MICAELA FERNÁNDEZ

El próximo noviembre cumplirá 102 años. Ginesa Vicente, la abuela de Albudeite, la vecina más longeva de este municipio y una vida llena de historias que nos comparte en una tarde fría de marzo junto a la chimenea viendo la leña arder.

Le acaban de poner la vacuna contra la Covid, está muy bien, y deseando que se marche la cosa esta. Este miércoles le ponían la segunda dosis y espera volver a recibir pronto las visitas en su casa y, este verano si se puede, ir a la playa, le gusta mucho bañarse en el mar y estar como una marquesa sentada bajo la sombrilla en la arena.

Mientras hablamos, de vez en cuando mira a su hija Isabel encargada de cuidarla, y acabamos la entrevista viendo las fotos del homenaje que le hicieron en su pueblo cuando cumplió los 100 años cogida del brazo del alcalde y rodeada de toda su familia.

Nos habla de su niñez, de su vida en torno a la industria de la conserva, cómo conoció a su marido, Ginés, y como nos ha cambiado la vida desde que no se puede salir a la calle.

.- ¿Cómo fue tu niñez?

.- Siempre ha vivido en el barrio de La Cruz, en la entrada del pueblo de Albudiete, se siente muy a gusto en su casa, con sus cosas, con su cama. En esa casa ha pasado toda la vida y cuando enviudó junto con su hermana Josefa, que murió en 102 años, vivieron las dos juntas, siempre se han llevado muy bien. “Entonces era muy difícil, pasamos mucho, y siempre ayudando en la pleita o limpiando alguna casa para ganar algo de dinero. Nos enseñaban desde jovencitos para que ganáramos algo”.

.- ¿Siempre has trabajado el esparto?

No, -nos dice risueña- me he dedicado toda la vida a la fábrica. Entonces no había más que la fábrica del Macanás e íbamos todo el mundo de aquí a ganar el duro. Trabajábamos la alcachofa y nunca me gustó ni criticar ni hablar de nadie, cada uno en su camino, y eso también lo veían los encargados que nos llevaban a los mejores puestos.

Luego, si queríamos ganar más podíamos ir a Archena a echar horas, salía el coche y nos íbamos. Una vez nos colocaron a todas una semana y un día despidieron a una y entonces nos vinimos todas y dejamos de ir.

Otra vez fuimos al melocotón y había que utilizar la navaja que ellos te daban, si utilizabas la tuya del albaricoque enseguida se daban cuenta de que no habías usado la suya, por cualquier roce en la fruta te llamaban la atención.

Pero toda la vida donde el Macanás y, cuando ya no quise ir, pasé muchos muchos años yendo a la fábrica, me quedé aquí cuidando a los hijos y ayudando a cualquier vecino que lo necesitara. Yo he sido una persona que no me ha gustado nunca ver a nadie ‘padecer’ y si había que darle un plato de comida o lavarle ‘un camisón’, a la vez que lo hacía para los míos no me costaba ningún trabajo hacerlo para el que necesitara ayuda.

.- Cuénteme, ¿cómo conoció a su marido?

.- Cuando era moza, si encontrabas un novio que no te convenía no lo tomabas. Primero conocí a un chico de aquí de Albudeite pero no me quedé con él porque a mis padres no les gustaba y yo no quería disgustos. Me quedé con mi novio de después con el que me casé. Un hombre muy bueno y muy guapo y que me quería mucho. No me arrepiento de dejar a ese primer amor.

.- ¿Qué es lo que más le gusta de Albudeite?

.- Me gusta mucho la iglesia, pero ahora no puedo ir. Cuenta Isabel que los domingos la llevaban a misa y después solían salir a tomar algo, pero desde hace un año no lo hacen y ahora tiene que ver la misa por la tele.

No tengo otra cosa que hacer, por eso veo la tele, ahí me gusta ver la misa y me entero de lo que está pasando, pero no me gusta el demonio este y luego me paso las noches sin dormir.

El pueblo lo están dejando muy bonito y más que lo van a hacer. Están haciendo cosas muy buenas.

.- Le han puesto la vacuna del Covid, ¿cómo se ha sentido?

.- Fui a Mula a ponerme la vacuna y el día 11 voy a ponerme la segunda. Ni me ha dado ‘calentura’ ni dolor. Tengo ganas ya de que esto nos deje tranquilos y volvamos como estábamos corriendo por las calles con un pedazo de pan.

A ver si nos vacunan a todos y volvemos a lo de antes, echo de menos las visitas en mi casa y poder salir a misa o a la playa.

.- Cuando cumplió cien años le hicieron un homenaje en el pueblo, ¿cómo fue?

.- Fue una cosa seria. El salón estaba lleno de gente, todos esperándome y cuando llegué me sentí muy orgullosa, me dieron un ramo de flores así de grande –nos dice haciendo un gran gesto con los brazos-. Estaban los dos alcaldes. Me dieron una placa, un ramo y allí estaban todos y ese día lo tengo yo guardado aquí dentro y no me lo quita nadie. Me tuvieron como una reina, si hubieras visto cómo íbamos, y vinieron a saludarme hasta las reinas de las fiestas.

.- ¿Qué recuerdos tienes como los más bonitos de tu vida?

.- Muchos, que tengo muchos años, aunque yo no llevo ya la cuenta, pero tengo muy buenos recuerdos de cuando salíamos a trabajar la pleita y nos juntábamos. Lo de la pleita ya está perdido, ya casi nadie hace, bastante hicimos ya nosotros que teníamos las manos comidas. Antes todos los barrios de Albudeite hacían pleita, ahora ya no.

.- Cuando esto acabe, ¿qué quieres volver a hacer?

.- No me gusta salir por ahí, sólo ir a misa y a la playa, eso sí me gusta. Preparan el ‘recao’ y nos vamos a la playa, que me gusta bañarme y estar sentada en la arena debajo de la sombrilla