FRANCISCO SANDOVAL

Los desastres ocurren cuando la amenaza se encuentra con la vulnerabilidad. La situación verdaderamente catastrófica vivida en municipios de la Vega Baja o en Los Alcázares ha tenido repercusión mundial. La Comarca del Noroeste de Murcia ha sido la menos perjudicada por la DANA, ¿a qué se debe esto?

Primero, hemos de recoger algunas preguntas que se ha hecho la sociedad estos días acerca de las causas de la catástrofe. ¿Gota Fría histórica? ¿procesos de urbanización inadecuados? ¿quizá culpa del Cambio Climático? Es interesante no hacerse una única pregunta, porque no hay solo una respuesta.

En la madrugada del pasado 13 de septiembre, una estación meteorológica de San Javier de la red Wunderground (servicio que proporciona información meteorológica en tiempo real) registró una intensidad máxima de 184 mm/hora. Acumuló 124 litros por metro cuadrado en menos de dos horas, y 213 en siete horas. Durante ese espacio de siete horas en Caravaca se recogieron unos 40 mm, y los picos de intensidad fueron mucho menores, del orden de diez veces más bajos en Caravaca que en San Javier. De aquí podemos obtener la primera respuesta: la torrencialidad fue muchísimo más marcada en las áreas de Vega Baja y Mar Menor que en la Comarca del Noroeste.

Además de llover fuerte, no fueron precipitaciones puntuales ni mucho menos, y la Demarcación Hidrográfica del Mar Menor tiene una amplia superficie. Toda el agua recogida por los cauces vierte a la laguna salada. Como consecuencia de ello, existen unas zonas inundables bien referenciadas por la Confederación Hidrográfica del Segura según períodos de retorno, es decir, probabilidad de que se produzca una inundación. Gran parte de Los Alcázares se encuentra construido en zona inundable con alta probabilidad. El cóctel de una avenida excepcional y una zona inundable da como resultado la catástrofe vivida.

Ningún núcleo urbano de la Comarca del Noroeste está construido sobre zona inundable con período de retorno de 10 años. No obstante, aunque eso reduce bastante las consecuencias negativas, no las elimina del todo. En la tormenta que el pasado 20 de agosto afectó a Caravaca y a Cehegín se alcanzaron intensidades de precipitación superiores a las provocadas por la DANA (Caravaca Centro registró 50 mm/hora), aunque los acumulados totales fueran menores. Así podemos comprobar que el riesgo cero no existe, y que una lámina de agua de unos pocos centímetros también puede ser perjudicial para las actividades económicas y lo que es peor, para las sanitarias.

En los últimos años, además de un Plan de Emergencias, la Administración Regional ha solicitado un plan específico a los ayuntamientos para prevenir y afrontar inundaciones. En 2018 San Pedro del Pinatar, Lorca, Puerto Lumbreras y Águilas ya lo tenían elaborado. A menor escala Protección Civil ha puesto en marcha el Plan INUNMUR, mientras que la población pudo estar prevenida a tiempo gracias a que Aemet decretó el aviso rojo con suficiente antelación, pese a la incredulidad y críticas que levantó entre algunos irresponsables que, esperamos, sean los menos.

En definitiva, los eventos que acontecen en el territorio solo pueden enfrentarse desde la colaboración multidisciplinar. Mucho de lo que he expuesto al principio se fundamenta en conocer nuestro clima, que ha estudiado bien el geógrafo caravaqueño y Máster en Planificación y Gestión de Riesgos Naturales, Víctor Ruiz Álvarez, así como en el trabajo de otros geógrafos.