PASCUAL GARCÍA

Si alguna vez he tenido un verdadero maestro, es decir, alguien que me haya enseñado no solo los contenidos de una asignatura determinada, sino que haya sido también un modelo de existencia y de ética, un ejemplo que podría seguir en la vida, ese ha sido, sin  duda, don Germán, cuyo nombre ostenta el grupo escolar de abajo, el que se encuentra junto al colegio de las monjas, aunque el nombre de la escuela pública de Moratalla haya sido siempre CEIP Juana Rodríguez. En cambio, no creo que haya habido en Moratalla, aparte de don Pedro Zapatero o don Eugenio Amoraga, una figura docente tan representativa, tan extraordinaria y tan merecedora de todos los honores educativos como don Germán, mi maestro durante tres cursos, 6º, 7º y 8º, años fundamentales en el conocimiento y en el talante de un muchacho de pueblo.

Por estos días un grupo de maestros de Moratalla, a los que podríamos llamar germanistas como ha apuntado don Miguel, andan enfrascados con ilusión en la iniciativa de cambiarle el nombre al CEIP de Moratalla para que a partir de ahora lleve el de tan insigne enseñante, y yo estoy con ellos, como no podía ser de otra forma.

Don Germán no solo te enseñaba francés con la suficiente solvencia como para que aquel año de vendimia en el sur galo pudieras salir adelante y te comunicaras con los patrones y con los dependientes de las tiendas, sino que atendía a todos los que acudían a su casa en el Goterón, seguía manteniendo relaciones con sus alumnos aventajados una vez que acababan la escuela, pero sobre todo se encargaba de convencer a los padres de que era un buen negocio invertir en su educación y mandarlos a estudiar a Caravaca, primero, y después a Murcia. Así lo hizo con mi padre y con muchos otros. Durante bastantes años, además, mantuvo una actividad importante en          la Academia que él y don Pedro fundaron para ayudar a los alumnos que se matriculaban por libre del bachillerato y se examinaban de todas las materias a final de curso en Lorca. De modo que ellos son los responsables últimos de esa clase intelectual y profesional compuesta por un buen número de maestros y profesores que se lo deben casi todo a su labor abnegada de enseñante.

Fue además una figura omnipresente en las calles de Moratalla junto con su esposa, doña Julia, a la que acompañaba como un caballero antiguo a todas partes y con quien compartía los pequeños avatares cotidianos, sin que por ello dejara a un lado los menudos placeres de la vida, un chato de vino en el bar del Moreno a su regreso de la escuela, un café bien hecho en el bar  del Pepe del Joaquín, la lectura pausada, no todos los días, porque era un hombre sobrio y frugal, de la prensa y los paseos por Moratalla donde siempre se encontraba con alguien para conversar con moderación y trato exquisito.

Pocas veces un hombre concita la admiración, el cariño y el respeto de todos sus conciudadanos en un grado tan extremo, pocas veces un ejemplo humano como el suyo pone tan de acuerdo a un pueblo entero.

Esta es la razón principal para que sus compañeros, sus vecinos y sus alumnos de siempre, esos que don Miguel ha llamado germanistas con tanto acierto se hayan unido en la idea de volver a bautizar a la escuela de Moratalla por su nombre verdadero, el CEIP don Germán Teruel Escobar, que a buen seguro en uno de estos últimos plenos del ayuntamiento, con cuyo apoyo también contamos, así quedará establecido y esta vez para siempre y con justicia sobrada.

Allá donde esté el maestro espero que disfrute de esta nueva muestra de amistad y de veneración de su pueblo.