Victor Martínez-Carrasco Guzmán, diputado del Grupo Parlamentario Popular en la Asamblea Regional

Paseando por nuestra historia edificada a través de las calles sinuosas del casco histórico de Mula, Caravaca, Cehegín o Moratalla, o cualquier otra localidad, descubro un rincón que quiero guardar en mi recuerdo. Mi frágil memoria me invita a inmortalizar este momento y este lugar en mi cámara fotográfica, de ahí mi esfuerzo por buscar el encuadre óptimo. No lo tengo fácil. Intento evitar los cables, los carteles, los vehículos, esa fachada con grafitis, tendederos y aparatos de climatización.

Confío en poder excluir de mi foto todo aquello que contamina lo que estoy percibiendo ahora, que aún con todo, créanme, tiene un gran encanto.

Normalmente, los vecinos del lugar no vamos haciendo fotografías porque tenemos muy visto nuestro entorno, y por tanto percibimos este de modo distinto al visitante.

Nuestros Centros Históricos, y en particular los de nuestra querida comarca, encierran mucho más de lo que vemos, contienen elementos de extraordinaria belleza que componen un paisaje digno de ser fotografiado, pero que está siendo tristemente banalizado.

Es por ello que hace poco hemos promovido desde el Partido Popular una iniciativa en la Asamblea Regional, respaldada unánimemente por todos los grupos políticos, para planificar acciones concretas que ayuden a mejorar nuestro Paisaje Urbano en entornos Históricos.

La normativa por sí sola no protege ni ayuda. No es cuestión solo de redactar normas. Normas que, por otro lado, habitualmente se desconocen.

Desde los estamentos públicos tenemos la obligación, no solo de regular, sino de explicar el sentido de algunas protecciones y recomendaciones y, sobre todo, de aportar soluciones.

La arquitectura de nuestros Centros Históricos fue sumisa a las condiciones geográficas y climáticas. Fue realizada por las gentes del pueblo, sin buscar premeditadamente un valor estético definido. El resultado que hoy conocemos lo es por dar respuesta a las necesidades del momento, y ese valor histórico que encierra es el que debemos cuidar.

Las calles quebradas son definidas por casas surgidas de la repetición aprendida en el uso del propio oficio por el constructor de la época, sin innovaciones aparentes, pero que sin embargo, en algunos casos contienen elementos de extraordinaria belleza que componen un paisaje digno de ser fotografiado.

Sin embargo, la principal responsabilidad de mantener este legado recae normalmente en el propietario del inmueble, que tan solo ve en estas normas, un impedimento que en nada le anima a vivir ahí, dentro de un área delimitada en un plano donde aparentemente todo son restricciones e inconvenientes.

Por ello, proponemos acciones concretas, que traduzcan las restricciones en oportunidades, y lo queremos hacer nuevamente a través del paisaje.

Porque cuando hablamos de eliminar cableados, lo hacemos también de mejorar infraestructuras; cuando sustituimos carpinterías y cubiertas, mejoramos la eficiencia energética de las viviendas; cuando rehabilitamos respetando los elementos tradicionales, hablamos de empleo, de recuperar oficios y de sostenibilidad; mejorando accesibilidad, mobiliario urbano e imagen en comercios, trabajamos en favor del turismo.

Debemos promover las buenas prácticas, premiar y bonificar a quien más se esfuerce en la consecución de unos objetivos de calidad, favorecer la colaboración público-privada, fomentar el respeto y el conocimiento de nuestra historia, flexibilizar muchas normas. Hacer más atractivo un espacio que siempre lo fue.

Mejorando nuestro paisaje urbano no solo haremos más fácil la fotografía del inicio, haremos más fácil la vida de nuestros vecinos, y esto, bien merece el esfuerzo.