MICAELA FERNÁNDEZ

El concurso nacional de Cuentos Ciudad de Mula-Francisco Ros cumple 23 años y este año lograba mantenerse fiel a su cita y hacía una entrega de premios virtual debido a la situación de crisis actual. El madrileño José Manuel Moreno Pérez se alzaba con el primer premio con ‘El montón de arena’. El accésit recaía en el también madrileño Alberto Echevarría con ‘Las tizas de colores’. También se premiaba con una mención de honor al muleño Pedro Castillo Cabellero con ‘Baluarte’.

Hablamos con el presidente de honor del certamen, Francisco Ros.

Una edición diferente este certamen de cuentos que acabamos de pasar…

Sí, y con mascarilla. Es muy difícil mantener este tipo de certámenes, y más pensando que el dinero del premio se puede ir fuera del pueblo, de hecho, hasta ahora sólo ha ganado el premio una persona de Mula y llevamos ya 23 años.

El certamen se mantiene porque hay alguien que cree en él o quizá porque después de que le pusieran mi nombre dije que como me lo quitaran, cuando me muera, yo le salgo a quién sea… y, es probable que se mantenga también por eso.

Han pasado 23 años, ¿cómo fue el inicio del certamen?

Yo había visto este tipo de certámenes literarios en otros lugares, como Mazarrón, que tiene un premio muy importante. Un día se me ocurrió decirle a la concejala del momento, Elvira García, que podíamos hacerlo y al momento me dijo que sí. No sólo no puso ningún problema, sino que fue la primera que lo apoyó. Al principio participaba poca gente, recuero alguna vez de estar ella, yo, el jurado, los ganadores y pocas personas más, muchas cosas curiosas, anécdotas, incluso una vez pararnos la Guardia Civil viniendo de celebrar la entrega de premios, son muchos años.

¿Cómo se pone en el panorama literario nacional un certamen de cuentos de un pueblo como Mula?

Hay que trabajar y trabajarlo bien, procurar que llegue al mayor sitio y mayor número de personas posible. Yo tenía una costumbre, que supongo se sigue haciendo, y es que iba ampliando el protocolo del certamen cada año con los nuevos participantes. Todos los años les enviaba una tarjeta con las bases ilustrada con imágenes que yo mismo hacía, o le pedía un cuadro a Nono García, o un dibujo de mi hija (la ilustradora Ilu Ros), todo muy artesano y familiar. Creo que antes de irme se enviaban por correo unas 1.300 de estas tarjetas.

Pero lo más importante, es que si algo ha tenido este premio, lo más característico, es que ha sido muy limpio, siempre lo ha sido y lo sigue siendo, lo dicen los participantes. Podemos haber fallado mal, pero siempre honradamente y eso los participantes lo saben. Nunca hemos tenido una mala crítica.

¿Ha habido algún ganador del certamen que después haya sonado fuerte a nivel literario?

Han sido 23 premios y 23 accésit. No sabría decirte ahora mismo, pero creo que fue el primero que lo ganó, podríamos citar muchos más, seguro, pero no puedo recordarlos todos. De la Región lo ha ganado Rubén Castillo, Antonio Parra Sanz, y ellos son escritores estupendos, son muy buenos, en fin, no sabría decir ahora mismo. También hemos tenido una gran calidad de miembros del jurado: Luis Leante, Rubén Castillo, Ramón Jiménez Madrid, Santiago Delgado, Manolo Moyano. También destacaría la colaboración generosa y espléndida en el jurado de los miembros de la Tertulia Literaria de Mula.

¿Cómo ha evolucionado la temática de los cuentos?, ¿ha evolucionado con la realidad social de cada momento?

Siempre se mueve con la realidad social. Si en un momento determinado ha habido muchos casos de violencia y ha salido mucho en las noticias, ese tema sale. Este año había muchos que eran residencias de ancianos.

También llama la atención otros cuentos que vienen de desechos de otros concursos. Cuando encuentras varios con la temática relacionada con un tren, hay un concurso, no sé si seguirá haciéndose, ‘Premios del Tren Antonio Machado’ que organiza la Renfe, y de alguna manera tiene que salir el tren y, cuando te encuentras con cincuenta cuentos que tienen relación con el tren dices tú, y, porqué trenes.

La temática va con los tiempos. Es muy raro que te encuentres cuentos que no tengan nada que ver con la realidad. Para encontrar un cuento como el que ganó el año pasado ‘Anunciata y el patriarca’ de Antonio Tocornal, para encontrar un cuento de esa exquisitez y de esa manera de hacer e incluso no sólo técnicamente, de todo, igual que el de este año, en el que el cuento utiliza un lenguaje muy distinto y está estructurado perfectamente, es que hay gente que lo ve de una manera y se lee muy fácil, pero el que sabe cómo se monta todo eso sabe el trabajo que lleva. El de este año ha sido divertidísimo y el del año pasado exquisito, precioso.

¿Qué supuso cuando te dicen que el certamen va a llevar tu nombre coincidiendo en el año de tu jubilación en el Ayuntamiento de Mula?

Me lo dijeron con un SMS. Mi concejala, Aira Blaya, en el momento en que se votó en el Pleno me dijo ya eres esto y, lo primero que pregunté fue si había sido por unanimidad. Hace dos años de eso y, si un grupo político llega a decir que no o se abstiene, yo hubiera dicho que no.

