FÉLIX MARTÍNEZ/FILÓSOFO

ASOCIACIÓN ESPACIO DE ALCOBA

¿Quién no ha leído alguna historia de fantasmas? ¿Quién de los lectores no ha visto alguna película de fenómenos paranormales? ¿Quién no ha escuchado alguna historia de miedo? Aquí vamos a tratar de ver si es posible que exista una relación entre los llamados fenómenos o eventos paranormales y la filosofía. En un principio podría parecer dos concepciones que se encuentran en las antípodas el uno del otro. Podríamos pensar que lo paranormal se encuentra dentro del ámbito de aquello que, por su propia naturaleza, no se puede racionalizar o clasificar como tal. De otro lado, nos encontramos con la filosofía. Disciplina esta que pretende ofrecer un carácter racionalizador sobre todo aquello que es capaz de versar.

Immanuel Kant

El mayor acercamiento entre estas dos esferas tuvo su mayor esplendor en el siglo XIX. No es casualidad que se sitúe en este siglo pues en él tendremos en gran auge del interés por el espiritismo. Para algunos pensadores la metafísica, una rama de la filosofía, no deja de ser más que un espejismo de la razón, más cercano a lo especulativo-imaginativo que, a lo propiamente racional, pues sería la razón razonando sobre sí misma, lo que supondría, en sí mismo, un misterio. Al fin y al cabo, si la filosofía nace del asombro ante lo desconocido, no parece que sea tan distinto esto de lo llamado “mundo de lo desconocido” cuando se hace referencia a lo relacionado con el espiritismo.

Aunque pueda resultar algo sorprendente uno de los filósofos que más influyó en la relación entre la filosofía y los fenómenos paranormales fue Kant. En base a dos de sus ideas, como son la cosa en sí y el sujeto trascendental, comenzaron a replantearse, con el intento de una base más sólida las reflexiones entorno a este peliagudo tema. No es este el lugar para analizar las ideas kantianas antes mencionadas -si se quiere hablar de estas ideas podéis hacerlo a través de nuestro correo espaciodealcoba@gmail.com-.

Sobre la cosa en sí diremos que esta fue entendida como una suerte de Voluntad irracional inconsciente que era capaz de hacer conectar a los individuos. Claro está que esto se encontraba alejado de cualquier forma de razonamiento que se pudiera ver afectado por la exposición de la problemática del mundo de los espíritus. En efecto, la supuesta irracionalidad de los fenómenos paranormales era tratada, de forma racional, desde una perspectiva que jugara el mismo rol de irracionalidad.

De otro lado, tenemos al sujeto trascendental kantiano, con el cual podemos encontrarnos con que las estructuras a priori nos darían los cimientos necesarios para establecer una conexión, sin necesidad de experiencia alguna, para establecer un análisis del mundo de los espíritus.

Esto es solo una pequeña muestra de lo que la filosofía aportó a este ámbito en el siglo XIX. Además, se puede entender mejor el cómo la filosofía es una gran entrometida en prácticamente cualquier campo en el que se pueda dilucidar cualquier cuestión.