JAIME PARRA

A las 12:00 horas las campanas de la parroquia de Bullas repicaban con intensidad. Muchos se preguntaban el porqué, ya que pocos sabían aún que Bullas sumaba un nuevo obispo. A los obispos Antonio García y García y Alfonso Ródenas García se une Mons. Fernando Valera Sánchez, nombrado por el papa Francisco I obispo de la diócesis de Zamora.

Fernando Valera es, en la actualidad, director espiritual de los seminarios Mayor de San Fulgencio y Menor de San José, canónigo de la catedral de Murcia y miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis de Cartagena.

El obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, ha mostrado su alegría por este nombramiento que es «un regalo para la Diócesis y es también un reconocimiento a la calidad del presbiterio de la Iglesia de Cartagena». El prelado ha dado gracias a Dios «por la voluntad expresa del Santo Padre para que Valera sirva en la Iglesia de Zamora» y ha pedido oración por su nueva tarea.

En sus primeras palabras, y desde la emoción, Mons Fernando Valera ha recordado el papel importante de sus padres, de los que aprendió «a trabajar y a vivir dando la vida». También ha tenido presentes en sus primeras palabras a sus hermanos, familia y amigos; con una mención especial a la Diócesis de Cartagena, a los sacerdotes y a los distintos miembros de los equipos de los seminarios, de los que es director espiritual desde 2011.

¿Cómo ha recibido este nombramiento?

Al principio con temor y temblor. La Iglesia me pide de nuevo algo cuando parece que uno tiene ya su lugar. Y, por otro, es saber que haces la voluntad de Dios. Es un cruce de sentimientos muy grande, pero todo se irá asentando.

Usted es el tercer bullero que alcanza la dignidad de obispo, ¿han sido los anteriores una guía?

Nosotros en Bullas tenemos dos referencias de antes del Concilio del Vaticano II. Don Antonio García fue del primer grupo de estudiantes de España que empezó aquella aventura del Colegio Español de Roma. Don Alfonso fue obispo de Almería y su trabajo y dedicación fue más cercana. Reconstruyó la diócesis en los años 40 y 50 Eran gente con muchas ganas de trabajar y muy en el Señor.

Como curiosidad, en la pila de la Parroquia fueron bautizados los dos anteriores obispos, ¿también usted?

Yo también estoy bautizado en esa pila, y es un orgullo para mí, no solo porque estén los obispos, sino tantos amigos, tantos compañeros, tanta gente que hemos recibido el agua del bautismo en esa pila de mármol de Cehegín tan emblemática para nosotros.

¿Cuándo comienza su vocación?

Sobre todo la sacerdotal empieza cuando yo estaba haciendo COU, y pensaba mi futuro. Yo estaba estudiando ciencias y en un grupo de oración con las Hermanas del Amor de Dios, con Sor Teresa, y allí empezó la inquietud, y pensé esto se resuelve dando el paso y viendo si es realmente lo que el Señor me pide. Y empezó una aventura como aquí estoy empezando otra aventura.

Entre los religiosos que conoció, ¿quién diría que le marcó en su camino?

Don Julián, que en aquel momento era el vicario parroquial. Estaba también don Luis, que es entrañable y queremos con un corazón grande. Pero el que nos marcó, con sor Teresa, fue don Julián, con un estilo de vida sencilla, cercana a toda la gente,. Con 80 años sigue en La Copa de Bullas y es entrañable, yo lo quiero, ha sido misionero, entregado a los pobres. Siempre es un ejemplo y un gozo tenerlo como referencia.

¿Cuál ha sido la reacción de su familia al enterarse del nombramiento?

De mucha alegría pero también de sorpresa, porque como lo tienes que llevar en secreto pues un poco antes de que se hiciese público se lo comuniqué. Mañana [domingo 1 de noviembre] voy a comer con ellos una comida típica de invierno de las que en Bullas nos gustan mucho.

¿Qué ha aprendido y qué puede trasladar a los cristianos sobre esta pandemia?

Creo que en el primer confinamiento aprendí un poco más la alegría de servir. Me tocó estar en el seminario cuidando a gente que tenía COVID, acompañándolos al hospital, llevándoles comida, colaborando en Cáritas en el Barrio de la Paz, que es un barrio muy pobre de la ciduad de Murcia. Como fue todo pensando en los demás, pensé “el Señor nos ha regalado la alegría de servir”. No puede irse la esperanza, tenemos que estar cercanos a los enfermos y a todas las personas que han perdido a un ser querido.

¿Le gustaría decirles algo a las personas de Bullas?

Quiero decirles a mis paisanos que un abrazo de corazón, lo celebraremos con el Señor y con las medidas que nos permita esta pandemia, para mí es una alegría y un apoyo el ser de Bullas. Ejerzo de bullero, siempre me ha ha gustado mi tierra, la llevo en el corazón. Bullas estará muy presente en el escudo episcopal: en él estará representado el escudo de Bullas.