Llevas muy poco tiempo retirado del trabajo, ¿cómo está siendo la jubilación?

Bien, a veces echo mucho de menos a la gente con la que he trabajado, eso siempre. Hago lo que siempre me ha gustado mucho hacer que es leer y, no voy a decir que escribir porque tengo que tener la cosa muy clara para hacerlo, pero leer, eso sí, leer mucho. Algunas mañanas, cuando salía de mi casa a comprar el pan, que eso de comprar el pan también es muy literario, incluso hay un libro de artículos de Paco Umbral que se llama ‘Iba yo a comprar el pan’, pues algunas mañanas, la panadería está en sentido contrario al Ayuntamiento y yo me iba para allí y, cuando iba por la puerta de la farmacia me volvía. Lo que más me ha costado ha sido no ver a mis compañeros. Con algunos de ellos llevaba más de 35 años, incluso algunas mañanas salgo a desayunar con ellos.

Pero realmente no me ha costado ningún trabajo acostumbrarme. Al principio me sentía raro, pero quizá por la superstición de que empiezas a ser viejo, pero no, te jubiles o no el tiempo pasa igual, no lo frenas porque estés trabajando, pero es como que entras en otra etapa, eso de la tercera edad, te ves como la reina de las fiestas, con la banda puesta, pero no, eso lo tengo superado.

Yo todavía no estoy, yo no me veo bailando en el centro de la Tercera Edad o haciendo risoterapia y todas esas cosas, que lo veo muy bien, pero no, todavía no estoy para eso.

Montañas de libros siempre a tu alrededor, ¿qué estamos leyendo ahora?

Pues ahora estoy leyendo un libro excelente, que lo recomiendo muchísimo, que se llama ‘El infinito en un junco’ de Irene Vallejo. Es un libro excelente, precioso, no sé cómo se pueden hacer esas cosas tan buenas. Es un ensayo, pero no sé cómo se puede hacer un ensayo que trate la historia del libro desde la antigüedad, algo tan recio, y que sea tan ameno, tan divertido, no como una novela, pero casi. Narra desde los primeros libros manejables que se podían llevar debajo del brazo enrollados, porque los papiros eran como juncos que nacían a la orilla del Nilo y que sustituyeron a las piedras y tablillas de barro que se te caían y… Es como aquel libro ‘El mundo de Sofía’ que hablaba de la historia de la filosofía novelada y, eso te atraía, y a la gente le gustaba, pues esto es un ensayo muy serio sobre la historia del libro en la antigüedad, un libro precioso y ameno.

Hablando de mujeres, el concurso de cuentos ha contado con muy pocas ganadoras…

Que yo recuerde, recuerdo tres, por cierto una de ellas con un cuento maravilloso, era española y mandó el cuento desde un país asiático porque su marido estaba agregado en alguna embajada y aquel cuento fue maravilloso. Recuerdo a la ganadora de hace cuatro o cinco años con un cuento que se llamaba ‘La Vía Láctea’… Hablamos de una participación de un tercio, no sé a qué se debe esa cifra tan baja. Hasta hace treinta años eran muy pocas las mujeres que publicaban, creo que se debe a una cuestión de costumbres porque, no meter a una mujer en la Academia hasta Carmen Conde me parece una vergüenza, más cuando se lo merecía muchos años antes María Moliner. Todo parte de una sociedad patriarcal y de actos machistas y la costumbre sigue. Pero, no sé porqué.

¿Estás escribiendo?

No, de vez en cuando hago alguna tontería que, si no me convence, si no tira para delante, no, yo siempre me he exigido mucho. Tengo un defecto a la hora de escribir, muchas veces me abruman las ideas, no estructuro, me comen, me aburren, me sube hasta la tensión, porque el problema es que yo escribo en directo y eso hay que entenderlo, la mayoría de veces las cosas van saliendo en el momento y no dejo tiempo y, cuando termino una cosa eso me crea una tensión tremenda. A veces me ha pasado que sin esperarlo, cuando tenía un personaje claro me ha surgido otro y me comía el terreno… en el cuento de ‘Rey Gaspar’, pude mantener al alcalde y al rey pero cuando iba por la mitad del cuento apareció la carcoma y empezó a comerse el cuento, era su obligación como carcoma, y caso acabo llamando al cuento ‘La carcoma’ pero fui capaz de recogerlo. Hay veces que se te va colando, sientes mucha simpatía y si me descuido me come hasta la mesa…

Te propongo un reto, presenta un cuento para el próximo certamen y a ver si el jurado del momento es capaz de encontrarte…

Eso sería hacerme trampa. Me podrían dar el accésit o incluso no darme nada y, como estoy en el jurado permanente, soy el presidente de honor, si dicen que no me dan nada, me harto a puñetazos con ellos. El presidente soy yo y a mi se me tiene que dar algo… (risas). Eso depende de quién sea el jurado, hay gente que conoce muy bien cómo escribo y podrían…

¿Que piensas cuando las generaciones futuras hablen de este certamen y Francisco Ros?

No se si estas cosas duran mucho, yo sí le estoy muy agradecido a la corporación municipal del momento que le dio mi nombre a este certamen. Es importante en la cultura que las actividades tengan continuidad para perdurar. Un año que el presupuesto esté muy recortado, un año que se interrumpa esto ya es razón para hacerlo más veces.