Constitución Española, perpetrado en un fin de semana de agosto por el PSOE de ZP y Rubalcaba y el PP de Rajoy), ni a no poder tener una jubilación digna, ni a tener una sanidad de beneficencia, ni a no poder formarnos, ni a tener condiciones laborales de hace dos siglos. Íbamos sembrando conciencia y pronto obtendremos la cosecha. Somos la mayoría y tenemos la fuerza, hemos demostrado que si nos unimos sí se puede, y ya estamos empezando a poder.