JOSÉ MARÍA EGEA SÁNCHEZ/Doctor en Agroecología

Génesis 1:28 “Y los bendijo Dios diciéndoles: Creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven por la tierra”…

Según la División de Población de las Naciones Unidas, la población urbana mundial pasó de 2.300 millones de personas en 1994 a 3.900 millones en 2014, y se prevé que ascienda a 6.300 millones para 2050. El aumento de la población en las ciudades ha ido en paralelo al incremento de la pobreza. Un tercio de la población urbana vive en las últimas décadas en asentamientos con un déficit de calidad sanitaria: Viviendas precarias, hacinamiento y falta de acceso a agua potable.

Huertos de Guerra (Dig for Victory): agricultura urbana al rescate

Huertos de Guerra (Dig for Victory): agricultura urbana al rescate

La construcción de grandes megalópolis, por otro lado, se ha producido a costa de fagocitar extensas superficies agrarias periurbanas, fértiles huertas, destinadas tradicionalmente a la producción agrícola para el abastecimiento de las ciudades.
El panorama previsto en las próximas décadas no es nada halagüeño. La FAO estima que, para alimentar al mundo en 2050, se requerirán un 70 % más de los alimentos que se producen en la actualidad. Y todo ello, en un escenario de cambio climático que afectará dramáticamente a las zonas más secas del planeta, como es la región mediterránea.
Una de las estrategias surgidas en el camino hacia a la sostenibilidad agroalimentaria de las ciudades es la Agricultura Urbana y Periurbana (en adelante AUP) entendida como la práctica agrícola y pecuaria que se desarrolla dentro y alrededor de la ciudad ya sea en espacios públicos o privados.
La AUP ha estado ligada, cuidada y potenciada siempre en escenarios sociales de conflictos bélicos, crisis económicas y situaciones de inestabilidad en general y sin embargo, ha sido una de las zonas más maltratadas en las épocas de bonanza a costa de la expansión del ladrillo y el cemento como se ha comentado anteriormente. Véase, nuestra querida huerta murciana.
El concepto de AUP está relacionado con el incremento de la población urbana que se produce tras la Revolución Industrial, en la segunda mitad del siglo XIX, y va ligado a crisis económicas y energéticas que obligan a recurrir a ella para asegurar el autoabastecimiento de las ciudades. La AUP, desde su origen, está relacionada con procesos de precariedad social e inseguridad alimentaria. Primero fueron los “huertos para pobres” desarrollados en las principales ciudades industriales en las últimas décadas del siglo XIX, cuya función era de subsistencia, higiene y control social. En países como Gran Bretaña, Alemania o Francia las autoridades locales y las grandes fábricas se vieron obligadas a ofrecer terrenos a los trabajadores para completar sus recursos y mejorar las condiciones de vida en los barrios obreros.
Más tarde, en la primera mitad del siglo XX, la AUP aparece ligada a la I y II guerra mundial, en este caso con una función de seguridad alimentaria ante la imposibilidad de un acceso fácil a los alimentos. También tenían una función patriótica, de apoyo a la economía de guerra y a los procesos de posguerra. En la I Guerra Mundial se comienzan a ensayar estas experiencias de agricultura urbana en los distintos países en conflicto, destacando por su innovación programas como los huertos escolares o las milicias de mujeres hortelanas conocidas como Women’s Land Army que, en Inglaterra, llevó a unas 20.000 mujeres (80.000 en la Segunda Guerra Mundial) a cultivar en huertos de guerra, que alcanzaron la cifra de 1.500.000 en 1918. En Estados Unidos se llegaron a contabilizar 3.500.000 de huertos en 1917. El fomento de estas iniciativas gubernamentales se realizó mediante programas y campañas como Dig for Victory (Cavar para la victoria) en Gran Bretaña o Victory Gardens (Jardines de la victoria) en Estados Unidos, con el fin de concienciar y educar a los ciudadanos en el cultivo de los huertos.
En los años 70 hay un nuevo repunte de la agricultura urbana, que tiene su origen en Estados Unidos, en un clima de crisis económica y de degradación y abandono de espacios residenciales en el centro de las ciudades.
Una de las iniciativas más emblemáticas y potentes de esta época fueron los huertos comunitarios (community gardens) surgidos en Nueva York, por la actividad de un movimiento de base popular conocido como Green Guerrilla. Sus primeras acciones fueron el “bombardeo” de solares abandonados, con bolas de arcilla y semillas para llamar la atención sobre estos espacios y embellecerlos. El siguiente paso fue ocupar los solares para cultivarlos. La iniciativa de los huertos comunitarios generó tal impacto que, en 1976, el Departamento de Agricultura de EEUU promovió los huertos urbanos a través del Urban Gardening Program, destinado a programas educativos y de extensión de los proyectos, así como a programas formativos para las personas implicadas en los huertos comunitarios. En 1980 había implicadas 200.000 personas, 65.000 de las cuales eran jóvenes. En 1982 se estimó la producción en unos 17 millones de dólares.
Hacia finales del siglo XX proliferan las iniciativas de agricultura urbana en los países en vías de desarrollo. Un caso significativo es el de Cuba que surge como una reacción del pueblo y su gobierno, ante el bloqueo internacional impuesto por EE UU en la última década del siglo XX. La puesta en marcha de un sólido sistema de AUP, basado en tecnologías sustentables y en la recuperación de variedades locales, proporciona alimentos a los hortelanos, a los colegios y comedores de los barrios y a la venta directa en mercadillos de administración estatal. Este programa, en el año 2000 había conseguido abastecer al 80% del país con producción local y orgánica, y había creado unos 100 mil puestos de trabajo, de ellos 20 mil en la Ciudad de La Habana.