JOSÉ MARÍA EGEA SÁNCHEZ

“El cambio climático no ha conseguido frenar la ola de frio en Europa”, con este titular salía a la calle hace unos días la sección de sociedad del diario ABC; al mismo tiempo en los variopintos mentideros de la ciudad, así como en los corrillos de las plazas; paisanos con pose altiva se apresuraban a cuestionar eso del “calentamiento global” del que tanto hablan los ecologistas en la televisión ahora.

Si bien es cierto que el rigor que debemos exigir en los argumentos es mucho mayor cuando se trata de un importante periódico que el que debemos exigir a unos contertulios en la barra de un bar, en ambos casos sólo caben dos opciones; o bien se está falseando la realidad deliberadamente para alienar a la sociedad en un sentido determinado o bien se está trasladando una información desde el más profundo desconocimiento del tema, demostrando una ignorancia supina; y sinceramente, no sé cual de las dos opciones me produce más miedo.

Si analizamos las causas que pueden subyacer detrás de esos dos caminos, en ambos casos aparecen rápidamente. Es evidente que hay ciertos sectores muy importantes económicamente como es el sector energético, con una poderosísima capacidad de influencia a través de sus lobbies de presión, que no les interesa que la gente perciba el cambio climático como un problema real e inminente. Para la segunda opción, la de la ignorancia, pues también cabe imaginar que, en un análisis simplista de una realidad tan compleja y multifactorial como es el clima, algún lumbrera pueda decir que si nos hablan de calentamiento del planeta y de que la media de la temperatura global está creciendo, cómo es posible que haga tanto frío, lo que se traduce en una clara “oda al reduccionismo”.

Yo, que me estoy entrenando para ser un “bienpensado”, me quedaré con la segunda opción y es que me niego a pensar que alguien, sobre todo alguien que no pertenece a esos círculos de poder, diga semejantes sandeces deliberadamente, así que abrazo la idea del desconocimiento, máxime en este país que nos gusta tanto hablar de todo, especialmente de lo que no tenemos ni pajolera idea.

El cambio climático es un proceso global que ya no está en duda en la comunidad científica, entre las consecuencias caben destacar el aumento de la temperatura promedio debido al efecto de los gases invernadero (1,5 grados en los últimos 100 años, lo que es una barbaridad aunque no lo parezca (absténgase reduccionistas), esto nos lleva al deshielo de las capas polares y a la consecuente subida del nivel de los océanos.

Sin embargo, no menos importante es la aparición de lo que se conoce como “super tormentas”. Efectivamente a los de análisis simplista habría que explicarles que el calentamiento global puede causar cambios extremos en el clima, en un hemisferio del planeta se estarán experimentando los veranos con mayor temperatura de la historia mientras que en otros se vive el invierno más frió; y a la inversa con el paso de las estaciones. Esto se debe a que con el aumento de temperatura las corrientes en chorro (corredor de aire a altas velocidades que se encuentra en la atmósfera), se movilizan causando cambios en el flujo de aire caliente en los hemisferios de la tierra. Esto desemboca en cambios climáticos como heladas y nevadas fuera de temporada así como sequías en plena temporada de lluvias.

En las próximas décadas, los procesos climáticos extremos serán recurrentes y más en un área crítica como la nuestra, con un clima mediterráneo, con procesos climáticos potencialmente súbitos y extremos.

Lo conveniente sin duda es que apliquemos el principio de cautela ambiental, adaptemos nuestro estilo de vida a un menor gasto energético de origen fósil y vayamos tomando medidas ante los nuevos escenarios climáticos que se nos avecinan.