JOSÉ ANTONIO MELGARES GUERRERO/CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA
Hay otra Caravaca, cuyo nombre no aparece en los mapas físicos de España. Una Caravaca virtual en la que residen los caravaqueños que, por distintas razones, partieron de la ciudad, o los que habiendo residido un tiempo entre nosotros recuerdan su pasado en esta tierra. En esa Caravaca virtual reside desde hace más de sesenta años, el escultor Francisco Marín González, quien nació en 1933, en el número 27 de la C. Ballesta donde sus padres (Francisco Marín y Manuela González Polo, Manuela la Pola), habían fijado la residencia familiar tras su matrimonio.


bendicion-cristo-voluntario-1959Mayor y único varón de tres hermanos (él mismo además de Gloria y Mariana), aprendió las primeras letras en la escuela de la Santa Cruz con los maestros D. Pedro Luís Angosto y D. José María García Mira, mostrando desde la infancia cualidades innatas para el dibujo y la talla, que desarrolló muy pronto haciendo pequeños trabajos de ebanistería para la empresa Muebles Nevado.
Su padre falleció al concluir la guerra civil en el frente de Cuenca, quedando la familia en muy mala situación económica. Para aliviar esta situación, su tío Rafael, que trabajaba en el Instituto Geológico y Minero de Madrid se lo llevó consigo cuando contaba sólo catorce años.
En la capital de España, y gracias a la amistad de su tío con D. Félix Granda, comenzó a frecuentar la sección de escultura de los Talleres Granda de arte religioso, donde se inició haciendo chapuzas de ebanistería, compatibilizando el trabajo con la asistencia a la academia La Palma (en la C. Fuencarral), donde logró rápidos avances en el dibujo. También compatibilizaba una y otra actividad con la asistencia vespertina al Círculo de Bellas Artes, por cuyas clases pagaba 50 pts. mensuales. Posteriormente ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando donde completó sus estudios, durante tres años, con maestros como Capa y Crespi, trabajando para el primero de ellos haciéndole modelos para fundición.
Elogiado frecuentemente por el maestro Juan de Ávalos en sus visitas a los mencionados talleres Granda, a los 19 años decidió establecerse por su cuenta abriendo taller en la C. Olite 14 y después en el nº 1 de la C. Pedro Barreda, trabajando incansablemente desde entonces para las empresas Granda (con sede en la C. Serrano) y Santarrufina, quienes comercializaron durante décadas sus esculturas en madera, piedra y marfil, por toda España y América.
Contrajo matrimonio con la madrileña Remedios Dávila Martín-Maestro, con quien tuvo cuatro hijos: Francisco, Ángel, Nuria y Rosa, siguiéndole en el trabajo de creación plástica sólo el segundo de ellos.
El 1958 la cofradía caravaqueña del Santísimo Cristo de los Voluntarios le encargó un Cristo Crucificado, que en adelante sería su titular, para procesionar durante la noche de cada jueves santo en la popular Procesión del Silencio. El encargo se hizo a través del Hermano Mayor y Secretario General de aquella Alfonso López Carrasco (el Caillo) y Jesús Martínez Romero respectivamente. El contrato para la ejecución de dicha imagen se firmó en Caravaca el 11 de noviembre de dicho año, y en el se especifica que el Crucificado se esculpiría en madera de nogal, por la cantidad total de 35.000 pts. que se pagarían a plazos; y que se entregaría terminado, no después del 11 de febrero de 1959.
Finalmente la figura se hizo en pino de Balsaín policromado, desechándose el nogal por ser madera fácilmente apolillable, y se entregó en el edificio del Ayuntamiento caravaqueño en los primeros días de la primavera de 1959, bendiciéndose en acto público y solemne, a las puertas de la Casa Consistorial, a medio día del Domingo de Pasión (previo al de Ramos), por el entonces párroco del Salvador D. José Barquero Cascales, asistido por los sacerdotes locales D. Antonio Ortiz Martínez y D. Luís Martínez Sánchez. Con el tiempo se cambió la cruz original por la que hoy tiene, cambiándose también la corona original por la actual, de plata, obsequio de D. Anselmo Robles.
Años después, Francisco Marín restauraría, paulatinamente, la mayor parte de las imágenes que procesionan a lo largo de la Semana Santa Caravaqueña
Además de su amplia producción escultórica, comercializada por las ya mencionadas empresas de arte religioso, talló una Virgen sedente por encargo del tenor canario Alfredo Kraus, y otra para la iglesia madrileña del Niño del Cebú; así como para el Ministerio de Marina un Cristo de tamaño natural, un S. Lorenzo, una imagen de la Virgen y un Vía-Crucis. Un autorretrato en bronce que le fundió Capa en su taller de Arganda del Rey, una imagen en piedra para el hospital madrileño de S. Juan de la Cruz y un Corazón de Jesús, todo en tamaño natural.
A pesar del inmenso trabajo que durante años produjo su taller, en el que contaba con doce ayudantes, ningún año ha dejado de estar presente en Caravaca (donde están enterradas su madre y hermanas), durante las fiestas de la Cruz y parte del verano, no perdiéndose ningún día de estancia en la ciudad, la partida de dominó, en el Hogar del Pensionista, con su amigo Pepe Molowny, ni sus paseos vespertinos con su pariente José López González.
A sus 81 años, y en plenitud de sus facultades físicas, se entretiene, por afición, en trabajos de eboraria, mientras a su mente llegan continuamente recuerdos de infancia y juventud relacionados con su familia, amigos y trabajo. Su abuelo Mariano González, que fue alguacil del Ayuntamiento. La hermana que falleció en el accidente de Quintanar de la Orden junto a su marido, su hija y Santos Olmo, de regreso de la fiesta del Partido Comunista celebrada en Madrid. El proyecto de una imagen del Corazón de Jesús encargado por el Apostolado de la Oración local (imagen hoy en El Salvador), que finalmente ejecutó su colega Octavio Vicent; y los nombres de tantos licenciados en Bellas Artes que hicieron prácticas en su taller, algunos de los cuales triunfan en el mundo de la escultura.
Y también, a sus 81 años, y gracias al actual hermano mayor del Silencio Mariano García-Esteller Guerrero, durante la Semana Santa y Fiesta de la Cruz de 2014 se ha dado a conocer en Caravaca entre quienes desconocían su vida y su obra, puesto que hasta ahora, por su modestia y natural timidez, de su presencia en la ciudad, durante sus ocasionales y frecuentes visitas, sólo se percataban sus más allegados amigos y familiares.