Miguel Segundo Ortín y Franki Béjar
(Miembros del Observatorio de la Cultura en Murcia)

El pasado 11 de noviembre se produjo el primer paso hacia la creación del Observatorio de la Cultura en Murcia, un proyecto que tendrá su sEspaña sin un Francoiguiente estadio el día 19 de diciembre a las 19.30 hrs., con una asamblea abierta a la participación de toda la ciudadanía que se celebrará en el Paraninfo de la Facultad de Letras de la Universidad de Murcia.
Pero, ¿qué es este Observatorio de la Cultura? Se trata de una iniciativa promovida por ciudadanas y ciudadanos de la ciudad de Murcia, usuarios y agentes culturales, que pretenden constituirse para ofrecer un nuevo estilo y nuevas formas que sean capaces, desde abajo, desde la ciudadanía, de regenerar la política cultural de nuestra región. Y es que esta iniciativa nace de dos premisas básicas. En primer lugar, que es necesario generar un espacio de reflexión y control ciudadano que sirva para pensar qué tipo de cultura queremos por parte de la administración pública. Y, en segundo lugar, que es necesario generar un interlocutor que sirva de puente entre la administración y la ciudadanía, y que, en último término, convierta los centros que se financian con dinero público en centros verdaderamente públicos.
Haciendo un poco de historia de lo ocurrido, quizá sea necesario apuntar que el Observatorio nace de la indignación provocada por el cese injustificado de Javier Fuentes Feo como director del Cendeac (Centro de Documentación y Estudios Avanzados de Arte Contemporáneo) el pasado 1 de noviembre. Esta decisión cortaba de raíz un trabajo de más de tres años, así como el desarrollo de varios proyectos que el centro llevaba a cabo en colaboración con diferentes agentes culturales y asociaciones, y que contaban con un amplio respaldo social. Pero, en contra de lo que pudiera pensarse, esta iniciativa no se agota en el caso del Cendeac, ni tampoco tiene como horizonte último una hipotética readmisión de Fuentes en su puesto. Al contrario, queremos tomar lo ocurrido como ejemplo y símbolo del tipo de políticas que queremos denunciar y a las que consideramos absolutamente opuestas al espíritu de lo que entendemos como una política cultural pública, plural y de calidad.
Por todo eso, por defender una cultura pública y de la ciudadanía, el Observatorio ha organizado una asamblea abierta el próximo 19 de diciembre. A esta asamblea están invitados todos los ciudadanos y ciudadanas interesados en la cultura y que quieran aportar ideas u opiniones que nos sirvan para elaborar conjuntamente una posición fuerte como interlocutor social frente a la administración. Estamos, eso es indudable, en medio de una profunda crisis de las administraciones públicas. Después de años de bonanza donde la inversión en cultura ha sido tan cuantiosa como disparatada –al menos en lo que a rendimiento social se refiere–, quizá sea el momento de pensar qué tipo de gestión cultural deseamos. Ante el desgobierno y la ineficacia de nuestra clase política, y ante la nula expectativa de que sea ésta la que revierta la situación, desde el Observatorio pretendemos abrir la posibilidad para que ese cambio emerja desde la ciudadanía, esa a la que nunca debió haberse dejado de lado en la política cultural.
El Observatorio, por tanto, pretende convertirse en un espacio de discusión crítica que articule las diferentes opiniones y necesidades de los usuarios y agentes culturales de la ciudad, y en un foco de análisis y denuncia que permita a la ciudadanía poner sobre la mesa los datos concretos acerca del coste y la rentabilidad social de las políticas culturales que se han venido desarrollando en nuestra ciudad en los últimos años. No es una tarea fácil. Para todo ello, será necesario generar un debate acerca de los problemas concretos de nuestra cultura en el que participen todos y todas. Tendremos que encontrar la manera de articular ese debate, de darle forma y de crear una plataforma que sea capaz de estructurar toda la actividad que la cultura de nuestra ciudad está generando. Habrá que poner sobre el tablero político el cambio de modelo en la elección de cargos, una auditoría pública de los centros culturales, propuestas participativas para los presupuestos y para los proyectos, y, en definitiva, un largo etcétera de medidas fundamentales. Sobre esas medidas no hay una sola perspectiva, existen muchos enfoques desde los que considerar y abordar los problemas.Y es precisamente el impulso de poner en juego todos esos enfoques, de poner en común todos los problemas y sus posibles soluciones, el que ha puesto en marcha el Observatorio.
Perseguimos, por tanto, un sencillo objetivo: democratizar las instituciones abriéndolas a la participación ciudadana, y con ello, acabar con la tan nefasta política de los expertos, cuyo mantra principal podría asemejarse al célebre enunciado del despotismo ilustrado: toda la cultura para el pueblo, pero sin escuchar al pueblo.