PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

No ha tardado el año 2018 en “estrenarse” con nuevos fallecimientos de artistas musicales. Y el siempre inoportuno y desagradable “estreno” le ha tocado a una mujer de bandera, tanto en lo artístico y musical como en lo personal y en su condición de mujer de estilizada figura, atractivo físico y grandes valores humanos y artísticos. Isabelle Geneviève Marie Anne Gall (09-10-1947, París-Francia/07-01-2018, Neuilly-Sur-Seine-París-Francia), más conocida como France Gall, querida, valorada y considerada por su popularidad como modelo, actriz y cantante, un auténtico mito de la canción francesa que ocupó relevante espacio en las siempre “décadas doradas” del pasado siglo XX: años ’60 y ‘70. Había sido hospitalizada como consecuencia de una severa infección, a causa de un cáncer de pecho, que inicialmente superó. A continuación, sufrió otro “golpe bajo” con el fallecimiento de su hija mayor, Pauline, en 1997, derivado de complicaciones en la fibrosis quística que padecía, lo que aprovechó para poner fin a su carrera artística y dedicarse, entonces, a las acciones humanitarias. Pero sin olvidarnos de que se mantuvo fuerte, firme y decidida en su constante desafío a una recaída del cáncer, en una lucha sin cuartel por su discreción y dignidad ante la cruel enfermedad.


Éxito a los 16 años.- La intérprete, de nombre real Isabelle, como ya indicamos al principio, optó por su identificación artística, al comienzo de su carrera, porque, en ese momento, el protagonismo, en Francia, estaba dominado por Isabelle Aubret, otra cantante de prestigioso lujo de la época. Era su padre Robert Gall, cantante y autor de canciones de éxito compuestas, por él, para artistas de la talla de Edith Piaf, Charles Aznavour o Cécile Berthier. A su padre le debe, además, el interés que demostró para que la fallecida comenzara a practicar piano desde los 5 años, a lo que sumó la guitarra, a los 11. Y, no satisfecho con ello, en su adolescencia, le animó a llevar al estudio temas que, él mismo, presentó al editor Denis Bourgeois, en 1963, a quien le sedujo tanto su voz e imagen que no dudó en contratarle, sin ninguna pérdida de tiempo, haciéndole firmar para la discográfica Philips, en la que Bourgeois era director artístico y en la que, además, prestaba servicio el compositor Serge Gainsbourg, con el que Gall ganaría el “Festival de Eurovisión”, en 1965, y del que, ahora, hablaremos. Transcurría Octubre del citado año, con los 16 recién cumplidos, cuando su voz comenzaba a escucharse en la radio, época en la que se colocó dentro de los 50 mejores temas, en ventas, su canción “Ne soit pas si bête”.

Familia.- También su madre, Cécile Berthier, era hija de Paul Berthier, cofundador del coro “Los Pequeños Cantores de la Cruz de Madera”. Prima, igualmente, del guitarrista Denys Lablé y del compositor Vincent Berthier. Cuenta con dos hermanos mellizos, mayores que ella, de nombres Claude y Patrice, que eran bajista y guitarrista, respectivamente, lo que genera en su entorno un clima musical verdaderamente atractivo desde su más tierna infancia. Fue su, entonces, director artístico el que le propuso a Serge Gainsbourg, quien fuera esposo de la gran estrella Jane Birkin, que trabajara en su actividad compositiva para la prometedora estrella, lo que se vio reflejado en “N’écoute pas les idoles”, pieza que logró situarse en lo más alto de las listas musicales francesas, en Marzo de 1964.

Descarada dosis de erotismo.- Se produjo la ruptura, entre ambos, después del escándalo generado por la canción titulada “Les Sucettes”, de 1966, que el gran compositor había escrito para fortalecer el repertorio de ella. Su descarada dosis de erotismo arrojó, sobre su proyección artística, serias consecuencias de imagen que enojaron a la intérprete. Pero, antes, Serge Gainsbourg contribuyó a lanzarle, llegando a vender dos millones de ejemplares de su disco denominado “Sacré Charlemagne”, (1964), así como el afamado tema “Poupée de cire, poupée de son”, un año después, partitura con la que se alzó con el máximo triunfo en el “Festival de Eurovisión”, en representación de Luxemburgo.

Grandes maestros.- Fue su primer sencillo “Ne sois pas si bête”, un tema con compases de twist que le encumbró a los 16 años, quizás el momento más emblemático en su desarrollo profesional, para realizar su debut en directo en 1964, actuando como telonera en los espectáculos de Sacha Distel, en Bélgica. Mientras las chicas “ye-yé” de la época se escudaban en las adaptaciones al francés de grandes éxitos en la lengua de Shakespeare, France Gall iba creándose su propio repertorio original, amparada por compositores de enorme prestigio que pusieron mucha fe en la cantante, aunque no faltaban las discusiones entre ellos, porque la intérprete gustaba de hacer valer sus preferencias musicales, mientras los veteranos trataban de imponerle lo que más vendía y más aceptado era en las tiendas de discos. La artista goza del orgullo, prestigio y honor de contar entre sus compositores con talentos tales como su propio padre, además de Gérard Bourgeois, Joe Dassin, Frank Thomas, Jean-Pierre Bourtayre, Maurice Vidalin, Jean Dréjac, Jacques Datin, Eddy Marnay, Pierre Delanoë, Guy Magenta, Alain Goraguer, Hubert Giraud, Gilles Thibaut, Georges Liferman, Jean-Michel Rivat, Jean-Max Rivière, André Popp y Jean Wiener, entre otros muchos.

Múltiples actividades.- Hizo espectáculo de radio y circo en vivo, popularizó canciones como “Attends ou va-t’en” (“Espera o vete”) y “Nous ne sommes pas des anges” (“No somos ángeles”), sin olvidarnos del sencillo, con reminiscencias de música country, titulado “L’Amérique”, de Guy Magenta y Eddy Marnay. Cine, televisión, colaboraciones con figuras mundiales y otras muchas actividades han contado con la participación de esta rutilante estrella que nos deja con 70 años, un honrado abandono artístico en base a una prolongada enfermedad y un respeto en su Francia natal y en todo el mundo que dicen mucho en su favor. Sus canciones perdurarán para siempre y su estilo y su impronta estarán siempre presentes en la memoria y la discografía de los buenos aficionados. Descanse en paz una mujer que nos deja huérfanos de su voz, su belleza indestructible, su grandeza humana y su calidad artística inimitable. Buenos días.