PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

A veces se nos van figuras secundarias que, con su ausencia, son capaces de oscurecer la labor del protagonista principal. Es el caso de  Laura Aymerich, la “toda la vida” guitarrista inseparable del cantautor catalán y abanderado de la “Nova Cançó” catalana, Lluís Llach, quien le dedicó una canción que estrenó, nada más terminarla de componer, hace, ahora, casi 34 años. Es, sin duda alguna, una de las canciones más profundas y entrañables del cantautor catalán gerundense, nacido en Verges. Laura, como canción, ofrece una historia tan magnífica como especialmente emotiva.

Digamos, antes, que Laura Aymerich acompañó a Lluís Llach, como guitarrista, desde siempre, incluso en sus inicios y en su exilio, sumando un total de 38 años a las órdenes del autor de “L’estaca” (1974). Cursó estudios de piano en el Conservatorio barcelonés y, no conformándose con esa enseñanza, se incorporó a la carrera de guitarra, bajo la tutela y magisterio del maestro Tarragó. Volviendo al pasado de esos casi 34 años reseñados, el catalán le entregó una partitura a Laura, justo al filo del inicio de un concierto, comentándole que acabada de componerla y que no había tiempo para el ensayo. Era la canción a ella dedicada y que al compositor le inspiró la propia guitarrista, aunque la interesada no lo sabía. Solamente tenía que hacer el esfuerzo de interpretar la partitura cuando se ofreciera la canción. Ella y el resto de músicos se encaramaron al escenario y, cuando el concierto estaba sobre la mitad, Llach inició la interpretación de la canción.

Emocionante sorpresa.-Al percibir Laura que se trataba de un tema a ella dedicado, no pudo contener la emoción, se desbordaron sus lágrimas y el “solo” de guitarra, creado para lucimiento de la artista, se rompió sin ser terminado ante su derrumbe físico, embargada por la incontenible emoción. Fue un concierto ofrecido en el “Camp Nou” que, además, resultó televisado, con lo que se pudo ampliar la participación de asistentes presentes, que superó las 100.000 personas en el estadio, exactamente el día 6 de julio de1985. La emoción fue el denominador común en las gradas. La canción se convirtió en una de las más populares del amplio repertorio del cantante y pianista, hasta tal punto que siempre era coreada por el público en sus conciertos posteriores. El tema está incluído en su disco titulado “Campanades a morts”, quizás las mismas que anunciaron el fallecimiento de la guitarrista, con 78 años, después de soportar una larga y penosa enfermedad como la que afrontó Laura Aymerich Santacreu (03-07-1940, Barcelona-España/14-06-2019, en el mismo lugar de nacimiento). Llach también le dedicó a la inseparable compañera el tema titulado “Roses blanques”, canción que abre el disco del mismo título.

Era, Aymerich, una artista colmada de sensibilidad, dulzura interpretativa y gusto por la instrumentación. Descanse en paz.