Ana María Vacas

Pensaran que definirlo como hombre del Renacimiento es un poco atrevido, pero puedo asegurarles que nuestro personaje de hoy cumple con este estereotipo a la perfección. . Ha sido un enorme privilegio compartir unas horas de conversación, ya que es muy celoso de su tiempo y de su obra, pero sobre todo porque sus ideas te transportan a otro nivel, que les aseguro no es el habitual.

Francisco Rivero Martínez

Francisco Rivero Martínez

Ya en nuestro inicial diálogo, manifiesta que la capacidad de un hombre para desarrollarse no conoce límites, debe reconocer su creatividad como parte de un todo. El conocimiento de las artes, así como el ejercicio de su expresión son importantes para el desarrollo personal, que respeta como verdad individual y única; dejándonos claro este primer concepto partimos a una enorme pero satisfactoria aventura.

Está convencido que el amor por el arte se lo inculco el trabajo de su padre, en una imprenta. Una máquina Offset de impresión le dejo boquiabierto el primer día que pudo observar cómo funcionaba. Desde ese momento todos los días al salir del colegio su camino estaba trazado hasta ese lugar mágico, donde las tintas de cuatro colores se mezclaban consiguiendo diferentes tonalidades, ese fue el verdadero inicio de su vocación, el proceso. A los dieciséis años, en su periodo estival se dedicaba a ganarse unas perrillas trabajando en la fábrica de calzado de Pedro Salcedo, donde su primera función fue aprender a dar cola en el calzado, en ese momento unió los dos mundos sin saberlo, el arte unido al proceso y diseño del calzado.

Amante incondicional del arte, ya empieza a sentirse absorbido por las asignaturas que lo potenciaban dentro del bachillerato, con los dos profesores que marcaron su camino Gregorio Sánchez y Orencio Caparrós. Comienza los estudios de Historia del Arte en la Universidad de Murcia, donde continua hasta su cuarto año en el que decide prepararse por su cuenta, (con tantísimos medios que encontramos hoy día para el estudio) prescindiendo así de las clases presenciales, no considerándolas necesarias.

Nacido en los ochenta, no concibe la vida atado a las tecnologías, cree en su utilización como medio de investigación o estudio, pero prefiere sin ninguna duda la consulta directa en libros especializados, que le hagan avanzar en su conocimiento sin configurarlo en una pantalla, que sin duda limita la comunicación real. Idealiza la buena conversación antesala de la transmisión genuina de la información.

Sin pausa alguna, inicia sus estudios de Grado en Diseño de Moda, en Murcia, donde en su primer año de estudios consigue un reconocimiento a nivel nacional; el tercer premio en Ego Cibeles, preámbulo de la pasarela Cibeles, con el diseño de unas gafas, reconociéndole así su enorme talento.

Pero su espíritu inquieto, le lleva a desplazarse a Madrid a intentar involucrarse con los diseñadores, que en estos momentos forman parte del punto de vanguardia cultural, donde se encuentran numerosos profesionales, medianamente establecidos o transgresores como David Delfín, que impresiona notablemente a Francisco. Allí conoce a Moisés Nieto con el que colabora en su colección, realizando todo el calzado que se presenta en la muestra; aprecia la honestidad con que lo recibe, no intentando coaccionar su trabajo, sin ningún tipo de cortapisas, con plena libertad en su ejecución creativa. Esta fusión entre ambos vuelve a dar su fruto y diseña el calzado para la muestra que se presenta en el edificio de Telefónica en Madrid, en colaboración con la marca Pandora y la modelo Nieves Álvarez.

Así continua sus estudios pero ya con un contacto real con este mundo elitista, donde intenta aprender realizando proyectos de importancia, sin haber finalizado todavía su cursos de diseño. En los siguientes años realiza numerosos viajes a Elche y Ubrique poniéndose en contacto con los materiales necesarios para realizar el proceso completo de elaboración, desde el inicio. Alejado del lado frívolo del este mundo artístico, intenta canalizar todas las oportunidades para ir reconociendo su verdad, sin artificios, ni manipulaciones. Sus obras comienzan a ser valoradas y empiezan a ser requerido por fotógrafos reconocidos del mundo de la moda, saliendo en revistas como Vogue.

No me extraño en ningún momento, que su trabajo fin de carrera, tratara sobre el Yute y su denominación de Origen del Noroeste Murciano. Quien lo conoce sabe que siempre ha estado interesado por este tema; documentalista informado desde su origen en la región, reconoce la versatilidad de los pioneros de esta profesión (tan abundantes en nuestra zona) que se deciden a innovar con el cáñamo después de que los gobernantes no lo utilizaran para sus fines iniciales. Consiguen realizar asombrosos productos los cuales hemos empezado a reconocer después de que otros países como Italia o Estados Unidos se dieran cuenta de la calidad y lo demandaran.

Poco después conoce a Pedro Lobo, con el actualmente colabora diseñando zapatos para sus colecciones, e innovando a diario para conseguir un trabajo que se acerque a sus exigencias, y respete el boceto inicial al que se ciñe. La personalidad de Francisco es tan fuerte dentro de su trabajo, que no necesita de marca alguna para que sea reconocido por su sello personal. Considera que su persona no tiene que estar en el punto de mira, sólo sus zapatos y complementos son los verdaderos protagonistas de su historia. No es amante de seguir patrones establecidos por lo que intenta no ser influenciado por nada, dejar fluir desde dentro su idea, siendo fiel a su desarrollo. La nueva apuesta, savoir faire, lo artesano de lo artesano y la manera de encauzar su trabajo completando el proceso creativo, con el que verdadera disfruta, le hacen sumergirse desde el diseño del boceto, hasta cortar materiales como si fueran únicos, pegar, doblar la piel, darle forma hasta su acabado, como si de una escultura se tratara. Su discreción se convierte casi en misterio, porque considera que hablar demasiado de una obra, consigue el efecto contrario, desgasta, diluye como si se hubiera realizado ya, por ello es tan celoso en su trabajo.

Como el mismo dice la pintura para él es un bálsamo para tranquilizarle, pero su corazón está en conseguir su calzado, sus bolsos, lo más artesanamente posible, respetando todo lo que participa en el proceso. Así es Francisco José Rivero Martínez, único señores.