JAIME PARRA

La Rosa de Papel es una editorial de autopublicación que pone a tu disposición todos los servicios relacionados con el diseño y la elaboración de un libro. También realizamos otros trabajos de carácter complementario orientados a la promoción comercial, como la producción de spots audiovisuales (booktrailers), redacción de reseñas, notas de prensa, etc., así como un gran abanico de merchandising vinculado a tu obra, como marcapáginas, fajas, calendarios, tarjetas de visita, cartelería, etc.

Fran Serrano

Entrevistamos a su editor, Fran Serrano, quien también lo es de MurciaLibro.

¿Qué crees que diferencia a editorial La Rosa de Papel de otras de autoedición?

En realidad, «La Rosa de Papel» comenzó siendo un sello de autoedición, pero en la actualidad no lo es en exclusiva, sino que hay ciertas obras —cada vez más– que se realizan en edición tradicional y salen a distribución. Quizá esa pudiera ser su peculiaridad; es un sello que nació siendo de autoedición con aspiración a dejar de serlo. En cuanto a los temas o géneros, «La Rosa de Papel» es un sello generalista en el que cabe de todo, desde un recetario hasta un libro técnico (MurciaLibro es más literario). No obstante, se sigue ofreciendo la autoedición a autores que demandan expresamente esta modalidad o a otros cuyas obras no alcanzan el nivel de calidad o interés general que sería deseable para encauzarla hacia una edición tradicional; en tal caso, a estos autores se les propone -a su pesar- la autopublicación, siempre que haya un proceso previo de corrección y pulido tras el cual la obra pueda ser recuperable y susceptible de tener una digna viabilidad.

Para estos autores, ¿qué significa la oportunidad de acudir a actos como ferias del libro?

Las ferias del libro son la fiesta de la literatura por excelencia, donde socializamos todos los agentes que formamos la cadena editorial, desde los propios lectores (que gozan de la posibilidad de poder intercambiar unas palabras personalmente y conseguir una dedicatoria de sus autores preferidos), hasta los escritores, que se visibilizan y tienen la ocasión de conocer y charlar cara a cara con editores, agentes literarios, etc. Más allá de la venta de libros —que no es nada despreciable ya que, por suerte, la gente viene predispuesta a la compra– las ferias son enriquecedoras esencialmente por la múltiple interacción personal y profesional que se produce en las mismas.

¿Es obligación del editor, si un libro no cumple ciertos requisitos de calidad, advertir al autor e incluso negarse a publicar?

El mundo está suficientemente lleno de libros malos como para que nos prestemos a incrementar esa cifra. Además, seríamos más culpables que el propio autor, el cual, a fin de cuentas, lo ha escrito lo mejor que ha sabido. Lo nuestro, sin embargo, habría sido premeditado y quizá movido por intereses espurios. En edición tradicional, no creo que un editor publique libros malos a sabiendas. El peligro puede estar en cierta autoedición oportunista, de la que muchos han hecho un negocio boyante en cual se publican libros a destajo sin filtros y sin concederles una corrección mínimamente cuidada. Eso, además de contaminar el mercado, representa una flagrante ofensa para el lector.