PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Nadie puede discutirnos que lo que cobran los futbolistas de élite es tan demencial como impresentable en una sociedad de desempleados y trabajadores “mileuristas” o, incluso, de inferior cuantía.

Quien está bien pagado en un trabajo normal, como funcionario, profesional, técnico o empleado comercial, necesita toda una vida para intentar ganar lo que, algunos de esos futbolistas, consiguen embolsarse en un año.

Además, a los trabajadores citados, no se les permiten fallos. Y se les rescinde el contrato ante errores, torpezas o malas prácticas, pese a que, demostradamente, resulten involuntarias, mientras que un futbolista de los que cobran cifras “estratosféricas”, como proclamaba el desaparecido Jesús Gil, otrora presidente del Atlético de Madrid, se plante ante la portería con el balón en los pies, a portero batido y sin obstáculos, lanzando el cuero a la grada.

Esos mitos del balompié, todavía consiguen el apoyo de su afición con argumentos como que tienen pocos años de vida profesional y una interminable relación de razones, defendiendo esas abusivas prácticas que no conducen más que a encarecer el deporte rey, convertirlo en un abuso de precios en localidades y en un negocio insoportable por el que las diferentes cadenas de televisión tienen que pagar cifras millonarias que recaen en sus espectadores. Es la televisión convertida en un lujo de pago.

Más grave, todavía, cuando se les defiende ante sus fraudes fiscales, se les apoya y nadie se ensaña con ellos, aunque, el día anterior y por la misma razón, hayan crucificado al político de turno que, desde el punto de vista social y humano, puede merecer la cárcel, sí, pero, ¿no debería ser igual para el futbolista, o es que estamos locos?. Buenos días.