GLORIA LÓPEZ

Dicen que la sangre hace parientes y el amor, familias. Eso es lo que desde el jueves pasado, que llegaron a España en un vuelo procedente de Ucrania, son Sergio, Mari Luz y el pequeño Sergio en su casa de Murcia. Una familia tan feliz como todas, tan diferente como cualquiera pero con una historia tan dura como pocas. 

Cuando al nacer la Higinia y Savador te pusieron Mari Luz no imaginaba que tu nombre sería solo el reflejo de lo que llegarías a ser en la vida.

Es verdad que tu corta historia ha sido oscura y que has visto el negro en el horizonte mucho antes de lo que te correspondía, pero más que nada has sido luz.

Desde pequeña, cuando siempre andabas detrás de tu hermano Salva por aquellos bancales de Singla y tirábamos piedras a los patios de los vecinos de los abuelos, ya eras luz. Nunca te quejaste durante tu enfermedad del pelo corto, quizá porque nuestras madres ya nos lo habían cortado tanto al estilo cazo que se nos pasó el trauma de un zapatillazo en aquellos veranos en Calabardina.

Hasta en esas fotos de playa que hace unos días me mandaba tu padre de hace 40 años, eras luz.

Después vino la oscuridad, pero también te empeñaste encontrar entre tanta sombra la esperanza que otros perdemos sin causa aparente ni motivo lo suficientemente fuerte. Entonces tenías el pelo tan corto como tu vida, tan fuerte como tu espíritu y tan enroscado como las dificultades a las que te sometías. Y allí, aunque fuese reflejada en una ventana de hospital, allí también fuiste luz.

Luego vino el amor, con el que la vida quiso compensarte lo difícil que te lo estaba poniendo. Sergio no sería un pago a tu dolor, sino una recompensa a tu alegría. 

Para él también fuiste luz. Y una luz tan fuerte que se puso a tu lado y en tu lugar sin importarle los claroscuros con los que la vida te había marcado.

Más tarde llegó la ilusión de ser padres, las mil batallas en oficinas, la decepción de no ser los elegidos, la inútil espera de una llamada que nunca llegaba. Once años en los que mientras crece vuestro amor mientras disminuyen las posibilidades de ser padres.

Y entonces la luz vino de Ucrania, solo había que ser valiente y seguirla. Seguir el camino que estabas tan segura que Dios os había marcado porque este era vuestro momento. Otros dos años en los que habéis sufrido tanto como rezado, pero en los que nunca os habéis rendido. Y sin lágrimas ya por derramar, habéis sido luz.

El faro que ilumina el camino a seguir por otros, cuando la vida te quita la posibilidad pero no la esperanza en que se pueden conseguir los sueños. Y la casualidad o el destino, vino a traeros vuestro anhelo al mundo un 8 de marzo, como homenaje no al vientre, sino al coraje que ese día te haría madre. Hasta en eso, habéis sido luz.

La vida os ganó una batalla cuando decidió no daros la oportunidad de tener hijos, pero no tuvo en cuenta que podíais ganar la guerra, porque no hay hijos biológicos o adoptivos, ni padres de sangre o de adopción. Ser padres nada tiene que ver con un hecho fisiológico, sino con la capacidad para amar y proteger a tus hijos.

No hay ley, pandemia ni frontera que pueda derribar aquello que se construye con amor. Como vuestra pequeña gran familia.

¿Cómo ha sido el regreso?

Difícil, como la situación. Hasta que no estábamos montados en el avión no sabíamos si íbamos a poder salir. Pero es que ya llevábamos mucho a nuestras espaldas y la situación se complicaba por momentos. Cuando Ucrania dispuso el vuelo para sacarnos de allí pensamos que era nuestra oportunidad, pero hasta última hora no tuvimos todos los papeles en regla.

¿Cómo fue la llegada a la vuestra casa después de tanto tiempo con el pequeño Sergio?

Emotiva. Tengo la suerte de tener los mejores amigos y las mejores vecinas Susana y M.José, que nos habían decorado la casa, nos habían preparado la cena en la terraza y teníamos todo el equipaje del pequeño colocado en su habitación. Todo desde lejos y sin parar de llorar.

¿Venís con todos los papeles del pequeño Sergio arreglados o aún os falta algún trámite?

No, el pequeño viene con el pasaporte ucraniano, lo que nos parece una incongruencia, porque es hijo de españoles, por lo tanto es español. Ahora nos queda que Sergio lo reconozca y luego que yo lo adopte, pero no es nada comparado con lo que ya llevamos de papeleos y trámites.

Vosotros pudisteis volver, pero aún quedan familias allí…

Si, algunas de las familias con las que estuvimos, que ya son parte de nuestra vida y a los que ya hemos invitado a las fiestas de mayo del año que viene, aún siguen allí esperando los papeles. Es algo que no entendemos, somos el único país en el que los pequeños no salen ya con el pasaporte hecho. Hemos coincidido con israelitas, turcos, alemanes, brasileños y todos salían ya con sus papeles arreglados.

¿Tantas familias había en Kiev?

Muchas, y con historias muy duras. Familias que como nosotros, tienen el sueño de ser padres y no han encontrado otra manera. Hay que pensar que este es el último recurso cuando todos los demás se te niegan y que no es tan malo como lo pintan.

¿Y el encuentro con los abuelos?

Pues debido a la situación aún no hemos podido ver a la mitad de la familia, pero estamos deseando de poder ir a Caravaca  y pasearme por sus calles con él.

Estamos deseando de enseñarle nuestro hijo a todo el mundo, porque si algo estamos agradecidos es el apoyo y la solidaridad de la gente de Caravaca. En todo momento nos han estado dando ánimos, llamando, escribiendo… y eso al final es lo que nos hace más felices, saber que la gente te quiere.

¿Habéis pensado ya en bautizarlo?

Por supuesto, en cuanto nos deje el virus este lo vamos a bautizar en los carmelitas de Caravaca y va a ser el Padre Pascual, al que tengo un gran aprecio.

Ucrania fue la última opción después de 11 años esperando una adopción en España… seguís con ese proceso?

Sí, seguimos, pero sobre todo para saber hasta dónde pueden llegar porque es una vergüenza lo mal que funciona el proceso de adopción. Pero ahora mismo lo que necesitamos es sentarnos y parar. Disfrutar de nuestra felicidad, de este momento, dar gracias a Dios y ya veremos que pasa. Si llega… ya se verá.