ADELA GIMÉNEZ TORRECILLA

Te fuiste sin decir adiós y es que no te gustaban las despedidas… hace ya dos años y nada es lo mismo sin ti. Sabíamos de tu nobleza, sin embargo, cada día consideramos más lo grande que eras. No me acostumbro a tu ausencia, una gran persona como eras tú, deja una huella indeleble y un vacío inmenso, indescriptible… Tu integridad era notable, firmeza en tus acciones, respeto por los demás. Fuiste mi compañero, mi consejero y sobre todo mi amigo. Tú mirabas más alto, más allá y nunca dabas consejos que para ti no tenias, aunque siempre estabas dispuesto a ofrecer tu sabiduría innata y lo demostraste con tu respetado pueblo. Fuiste garante de los intereses de los caravaqueños, sobre todo de los más desfavorecidos. Como cambiaste cada barrio, cada plaza, en definitiva ennobleciste una gran ciudad, la que te vio nacer y por la que tanto batallaste, para que tus convecinos disfrutasen viviendo en su querida Caravaca y tus hijas estuviesen orgullosas de ti.

Compartimos muchos momentos buenos y algunos no tan buenos, si bien tú siempre decías que de estos se aprende más y eso nunca lo voy a olvidar. La vida es realmente corta y cuando aprendes a elegir la compañía que jamás te cansa, el lugar donde mejor te encuentras, los libros que te agrada releer, la música que te place…. Cuando en definitiva parece que sabes reconocerte a ti mismo, te empiezan a faltar años. A ti te han faltado muchos, el resto lo tenías bastante claro, algo que denotaba tu gran preparación, tu sencillez, tu generosidad. Te gustaba buscar territorios desconocidos, meterte en senderos que no te ofrecían la menor seguridad y todo ello para mejorar tu entorno, con las infraestructuras necesarias y todo lo que ello comporta. Fuiste de esa generación de maestros, en el amplio sentido de la palabra que difícilmente se volverá a repetir, sabías que la honestidad es la mejor arma para realizar importantes proyectos.

El día 26 de julio, una vez más me dí cuenta de lo injusta que es la vida y aún así, cada día me levanto pensando que merece la pena vivir y hacer prevalecer o desarrollar todo lo que aprendí de ti, no es mas que trabajar día a día por las personas con discapacidad intelectual y sus Familias. Desde 1987 tuvo la mirada puesta en la Asociación, su valiente apuesta por los temas sociales le hacía solucionar cada problema, decías que teníamos que escucharles porque siempre tienen algo que aportar. Tú siempre creíste en ellos y con tu energía arrolladora, capaz de transmitir a todos, tus ideas innovadoras y de progreso, lograste ser pionero en la integración laboral, el Alcalde de Caravaca fue a TVE, tu satisfacción personal fue inmensa, eras consciente de lo que suponía ese logro, yo jamás lo olvidaré. Ese día de julio perdimos un referente y alguien en quien confiar.

Cuando hablamos de ti, quienes te queremos y me atrevo a decir que estás en el corazón de todo un pueblo, cuanta emoción por tu recuerdo. Fue un clamor popular, tú pronta y dolorosa despedida, ya que te supiste ganar el cariño y el respeto de todos, – entre otros motivos – por el concepto de la vida que nos transmitías: de belleza, de magia y también por lo efímera, nos has dejado un legado importante, como buen maestro, como alcalde ejemplar y como persona extraordinaria. “Siempre te echaré de menos y tu mirada será la luz que ilumine mi vida”.

El paso del tiempo no debe servir para atenuar la memoria de los acontecimientos y de las personas que nos precedieron, por ello hablar de Antonio es muy sencillo, teniendo en cuenta que era una persona muy sabia, cercana y de una gran generosidad, llevó a cabo tantos proyectos en las diferentes facetas de su vida, que al mismo tiempo me resulta complejo, por la responsabilidad que para mi supone el no estar a la altura, ya que fue mucho lo compartido en distintas etapas. Yo conocí a Antonio en el curso 76-77, empezamos a trabajar con personas con discapacidad y en aquel momento no se sabía casi nada de este tema, así que el y su afán por aprender y enseñar a otros, hicieron viable muchas aspiraciones y con mucha dedicación e ilusión fuimos dando pasos cuyos frutos están hoy en APCOM.

Se fue de la política sin mirar atrás, nunca le conmovió el poder, Antonio siempre decía: el poder solo debe servir para poder hacer cosas por los demás. Repartía su tiempo con la naturalidad que le caracterizaba, el amor por sus hijas en su campo y la pasión por su trabajo y amigos, su halo de bondad le ha convertido en una perdida irreparable.

TU AMIGA ADELA