POR PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Confeccionamos esta colaboración la misma noche del día de su fallecimiento, pero, precisamente, por estarse elaborando el número extraordinario de «El Noroeste», dedicado a las fiestas patronales de Caravaca de la Cruz, la edición ya estaba en la imprenta y hemos tenido que dejar su publicación para la presente semana. Todo el colegio se muestra triste y consternado cuando fallece el profesor. Y, en esta ocasión, se nos ha ido un verdadero maestro que ha impartido enseñanza a muchos «alumnos» de auténtico postín, hoy comunicadores que, sin ser de su talla, porque, él, era irrepetible, sí ofrecen su sello, denotan su escuela, atesoran su perfil profesional y lucen su manera de enfocar, entender y concebir la información. No resulta fácil decir que se nos ha ido «para siempre» el inolvidable JesúsHermida, quien era Pineda de segundo apellido (27-06-1937, Ayamonte-Huelva-España/04-05-2015, Madrid-España). Hijo de unafamilia de pescadores y huérfano de unpadre que desapareció en el mar, son datos que nos sitúan en lahumildad, dificultades y capacidad autodidacta de un periodista que se forjó a sí mismo.En estos días, todo el mundo hablará de su interminable relación de premios, porque son muchos los que ha ganado y muy merecidamente, además de dirigir importantes empresas y grupos de comunicación y convertirse en el fundador y primer presidente de la «Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión de España». Pero nosotros queremos dedicar nuestro espacio al personaje, a su forma singular de hacer periodismo en televisión, en radio y en prensa, a su peculiar y muy particular escenificaciónpara comunicarse y a ese «él» que tenía tan destacadamente marcado y que le identificaba a mucha distancia, tanto por el timbre de su voz como por su gesticulación y, muy especialmente, por sus exasperantes pausas en la informacióncon las que parecía que no tenía continuidad o que no sabía lo que iba a decir cuando, en realidad y siempre con sobrados argumentos y recursos de lo más rebuscado, no era más que una forma propia de comunicar a sus telespectadores, como si estuviera con ellos en el cuarto de estar de casa, mostrando la misma naturalidad que se manifiesta entre amigos, en vez de «encorbatarse» y colocarse en esa posición rígida, inalterable y modélica que parece exigir la pantalla, salvo en el caso de este monstruo de la ondas al que escucharle era un deleite y conocer la información, por él, un verdadero lujo y una garantía de rigor, porque Jesús Hermida era exigente, muy exigente con su gente, con sus «alumnos», con las muchas personas que, él, «ha puesto en solfa» para este mundo del periodismo, pero con quien más exigente resultaba siempre era con él mismo. Por eso, «sus aprendices» le querían, le admiraban y hasta le veneraban.Le gustaba medir los movimientos, calcular las pausas, dejar al oyente que «rumiara» lo acontecido y quese dispusiera a seguir «engullendo» para quedar plenamente documentado con su relato informativo.
Nos llevó hasta la luna con su narración
Jesús Hermida era siempre novedad, sorpresa, imaginación, cercanía y detalle, mucho detalle en todo loquetransmitía. Nosllevó hasta la luna con su narración. Y, lo que podía ser aburrido o tedioso, resultó apasionante en su voz, gracias a susconocimientos siempre profundos e inacabables. Así, pues, nosaproximó a New York para hacernos esa ciudad más alcanzable; nos paseó por Broadway; nossituó en el Madison Square Garden; nos elevó al Empire State Building; nos condujo, toda a través dela pequeña pantalla, a la isla de la Libertad;usó de fondo de su imagen, como balcón de decoración del estudio desde el que nos hablaba, unapostal dela Casa Blanca; nos hizo más sencillo comprender lo que era el Pentágono; nos adentró en «The Metropolitan Museum of Art»y nos presentó las Torres Gemelas cuando todavía estaban erguidas y desafiantes, antes del 11-S del año 2011 y tras su inauguración, el día 4 de Abril de 1973; nos hizo pasear por el distritometropolitanode Manhattan para disfrutar del Central Park y seguramente lamentó regresar de New York, a España, en 1978, cuando dos años después, concretamente el día 8 de Diciembre de 1980, supo que no pudo darnos, él mismo, la noticia que se produjoa las puertas del edificio Dakota, ese histórico inmueble que concluyó su construcción en 1884 y cuyo diseño corrió a cargo del mismo arquitecto quetambién diseñó el mítico Hotel Plaza. Fueron inquilinos o propietarios ilustres del Dakota, entre otrosmuchos, Judy Garland, Boris Karloff, Leonard Bernstein, Lauren Bacall. Jennifer López, Marc Anthony, Bono y Ali Hewson (su esposa), Sting, Paul Simon o Roberta Flack. También ha sido residencia de famosos cantantes como John Lennon (su viuda, Yoko Ono, sigue manteniendo esa mismavivienda). Y a él, al «ex» de «The Beatles», nos referíamos