GLORIA LÓPEZ CORBALÁN
“Matar a un ruiseñor” no es solo esa película que nos ponen todas las navidades y que no nos cansamos de ver porque relata lo injusto que esHarper Lee y Truman Capote la vida y sus caminos. Es además un libro maravillo escrito por una mujer especial. No volvió a escribir después de aquel libro, pero le valió para ganar el Pulitzer en 1961 y perder a su amigo Truman Capote. 
Nelle Harper Lee nació el 28 de abril de 1926 en Monroeville, un pueblo de Alabama. Fue la menor de los cuatro hijos del editor periodístico y abogado Amasa Coleman Lee  y de Frances Finch. La madre moriría pronto, y los chicos se criaron entre los casos y pruebas que su padre defendía. Por aquel entonces vino a vivir con sus tías un muchacho un tanto especial, Truman Person, quien años después, adoptado por su padrastro, cambiaría ese apellido por el de Capote.  La marimacho y el raro se hicieron amigos enseguida. Porque sus diferencias con el resto los hacía únicos e  inseparables durante muchos años. Ella era rebelde, peleaba en el patio de la escuela y se resistía a cualquier autoridad. El personaje de Scout en Para matar un ruiseñor tiene que ver mucho con ella. Uno de los veranos que Truman pasaba en el pueblo, el padre defendió a dos hombres negros, acusados de asesinar a un tendero blanco. Ambos clientes, padre e hijo, fueron colgados. Este hecho marcó para siempre la infancia de los dos amigos, que ya escribían historias originales en una vieja máquina de escribir Underwood que el abogado les había regalado. 
En 1948, Capote publicó su primera novela, Otras voces, otras ámbitos. Mientras, Harper, por imposición o gusto del padre, que  estaba estudiando derecho, pensó en abandonarlo todo y reunirse en Nueva York con “su otra parte” y dedicarse a ser escritora, como él. Durante esa época acompañaría a su amigo a Kansas para ayudarlo en la investigación de lo que luego sería el libro  A sangre fría. Pasó ocho años trabajando en diversos empleos antes de mostrarle su manuscrito al editor Tay Hohoff, pero aún pasarían otros dos hasta que en 1960 la novela estuvo lista para su publicación. 
En unas cuantas semanas se convirtió en un bestseller. Casi 50 años después es prácticamente una industria por sí mismo. Más de 30 millones de copias se han vendido y en 1988 tres de cada cuatro escuelas públicas en Estados Unidos lo incluían en su programa de estudios. En 1961, la novela ganó el premio Pulitzer y en 1962 sería llevada al cine magistralmente por Robert Mulligan con un genial Gregory Peck. 
Y lo que no había desunido el tiempo ni los años, vino a separarlo la envidia. Capote resintió el éxito de Harper y prefirió callar en vez de disipar los rumores infundados de que la novela era mucho más obra de él que de ella. Si bien la  amistad continuó durante los años sesenta y setenta, los celos de él y su adicción a las drogas y alcohol terminaron por matar la relación.  La novela procuró a Harper una fama que no deseaba y que no supo llevar, por lo que decidió volver a su pueblo de Alabama, Monroeville, donde reside actualmente lejos de todas esas luces que deslumbraron a su amigo Truman y que en ella solo sirvieron para enseñarnos porque no se debe matar un ruiseñor: 
 “No hacen otra cosa que crear música para nuestro placer. No se comen los jardines de la gente, no anidan en los graneros, sólo cantan con su corazón para todos nosotros”.