Juan Antonio Sánchez Giménez. Abril de 2022.

Han pasado casi 3 años desde entonces, desde que el mismo 6 de mayo de 2019 empezasteis a imaginar y especular con los proyectos del año siguiente, a repensar, a debatir como pulir posibles fallos. Otros disteis el paso con nerviosismo e ilusión hacia aquel esfuerzo que sabéis que nadie os pagará y que os quitará horas de sueño, pero que os compensará enormemente a nivel personal. Son los presidentes y directivos de los tres bandos, así como los de kábilas moras grupos cristianos y peñas caballistas. Es el Hermano Mayor. Es el secretario de comisión de festejos. Son reyes, sultanes y amazonas, a los que un enemigo implacable e invisible ha arrebatado por dos años sus sueños. Son los que hacen posible que esto salga adelante. Son los que velan todo el año para que los primeros días de mayo se tornen mágicos e irrepetibles en Caravaca. No hay alquimia ninguna ni hechizo; es el trabajo e ilusión de unas cuantas personas abnegadas e idealistas, a pesar de los sinsabores y la incomprensión que aparecen de cuando en cuando. Si siempre tuvo un mérito extraordinario estar al pie del cañón, estos dos años marcados por la pandemia para siempre lo han tenido más aún. Luchadores son las directivas de las peñas caballistas que se quedaron en marzo con el manto prácticamente terminado y que han seguido en pie; o los de grupos y kabilas con trajes nuevos que se quedaron sin estrenar o los que han visto sus filas enormemente mermadas y que han tirado para adelante haciendo auténticos encajes de bolillos, la kábila almohades, resucitada y que se quedó a las puertas de la gloria en 2019,  o esa directiva de los navarros que dedicó parte de su tiempo de estos dos años a arreglar la sede de su grupo con la ilusión y energía que les caracteriza. Son algunos ejemplos, pero hay muchos más porque lo vuestro es auténtica y admirable devoción. Faltarían folios para describir la labor obstinada y soñadora de tantos. Maldita pandemia. Ha hecho daño, mucho daño. Ha segado la vida de cientos de miles de personas en nuestro país y ha provocado una profunda crisis económica cuando apenas se comenzaban a curar las heridas de la anterior. Ha dejado miedos e inseguridades, rompiendo la creencia una vez más de que lo que nos espera es mejor, más luminoso y acogedor que lo anterior. Pero este año sí, este año se cumplirá de nuevo el ritual centenario; la Santísima y Vera Cruz volverá a salir en procesión, los caballos del vino volverán a galopar como relámpagos dejando a su paso la sinfonía de los cascabeles y se oirán timbales, crujir de corazas, espadas y escudos. Atronará la ensordecedora pólvora, se llenarán las calles de muchedumbres cantarinas de color y volverán por fin a brotar las lágrimas de emoción que un maldito virus quiso sustituir un día por las de tristeza. Todo volverá a ser diáfano y alegre, emocionante y festivo, brillante, feliz… Y vosotros con vuestro empeño, trabajo y dedicación tenéis mucho que ver en esto. Gracias.