JOSÉ ANTONIO MELGARES GUERRERO/Cronista Oficial de la Región de Murcia

Dos de las más importantes apuestas sociales caravaqueñas que mejor funcionan en nuestros días se deben al desinteresado celo de Fulgencio Bernal Méndez, un hombre que, aunque nacido en Cartagena a los poFulgencio con un grupo de alumnos (años 70)cos días de concluir la guerra civil, dejó en Caravaca propia huella, y no sólo entre sus alumnos y feligreses, sino en importantes realidades como la Guardería de S. Francisco y ASCRUZ.

Vino al mundo como segundo de los hijos del matrimonio formado por Fulgencio Bernal (maestro de primera en la Empresa Nacional Bazán) y María Méndez, entre quienes también engendraron a sus hermanos Pedro y Alberto.

Su formación primaria y secundaria tuvo lugar en el colegio de los HH. Maristas de Cartagena, decidiendo entrar al seminario de S. Fulgencio de Murcia tras concluir el bachiller, y no iniciar los estudios de Derecho como tenía previsto.

Celebró su primera misa en Cartagena en 1965 y tuvo su primer destino en El Palmar, al que después de tres años siguieron otros en La Paca y Zarzilla de Ramos, siendo destinado por el obispo Javier Azagra a Caravaca en 1971, y concretamente a la parroquia de S. Francisco (de reciente creación), donde actuaba como párroco y vicario episcopal José Sánchez Ramos, con quien se fue a vivir, en piso alquilado por la parroquia en el propio barrio, al cuidado de una prima de aquel.

En Caravaca simultaneó la vida parroquial con clases de Religión en el instituto S. Juan de la Cruz y una intensa labor social hasta 1977. Cuando llegó a S. Francisco venía funcionando una escuela parroquial en la sacristía del templo, atendida por el popular Pepequín, escuela que pronto se traslado a una nave de nueva planta, frente a la iglesia, construida por Fernando López Álvarez, donde siguieron trabajando ambos más Delfina Clemente, en adelante.

Sólo había una guardería en la ciudad, de carácter municipal, dirigida por la concejala y profesora Maravillas Marín Fuentes, situada en la carretera de Murcia. El barrio de S. Francisco, de población eminentemente obrera, carecía de este elemental servicio por lo que Fulgencio, avalado por el alcalde Mariano Rigabert y el concejal Antonio Reinón, adquirió (en 11.000 pts) un solar junto a la iglesia donde se levantó una pequeña nave con cunas y servicio de guardería para 35-40 usuarios. Fue garante de la deuda generada (3.600.000 pts.) Rafael Salazar, a la espera de una subvención prometida por el Ministerio de Trabajo, obteniendo medios para proseguir al obra y poner en marcha la empresa con cuotas voluntarias de un numeroso grupo de personas de la ciudad. El proyecto técnico lo financió el propio Ayuntamiento, dirigiendo la obra el aparejador José María Alcázar y siendo el maestro de la misma Ignacio Torralba. Finalmente la guardería comenzó a funcionar, ejemplarmente, con 140 plazas de comedor y dormitorio, gracias a la colaboración de la propia gente del barrio, entre quienes se seleccionó al personal imprescindible para su funcionamiento. En 1975 y gracias a la intervención del párroco José Sánchez Ramos, llegaron de Mallorca tres monjas de una congregación de Hermanas de la Caridad que se hicieron cargo de la guardería, creándose seguidamente un patronato con personalidad jurídica que en 1977 la cedió al Ayuntamiento.

La inquietud social de Fulgencio le permitió conocer la necesidad de contar con un espacio donde atender a personas discapacitadas con la atención y dignidad que éstas merecen. Junto a otras personas, entre las que se encontraba el profesor Pedro Martínez Navarro, inició la andadura que dio como resultado ASCRUZ, aconsejado por el alcalde Mariano Rigabert y con el patrocinio inicial de la Caja de Ahorros del Mediterráneo cuyo director local (Manuel López Martínez) facilitó un piso, con su bajo, a espaldas de la Lonja municipal, que comenzó a funcionar como Centro de Educación Especial ASCRUZ, dirigido por la maestra Maruja Martínez García, con profesionales como Antonio García Martínez-Reina, Menchu Álvarez, Pepita Espallardo, Ascensión Navarro y Ponchi Castán, asistidos de cuidadores especializados.

Al piso junto a la Lonja siguió el Centro de Juventud (antiguo Hogar Rural del Frente de Juventudes, en la carretera de Moratalla, frente al colegio Cervantes), desde donde se hicieron las oportunas gestiones para la adquisición del paraje de El Copo, en Mairena, donde se encuentra actualmente. El Ayuntamiento se encargó del proyecto, creándose oficialmente el centro en el último consejo de ministros presidido por Adolfo Suárez antes de su dimisión como Presidente del Gobierno.

Fulgencio simultaneó la actividad docente, social y parroquial con estudios de Sicología en la UMU, licenciándose en Filosofía y Letras y diplomándose en Teología y en Orientación y Asesoría Familiar por la Universidad de Salamanca; siendo nombrado capellán del convento de las Monjas Claras y del entonces Santuario de la Stma. y Vera Cruz durante ocho meses, en el transcurso de los cuales decidió secularizarse, lo que ocurrió en 1977, fecha en que trasladó su residencia a Mula para montar el Centro Ocupacional de Disminuidos de la Comarca de Mula (AMADE) y desde donde montó una guardería infantil en Bullas.

Su constante preocupación social le llevó a montar posteriormente el Centro Comarcal de Educación Especial del Mar Menor (AIDEMAR) en San Javier, y la Asociación para la formación de la pareja y la familia (ASFAPA).

En su currículum cuentan cientos de cursos de formación a asociaciones de mujeres, de padres y de tercera edad, así como la organización de semanas sobre la familia en Caravaca, Calasparra, Molina y Lorca; y cursos de terapia de la pareja y la familia.

Jubilado a la edad reglamentaria, conserva una envidiable vitalidad física e intelectual, así como una prodigiosa memoria sobre todo en lo relacionado con sus seis años de estancia en Caravaca. Recuerda y es recordado con cariño por sus antiguos alumnos, entre otros Carmen del Mar Férez, Paloma Godínez, Pablo Celdrán, Orencio Caparrós, Cosme y Antonio Reales, Mari Cruz Montoya, Eduardo Ramos y Blas Sandoval; y no olvida otras actividades aquí desarrolladas como la escuela de adultos, la autoescuela y la «Casa del Canal», alquilada al tío Andrés como lugar de oración y para ejercicios espirituales.