José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de la región de Murcia, de Caravaca y de la Vera Cruz.
Una de las más firmes promesas que el S. XX aportó al mundo del espectáculo local, cuya vida artística se truncó por su muerte prematura, con taFernando, con su mujer y su hijo Manueln sólo veinticuatro años, fue la de Fernando Guerrero Sánchez, con quien se puede afirmar comenzó la actividad lírico musical caravaqueña que, tras pasar por diferentes épocas y por tiempos de mayor y menor esplendor, ha llegado a nuestros días.
Fernando Guerrero nació en la C. Nueva en abril de 1913, en el seno de la familia formada por Manuel Guerrero Medina (administrador de las fincas de la familia Jiménez-Girón) y Ana María Sánchez Beltrán, siendo el primero de los cinco hijos que aquellos trajeron al mundo y a quien siguieron Luisa, Paco, Pepa y Manuel.
Aficionado a la poesía desde niño, hizo sus estudios primarios en el antiguo y desaparecido Colegio del Salvador que abría sus puertas a la C. de Mairena, y posteriormente en el Colegio Niño Jesús de Praga que regentaban los PP. Carmelitas en La Glorieta. Allí obtuvo su Diploma de Honor en 1926 según Título que conserva la familia, firmado por el director del centro Fr. Ángel María en el citado año. El servicio militar obligatorio lo hizo en Murcia y se libro de luchar el alguno de los frentes bélicos durante la guerra civil por su incipiente enfermedad.
Se incorporó a la vida laboral en la Oficina Sindical ubicada en la C. del Escritor Gregorio Javier (entonces Ródenas), donde tiempo después y durante años vino funcionando la expendeduría de las quinielas, incorporándose posteriormente a la plantilla de empleados del Banco Central (entonces en la C. Mayor), donde fue persona reconocida, gozó de la confianza de la entidad y concluyó su vida laboral.
De ideología izquierdista moderada (fue miembro de las Juventudes Socialistas), en el seno de una familia tradicionalmente de derechas, y vinculado a la intelectualidad local de la época, frecuentó las tertulias con los intelectuales locales que se movían en el mundo de la literatura y la música como Elías Los Arcos, Julián Rivero, José López González, Diego Cortés y otros, quienes se reunían en bares como Los Yemas, Romera (de la Plaza Nueva), y en el Bar León de la Plaza del Arco entre otros.
Su formación literaria fue totalmente autodidacta, complementándose perfectamente con su cuñado y músico el ya citado Diego Sánchez Cortés, hermano de su mujer Dolores Sánchez Cortés, de quien fue novio desde los 18 años y a quien conoció durante los ensayos de una de sus obras, contrayendo matrimonio con ella en 1940 y estableciendo el domicilio familiar en la Pl. Nueva, donde vino al mundo su único hijo: Manuel, en el mismo año 1940.
Su inclinación al mundo de la Literatura le llevó a montar veladas literarias en el Casino (entonces junto a la Compañía) y en el Círculo Mercantil, llevando a cabo los ensayos y las representaciones de mayor envergadura en los teatros Tuhillier y Cinema. La que podríamos considerar como su «opera magna» fue la zarzuela VERBENERAS, estampa lírica de costumbres madrileñas, en un acto, a cuyo texto puso música Diego Cortés, la cual fue estrenada con extraordinario éxito en el Gran Teatro Cinema el día 22 de diciembre de 1934 (y publicada al año siguiente en la imprenta local de Julián Rivero), en la que intervinieron, entre otros, Carmen Herrera, Lola Sánchez Cortés (su mujer), María Alburquerque, María Rivero, Ramón Martínez (el Pera), Antonio Herrera, Manuel Villena, José Sánchez, Gonzalo Muñoz, José María Gómez, Juan Marín y mi padre Gustavo Melgares entre otros. La trama de la obra tiene lugar en el Madrid de la II República y su estreno constituyó un verdadero acontecimiento social y artístico que le dio la fama local que le acompañó a lo largo de su corta vida. El denominado Chotis de las chulapas, la Habanera de la Sole y Granzones y el pasodoble Granzones (torero madrileño de este nombre interpretado por Ramón el Pera), son piezas que tienen su propia personalidad independientemente del contexto de la obra.
De su producción literaria se ha perdido mucho, como sucedió con la de otros escritores locales de la época (que escribían a veces sobre servilletas de papel del bar donde se reunían, e incluso sobre el propio mármol de las mesas de dichos bares). Sin embargo se conservan temas como Barquitos de papel y El molino de la alegría (este último fechado en 1939).
Guerrero formó parte de la Sociedad General de Autores (la actual y controvertida SGAES), de la que apenas si percibió dinero, viviendo y sacando adelante a la familia de su sueldo en la entidad bancaria donde trabajaba.
Su aspecto, siempre enfermizo desde la niñez, le acompañó a lo largo de su vida, como pronosticando con mucha antelación la dolencia pulmonar que le llevó a la tumba la tarde del 24 de junio de 1943, mientras en la Plaza del Egido tenía lugar una corrida de toros.
Durante años, los supervivientes del reparto de Verbeneras, al igual que sus familias, amigos y conocidos, recordaron con agrado aquella zarzuela, sobre todo el papel de Granzones. La casa de mis abuelos paternos fue una de aquellas en donde el recuerdo de dicha obra se mantuvo vivo durante lustros y donde quien esto escribe comenzó a admirar a la persona y la obra creativa de Fernando Guerrero.
Cuando años más tarde, el grupo artístico de la cábila mora festera de Los Rifeños, bajo la dirección de Matías Albaracín, comenzó su actividad lírica, para obtener fondos con los que sufragar sus presencias en la escolta de la Stma. Cruz cada año, durante las fiestas a Ella dedicadas, siempre planearon las figuras y las obras de Guerrero y Sánchez Cortés, quienes sin duda alguna plantaron la semilla de la actividad lírico-musical que en la actualidad mantiene viva y muy activa José Antonio López Navarro (Jata), junto a un espléndido grupo de músicos y actores que se integran en la compañía Emilio Tuhillier.