con la fecha anteriormente indicada, ya que fue el día en que el «inoportuno» Mark David Chapman, le asestó cinco tiros, ala entrada del referido y emblemático edificio, que acabaron con su vida. La noticia, sin duda, no podría haber sido más dramática, pero, en el relato de Hermida, seguro, hubiera resultado mucho más documentada, realista, luctuosa y «viva», como todo loquehacía el maestro onubense, quien fue, como nadie puede discutir, el prototipo del corresponsal de televisión, el decano, el maestro y el más genuíno de losinformadores internacionales que,además deestar siempre al pie de la noticia, esclavo de su evolución, nos servía la anécdota, el chascarrillo internacional y hasta se adelantaba, con esas informaciones, al futuro más inmediato, prediciendo loque, «muy probablemente», como él anunciaba, iba a ocurrir en los Estados Unidos de América en materias y acontecimientos dediversa naturaleza. Era, indefectiblemente, el corresponsal de corresponsables, el narrador más documentado y espontáneo que trabajaba sin descanso y que se mostraba, siempre, con unanaturalidad muy particular, como el innovador del periodismo, enamorado de su profesión, que también supo ver el mundo demanera más informal, aunque nunca con frivolidad, a través del magazine, porque, como él afirmaba, no estaba reñida unafórmula decomunicación con la otra, ya que, ambas, «podían y tenían que hacerse bien», sentenciaba. Y no sabríamos aventurar si era extremadamente riguroso o si, él mismo, era lamás viva representación del rigor informativo, tanto en sus apariencias como en susexigencias y comportamientos.
Con la noticia siempre «horneada» y dispuesta
Recordamos con cariño aquel programa que, con un panel enorme de pantallas, cada una dedicada a un corresponsal de TVE en el extranjero, presentaba y dirigía Federico Gallo Lacárcel, quien fuera, luego, y todavía en el régimenpolítico anterior, GobernadorCivil de Murcia. El programa llevaba por título «Hilo Directo» y, como recordarán los lectores, se presentaba con una sintonía que triunfó en el mundo entero amanos de un grupo musical español. Hablamos de «Bring a little lovin», de «Los Bravos», que servía para conectar con elmundo a través de esas pantallas, unprograma en el que, habitualmente, cobraba especial protagonismo Hermida, porque siempre tenía «horneada»y dispuesta la noticia americana para este formato televisivo que le valió a Gallo para conseguir el preciado «Premio Ondas de Televisión», especial del Jurado, por su labor al frente de esta emisión dela que seguro que recuerdan los lectores menos jóvenes a legendarios corresponsales en el extranjero, de aquella época, como Francisco Narbona, Cirilo Rodríguez, José Antonio Plaza y tantos y tantos otros que se convirtieron en cara internacional delainformación en cada país en el que se hallabandestinados.
Todo un artista y un verdadero showman televisivo
A su regreso a España presentó y dirigió destacados programas que contaron, siempre, con la atención y elreconocimiento colectivo, tales como «Su turno», «De cerca», «A mi manera», «La Hora H» o «Por lamañana», tanto en TVE como en Antena 3-TV, pues había pasado a ser uno de los periodistas más codiciados por las nuevastelevisiones que comenzaron sus emisiones en España con carácter privado. Y no queremos agotar nuestro espacio (necesitaríamos varias páginas para ser justos con él) sin referirnos a esas «Chicas Hermida» que lanzó y «bendijo» para el mundo dela comunicación, tales como Inma Soriano, Nieves Herrero, Miriam Díaz Aroca, Consuelo Berlanga y tantosy tantos otros, mujeres y hombres, que no es poco lo que le deben a este hombre generoso y profesional como el que más, al que, cuando se leencargabala presentación de un programa, era su mayor afán hacerlo diferente, conseguirlo atractivo y sacar de su particular baúl la esencia de sus ampliosy muy variados recursos comunicadores e interpretativos, porque, en realidad, era todo un artista y un verdadero showman que siempre manifestó que lo más emocionante que vivió, en su dilatada carrera periodística, fue lamadrugada del sepelio de Robert Kennedy. Y eso que, porañadidura, nos había acercadoa los presidentes estadounidenses que gobernarondurante su estancia en tierras americanas. Este lujo del periodismo que ha sido Jesús Hermida nos ha abandonado con unos «jóvenes» 77 años, víctima de un repentino e inesperado infarto cerebral. Hoy, mejor que «descanse en paz», que también, vamos a decir,por sentido y merecido, que «te recordaremossiempre, Jesús, como maestro de todos los queamamos el mundo delacomunicación», porque tu desaparición es una inaceptable realidad y no aquello que tu solías aventurar con tu característico «se dice, se comenta, se rumorea, se especula y hasta se asegura que…». Buenos días.

Pedro Antonio Hurtado García
es Director de Zona de CAJAMURCIA-BMN
en el Noroeste murciano