JAIME PARRA

Coincidiendo con la salida a la venta de Mis conversaciones con don Ramón María, entrevistamos al escritor moratallero Francisco Martínez.

¿Para qué escribe Francisco Martínez?

Sería muy recurrente decir que escribo porque necesito escribir, pero es así. En realidad, todos, como seres sociales que somos, tenemos la necesidad de relacionarnos y de compartir lo que llevamos en nuestro mundo interior, y eso lo solemos hacer de muchas formas, y la más común es la palabra, aunque algunos necesitamos dejarla impresa en un libro para que el mensaje que queremos transmitir perdure de alguna manera. Pero también es cierto que, En general cualquier escritor siempre escribe para sí mismo en primer lugar. Habrá escritores que no busquen la escritura como herramienta de crecimiento personal, sino que busquen métodos de éxito comerciales que gusten al público, pero que al propio escritor no le digan nada. También los hay. Pero creo que no me equivoco si digo que la gran mayoría de las personas a las que nos gusta escribir, lo hacemos porque nos apasiona. Le damos vida a nuestras ideas a través de la escritura y nos hace felices que sea así, incluso si nadie más nos lee. Sin embargo, no nos vamos a engañar, al escritor también le gusta que le lean. Resulta reconfortante que conocidos o desconocidos nos digan que les ha gustado lo que hemos escrito. En ese momento, esta tarea de crear historias cobra sentido. Soy feliz escribiendo, pero la felicidad es plena cuando otros disfrutan con lo que he creado.

¿De qué trata sus “Conversaciones con don Ramón María”?

A través de Mis Conversaciones con don Ramón María intento rescatar el antiguo estilo socrático de utilizar los diálogos y las conversaciones para tratar de acercarme a alguna verdad, una verdad que siempre es la nuestra, porque quizás haya tantas verdades como individuos. En este caso, la estatua del escritor Valle Inclán y un turista que pasa sus vacaciones en Galicia, conversan en torno a los más diversos temas. Don Ramón María sirve como pretexto para hablar de la actualidad más candente, temas que habitualmente solemos ver en los noticiarios, pero también de los asuntos que nos acompañan como sociedad en los últimos tiempos, temas tales como la globalización, la política, la corrupción, los medios de comunicación o la sociedad de consumo. Sin olvidar los pecados capitales y los tópicos con los que convivimos desde hace siglos. Todo ello enmarcado en el paisaje de Galicia y tratado con un toque de ironía y humor.

¿Por qué éste y no otro escritor?

Todo comienza con la típica fotografía que solemos sacarnos junto a la estatua de algún personaje histórico, por eso, tal como indica la contraportada, podría haber sido con la que tiene Oscar Wilde en Dublín, Pessoa en Lisboa, Machado en Soria, Lorca en Granada o Cervantes en la Plaza de España de Madrid. Sin embargo, creo que el carácter soñador y aventurero de Valle Inclán, su curiosa personalidad y su innovación a la hora de escribir, inclinaron la balanza para que fuese él quien se convirtiese en personaje de este libro, precisamente él, que había creado infinidad de personajes en sus novelas y en sus piezas teatrales, se convierte en uno de ellos observando, desde su banco de la Alameda de Santiago de Compostela, los vaivenes del mundo actual. Por otra parte, el género literario del esperpento, mediante el cual los personajes y las situaciones se deforman hasta convertirlos en grotescas caricaturas, parece inspirado en muchos aspectos en la realidad de nuestros días.

¿Fue este libro escrito durante los momentos más crudos de la pandemia? ¿Creativamente ha resultado ésta provechosa?

Efectivamente, el libro comenzó a fraguarse a través de algunos posts que publiqué en redes sociales al principio del confinamiento que sobrevino con la pandemia. Pero pronto vi que podían tomar otro formato. Las redes sociales tienen como punto fuerte la inmediatez de lo publicado, pero también lo efímero del mensaje, por eso comencé a elaborar una estructura que les diese forma de historia a esas conversaciones. El confinamiento supuso una cura de humildad para todos nosotros, como engreídos seres humanos. Un organismo insignificante puso en jaque a la humanidad y nos demostró lo prescindibles que somos para el planeta. He de confesar que en las primeras semanas de confinamiento me encontraba casi en estado de shock, era como vivir una película apocalíptica en la que nos habíamos convertido en personajes y víctimas. Me negué a oír noticias o a seguir la evolución de la pandemia que en esta era de la información y la comunicación se nos retransmitía en tiempo real, como si de un partido de fútbol se tratase. Pero la parte positiva fue recuperar el tiempo para estar con la familia y con uno mismo, rescatar ese tiempo que nos quita el ajetreo de la vida moderna y tenerlo para reflexionar sobre el porqué de muchas de las cosas que nos rodean, tiempo para alejarnos y verlo todo con otra perspectiva, desde otro ángulo, con más sosiego. Y de esa mirada salió este libro, un proyecto para un próximo libro de relatos y otro pequeño proyecto fotográfico que aún no ha visto la luz.

Usted es maestro, ¿cómo enseña o debería enseñarse literatura en las escuelas?

Como en tantos otros aspectos cuando se trata de Educación, hay cosas que deben trabajarse en casa, de lo contrario la escuela tendrá un trabajo más complicado y con menores posibilidades de éxito, el amor por la literatura es una de ellas. Es difícil que un niño lea en una casa donde no hay libros, o donde no se lee. Pero volviendo a la pregunta, estoy convencido de que como en cualquier otra área curricular, es imprescindible tener una metodología de trabajo, pero lo más importante es transmitir con pasión. Si sentimos pasión por aquello que hacemos, lograremos trasladarlo a los alumnos. Vivimos, por desgracia, en una sociedad poco lectora y por ello una vez más recae sobre la escuela la tarea de corregir esa deficiencia social. En primer lugar, debemos conocer a los pequeños lectores, y ofrecerles algo que responda a sus intereses, dejar que manoseen las palabras, que jueguen con ellas, que interpreten, que opinen y que debatan, y que se aproximen de una forma lúdica as todos los géneros literarios: poesía, narración, teatro, e incluso el ensayo, claro que sí, porque los alumnos son capaces de hacer preguntas, de plantear argumentos y de asumir posiciones, tan solo tenemos que estar a su altura. El lenguaje en general, y la literatura en particular son de suma importancia en la escuela y en un mundo como el que estamos viviendo, porque en la medida en que un joven sea más capaz de dominar la palabra será un adulto menos susceptible de manipulación y por lo tanto de cultivar un espíritu crítico.

¿Tiene ya algún otro proyecto literario en mente?

Como te comentaba, el periodo de confinamiento supuso un momento especial para llevar a cabo proyectos que tenía en mente y para dejar otros preparados con vistas a continuar en un momento de más sosiego. No soy un escritor profesional, de manera que tengo que buscar aquellos periodos y momentos que me permitan continuar con la tarea de crear historias. Pero siempre hay algo cocinándose, con suerte un nuevo libro de relatos que podría ver la luz a finales del próximo año.