RAQUEL LÓPEZ ABELLÁN

Como cantaban “Kool & The Gang” en su archiconocido, pegadizo y bailable super hit: Hay que celebrar los buenos tiempos.

Debiera ser un imperativo cívico celebrar aquello meritorio o sencillamente feliz; y este semanario ha hecho de gala de comprender a la perfección esta idea.

Así, el pasado viernes 5 de octubre celebraba el acto de clausura de las actividades desarrolladas a lo largo de todo el año con motivo de sus veinte aniversarios, con la entrega de sus premios a distintas personalidades y asociaciones representativas de la cultura, la sociedad y la economía de las comarcas de el Noroeste y el Río Mula.

Pero todo lo que tiene un final, tuvo un principio, y El Noroeste no sólo demostró su poder de congregación en este acto de clausura, sino que el cariño, el respeto y la estima que los ciudadanos de estas comarcas procesan a este medio, ya se dejó sentir en el concierto de apertura de las celebraciones, que corrió a cargo de La Orquesta de Cámara del Noroeste.

Y aquí también me permito apreciar que este semanario ha hecho gala de escoger con dedicación y acierto los actos y actividades que han enmarcado este año conmemorativo.

El concierto de la Orquesta de Cámara del Noroeste se celebró el pasado siete de abril, en el Teatro Thuiller de Caravaca de la Cruz.

En un escenario histórico y acogedor sonó, con fuerza y garra, una orquesta joven que protagonizaba su debut y a la que se le escuchaban entre cuerdas y arcos, la ilusión, la motivación y la entrega.

Dirigida por Raúl Bartomeu Bonillo, director de la Escuela de Música y Conservatorio Leandro Martínez Romero de Caravaca de la Cruz, y compuesta por muchos de sus profesores, alumnos y exalumnos, la Orquesta de Cámara del Noroeste, que nace con vocación de ofrecer a nuestra comarca un signo identificativo de la cultura de su territorio, regaló un repertorio centrado en compositores americanos del Siglo XX.

Para comenzar, la orquesta arrancó el movimiento contento de todos los asistentes (siquiera de sus pies) con la Obertura Cubana (G. Gershwin, 1932), despertando al público a la realidad de un acto que no era otra cosa que una jovial celebración.

De la alegría, nos llevó a la tristeza con la obra Adiós Nonino, de Astor Piazzola, una pieza que éste compuso al bandoneón y que fue interpretada con magistral delicadeza por Francisco Javier Martínez Lucas, esta vez al saxofón.

Seguidamente nos rescataba de la pena para desgarrarnos un poquito por dentro con el conocido Tango de Roxanne de la banda sonora de Moulin Rouge, una genial fusión de la canción Roxanne, original de The Police y la obra Tanguera, de Mariano Mores, a lo cual le siguió la melancolía y la elegancia de Oblivión. Nuevamente Astor Piazzola, en los dedos afortunados de Francisco Javier Martínez Lucas, al saxofón.

Para cerrar su primera parte, la Orquesta de Cámara del Noroeste nos devolvió el brío en el cuerpo con otro tango de Piazzola. En esta ocasión el vigoroso, enérgico y atrevido Libertango.

En la segunda parte del concierto, los asistentes tuvimos el placer de escuchar la Serenata para cuerdas en mi menor de E. Elgar y el Concierto nº 1 para marimba y orquesta de cuerda, de Ney Rosauro; una pieza asombrosa, original y divertida que nos regaló en calidad de solista, con indudable talento, el joven calasparreño, Ángel Rodriguez García, cautivándonos a todos con su precisión a cuatro baquetas.

Tras un concierto que resultó a ratos divertido, a ratos despiadado y a ratos vigoroso, la Orquesta de Cámara del Noroeste sorprendía a su anfitrión, este semanario, con las Variaciones sobre el tema del popular Cumpleaños Feliz, de Peter Hedrich, que hicieron sonreír a todo el público y consiguieron colocar el acto en su punto de partida. A saber, la necesaria celebración de los buenos tiempos.

Feliz cumpleaños, amigos.