JAIME PARRA

El Museo del Vino ha acogido el acto en el que nuevamente, será Presidente del Consejo Regulador de la D.O.P. Bullas, Francisco Carreño, quien afronta su tercer mandato.

Este es su tercer mandato, ¿qué balance hace de estos ocho años?

Empecé en una época dura, en la crisis. Tenía un apoyo de la administración la do que se eliminó, fue un hecho traumático.

Ocho años es poco y es mucho. La DO Bullas en estos ocho años ha tenido un recorrido ascendente, salía de muy abajo, a poco que se hiciera era acrecentar el rendimiento tanto de bodegas como de promoción, porque uno de los objetivos básicos es el control de calidad de la marca.

Se han ido incorporando nuevas bodegas, personas que quieren invertir en el mundo del vino han venido a Bullas, esa es señal inequívoca de que es una marca en crecimiento. En cuanto a las sombras, el abandono del cultivo de viñedos por la falta de relevo generacional, cultivos sustitutos como el almendro, y es una pena porque nunca hemos tenido unos vinos de esta calidad y que se estén abandonando viñedos.

¿Retos que se marcan a corto plazo?

Los retos no pueden ser a corto plazo, sino a muy largo plazo, sobre todo en el medio rural.

¿Se aprecia el vino de Bullas en su zona de referencia?

A pesar de que los recursos que tenemos son muy escasos, porque nuestros ingresos proceden de nuestros viticultores a los que no se les puede exigir más, y del apoyo institucional, esos recursos los dedicamos a que se conozca nuestro producto en nuestra propia zona, lamentablemente nuestros vinos se consumen muy poco aquí. Este año nuestro certamen lo hemos trasladado a Murcia para darles un impulso, en otras zonas no sucede que la gente valore tan poco los productos de calidad. En otros sitios la gente se siente orgullosa.

Por poner un ejemplo, en Caravaca, la ciudad más importante de la DO prácticamente la restauración no sirve vinos de la Denominación de Origen Bullas. Y contar con el apoyo de la restauración es vital.

Hace unos días tuvieron una reunión en Calasparra las distintas denominaciones de origen de la región.

A raíz del abandono por parte de la administración regional, nos unimos para reivindicar ese apoyo, y luego han surgido iniciativas, los productos son distintos pero tenemos cosas que nos interesa defender conjuntamente. Somos ocho denominaciones de origen y a todas nos falta una mayor promoción.

¿Cómo ha sido la última cosecha?

El papel de gestión de una denominación no se puede fijar en una cosecha. Porque la variabilidad de las condiciones climáticas condicionan la materia prima y esto no es una fábrica de tornillos, cada año es distinto. Conseguir un vino a lo largo del tiempo con una calidad más o menos aceptable independiendo de las condiciones no es fácil. Lo conseguimos porque el movimiento cooperativo tiene mucho peso, y es bueno para el tema de las adversidades climáticas, porque tiene viñas en todo el territorio.

En concreto la cosecha del año pasado fue de menos cantidad, fue una vendimia complicada, pero no solo los tintos, los blancos y los rosados también, han sido una buena cosecha.

En el consumidor, ¿se ha dado también un relevo generacional?

La gente joven es el futuro nuestro. En otros países beber vino es de jóvenes, al revés que en España. Pero aquí curiosamente cuando se necesita quedar bien en una reunión familiar los jóvenes también compran vino. Nos falta que se conozca, informar.

De ahí las catas que van a comenzar en la capital murciana.

Todas las actividades de Murcia Gastronómica nos vienen bien por la difusión. Cada una de las doce bodegas hará una cata, empezamos el viernes 13 y luego habrá cada viernes en marzo y abril  y se retomarán tras las fiestas.