Francisco Fernández García

(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

El 3 de diciembre de 1898 D. Francisco Sala Nougarou concluía la redacción de unos apuntes para formar el Reglamento de la Comisión de Festejos de la Santísima Cruz de Caravaca. Este ensayo se inscribe dentro de la tendencia revisionista que se manifiesta en el seno de la Cofradía de la Stma. y Vera Cruz de Caravaca en los años finales del siglo XIX determinada por la necesidad de reorganizar y modernizar sus regulaciones y reglamentos. En este sentido podemos recordar que en cabildo general de dicha Cofradía de 1897 celebrado el 16 de mayo de ese año se decidió la modificación de ciertos aspectos de las celebraciones del 3 de mayo por resultar anacrónicos y la creación de una comisión para formalizar sus estatutos, hay que tener en cuenta que hasta 1907 se regían por unos procedentes de una cofradía de Granada ya que los suyos habían desaparecido durante la Guerra de Independencia.

Nacido en 1834, el sacerdote D. Francisco Sala Nougarou desarrolló, además de las funciones propias de su profesión que llevó a cabo principalmente en la parroquial de El Salvador, una importante actividad en la vida local caravaqueña ya que fue tesorero de la primitiva Caja de Ahorros de Caravaca y también un gran colaborador de la Cofradía de la Stma. y Vera Cruz, de la que fue secretario y tesorero de la Comisión de Festejos y posteriormente Hermano Mayor los años 1913 y 1914, falleciendo de bronquitis aguda el 3 de abril de 1917 en su domicilio particular en la caravaqueña Cuesta de Don Álvaro. Su gestión en la tesorería de la Comisión de Festejos el año 1897 fue muy criticada por algunos sectores que llegaron a exponer públicamente sus quejas en un articulo publicado en el periódico local La Luz de la Comarca, sin embargo la Cofradía ratificó su labor en el cabildo general de ese año dando «un voto de gracias a la comisión actual y muy especialmente a su Tesorero Don Francisco Sala por el celo, interés y rectitud con que viene desempeñando sus cargos», aprobando las cuentas que presentó y reeligiendo a todos los componentes de dicha Comisión en sus respectivos cargos. No obstante, las dificultades advertidas en el desarrollo de sus funciones y el deseo de evitar problemas a los futuros miembros de la Comisión le decidieron a redactar este proyecto de reglamento, en cuya introducción expone claramente su motivación: «El finque nos proponemos es, describir las obligaciones de todos y cada uno de los Señores que compongan la Comisión de festejos, y de cuyo cumplimiento resultará el orden y el concierto, la armonía y la caridad que ha de ser el lazo que una a todos los individuos. Pero si son nuevos los Señores Comisionados y no saben sus obligaciones, ¿cómo las han de cumplir? A llenar este vacío venimos con este escrito».

El manuscrito se compone de 69 hojas y está dividido en dos partes. En la primera hace una descripción de los actos que se realizan cada día, quién interviene en ellos, los problemas que se pueden originar, como solucionarlos y posibles alternativas para que no vuelvan a suceder. Se trata de un texto excepcional, ya que al contrario de otras descripciones que están realizadas desde el punto de vista del espectador, Sala lo hace desde el interior, con un conocimiento extraordinario de todo lo que conlleva la organización de unas fiestas como las de Caravaca, con tantos actos y rituales reglados e inscritos en una tradición que siempre se debe preservar. La segunda, redactada algunos años mas tarde viene a completar lo expuesto en la primera e incluye todos los modelos de cartas y oficios que debe de utilizar la Cofradía de la Cruz y su Comisión de Festejos para su correcto funcionamiento.

La información que aporta sobre las fiestas de Caravaca es valiosísima, con referencias históricas a su desarrollo, detallando con exactitud como eran en su época. Gigantes, moros y cristianos, caballos del vino, armados, procesiones, ceremonias, baños de la Cruz en vino y en agua, función de «las brevas»… nada escapa a su análisis y comentario; además contiene precisas observaciones sobre ciertos comportamientos y actitudes sociales, especialmente en los apartados dedicados al gobierno de la procesión, arreglo de la iglesia, etc., ofreciendo un retrato costumbrista único de la sociedad caravaqueña de fines del siglo XIX. Entre los datos históricos figuran, entre otros, la cesión a la Cofradía por parte del Ayuntamiento de una sala del castillo para realizar los cabildos, el uso de lo que en otros tiempos fue iglesia de Santa María como casa de los polvoristas, la incorporación de Santa Elena a las procesiones de la Cruz y la fabricación de su trono, las antiguas celebraciones del Triunfo y Exaltación de la Cruz, etc. Comentar todos estos aspectos sobrepasaría los límites de este artículo, por lo que remito al lector interesado en ellos a mi libro Fiestas y celebraciones de la Vera Cruz de Caravaca. Historia, anécdotas y curiosidades desde la edad media hasta principios del siglo XX(2006) en el que aparece publicado por primera y única vez el texto completo a excepción de los formularios.

El manuscrito original se conserva en una colección particular y fue dado a conocer en 1967 por Francisco S. de Parayuelo en su libro Caravaca de la Cruz: Historia y Leyendadonde incluyó algunos extractos del mismo fechándolo equivocadamente en 1889 y no en 1898, aunque podría tratarse de una errata tipográfica, error que han reproducido los que han seguido esta fuente. Desde el Archivo Municipal intenté averiguar su actual paradero ya que Parayuelo no aportaba información alguna al respecto; cuando finalmente lo conseguí, hará unos 15 años, solicité a los propietarios una copia del mismo para depositarla en el Archivo pudiendo así ser consultada por cualquier interesado dado su gran valor histórico, a lo que amablemente accedieron por lo que desde aquí les reitero mi agradecimiento.

Tradicionalmente ha sido la Cofradía de la Stma. y Vera Cruz la encargada de organizar las fiestas, pero esto no siempre ha sido así ya que, como la reliquia de la Vera Cruz llegó a nuestra población mucho antes de que se constituyera la Cofradía, fue el Ayuntamiento el que se hizo cargo de esta función, desarrollándola durante varios siglos. Las ceremonias y rituales religiosos mas antiguos que forman parte de las fiestas tuvieron su inicio también en el tiempo en que el Concejo de la villa era el organizador, incluso la Cruz de impedidos tiene su antecedente en ciertas disposiciones que las autoridades municipales adoptaron para paliar epidemias. En el siglo XVII traspasó esta función a la Cofradía ya que en esa época las fiestas eran casi exclusivamente una sucesión de ceremonias religiosas; a pesar de ello volvió a organizarlas en las diversas ocasiones en las que no hubo nadie dispuesto a presidir la Cofradía, a veces durante periodos muy largos que en alguna ocasión fueron de 25 años consecutivos. Esta delegación no se ratifica anualmente, pero es el motivo de que la Cofradía terminase por hacerse cargo de la organización de las fiestas; esto no debe servir de confusión ya que las fiestas de la Cruz (o fiestas de mayo) no son ni fueron nunca las particulares de una cofradía religiosa sino las oficiales de Caravaca, que como todas las ciudades de España celebra sus fiestas por razones históricas en honor a sus santos patronos y la patrona de Caravaca es la Stma. y Vera Cruz.