Pedro Antonio Hurtado García

Enorme listado de composiciones, grabaciones triunfadoras intercontinentalmente, setenta millones de discos facturados, discos que, a la fecha, se siguen comercializando como el primer día. Su música se ha convertido en universal y pasará a la historia de las mejores bandas sonoras del cine, porque, como él decía, “en una película es la música la encargada de que el espectador pueda interpretar aquellos ‘diálogos’ que no están grabados y lo mucho que se suele decir ‘ente líneas’, elementos de interpretación y comprensión del argumento para los que la música goza de unos recursos y un poder especial, en base a su intensidad, ritmo, volumen, sonoridad, instrumentos que intervienen en cada momento, primeros o segundos planos del sonido en cada instante” y tantos valores que el italiano sabía conjugar y aplicar, como nadie, a sus composiciones, algunas tan famosas y respetadas como “Cinema Paradiso”, “La misión”, “Novecento”, “Por un puñado de dólares, “El bueno, el feo y el malo” o “Érase una vez, en el Oeste”, entre centenares de composiciones del gran maestro al que, precisamente, el cine del oeste, o wéstern, es un género que se lo debe todo a él.

Detalles singulares.- El mayor ejemplo es el famoso silbido, en “El bueno, el feo y malo”, tan difícil de interpretar en directo y tocando, simultáneamente, la guitarra, así como la gran colección de sonidos guturales compuestos por el fallecido para esa excelsa partitura, siendo igualmente importante la elección de los músicos que realizaba el maestro para que pudieran garantizar esos virtuosismos e inmortalizarlos tan maravillosamente como, él, consiguió. Ennio Morricone (10-11-1928, Roma-Italia/06-07-2020, Hospital Policlínico de la Universidad Campus Biomédico, del mismo lugar de nacimiento), insuperable compositor y director orquestal, conocido mundialmente como creador de la banda sonora de más de medio millar de películas, así como afamadas series de televisión.

Su vitrina.- Justo un mes hacía, cuando se produjo su fallecimiento, que había sido distinguido con el “Premio Princesa de Asturias de las Artes”, distinción compartida con otro fenómeno de la composición cinematográfica, como es el excelente director orquestal y compositor neoyorkino, John Williams, tres años menor que el fallecido italiano, premios que, pese al óbito de Morricone, se entregarán, como es habitual, a título póstumo, en su caso, en el mes de octubre próximo, en el incomparable “Teatro Campoamor”, de Oviedo. Pero también fue premiado el finado con el óscar honorífico, en 2006, sobre la base de sus insuperables y polifacéticas aportaciones al arte de la música cinematográfica, así como el óscar a la mejor banda sonora, en 2016, por el film titulado “El odioso ocho”, tras su nominación, en seis ocasiones precedentes, en esta misma categoría, lo que le convirtió en el galardonado más longevo, de la jerarquía citada, en toda la historia de los Premios Óscar. Su “vitrina” puede resumirse, además de lo indicado, aunque dejando muchas cosas “aparcadas”, pero, en importancia, mencionemos sus dos “Premios Grammy”, tres “Globos de Oro”, cinco “BAFTA”, diez “David de Donatello”, once “Nastro d’argento” o el “Premio de Música Polar”, en 2010, considerado como el Nobel de la música, entre otros muchos galardones, distinciones, premios y reconocimiento artísticos.

Altura, calidad y valor.- Su obra ha estado presente en más de una veintena de películas galardonadas. Pero que no nos lleve, eso, a pensar que su creación era puramente cinematográfica, ya que también compuso magníficas piezas corales, sinfónicas y de incuestionable altura, calidad y valor. Es cierto que su mayor notoriedad le llegó por su participación en el conocido “spaghetti western”, con películas tan legendarias, triunfadoras y conocidas que no relacionamos. Pero su obra fue mucho más allá en géneros de creación, lo que le sirvió para ser considerado como uno de los compositores más versátiles en toda la historia del cine, amén de ser, indefectiblemente, uno de los más influyentes del pasado siglo XX, gozando de composiciones cinematográficas, alejas del “western”, que han logrado la dimensión de “obras maestras”, sin olvidarnos, por su enorme capacidad artística, que hasta la portada del disco “Novecento”, siendo una adaptación del propio cartel de la película, es toda una obra de arte.

Niño prodigio.- Se inició con la trompeta siendo niño y su primera obra ya la tenía compuesta cuando contaba con seis años. Cursó estudios en la “Academia Nacional de Santa Cecilia”, a la edad de nueve años, donde le inscribió su padre, Mario Morricone, que también era músico. Entró en el conservatorio a los doce años, tomando parte en el programa de armonía, cuya duración prevista era de cuatro años, pero que, él, lo acabó en seis meses. Recibió su diploma de trompeta en 1946 y se inició en el trabajo profesional. Compuso, entonces, “Il mattino” (“La mañana”). Se graduó, en 1954, pasando a convertirse en el llamado “escritor fantasma”, al crear música para películas que, debido a la condición citada, se atribuían a famosos músicos de la época. Pero su popularidad no se hizo esperar, debido, quizás, a la composición de música de fondo para programas de radio, lo que le llevaría, seguidamente, a encaramarse a la gran pantalla.

Carta de despedida.- “Yo, Ennio Morricone, he muerto”. La frase no es inventada, sino el inicio de la carta, escrita por el artista, que dejó para despedirse de su familia y sus amigos, un texto en el que, entre otros valores, “refresca” su amor por su esposa, María. Otra curiosidad del músico surgía cuando se le preguntaba por su composición favorita, rechazando, siempre, ofrecer un título, bajo el argumento de que tampoco un padre tiene un hijo preferido. Pero, en su caso, además, no lo tenemos sencillo sus admiradores, porque determinar una obra suya como exclusiva, única o superior, no es tarea sencilla. El músico era apartadizo y, al mismo tiempo genial, ocurrente y divertido.

Se lo llevó una fractura.- Pero no dejemos en el tintero cuestiones como que en los años ’50 recibió un diploma en instrumentación más otro en composición. Ya, en 1955, se dedicó, como arreglista, a perfeccionar las creaciones de otros compositores consolidados en el cine. Nunca ha dejado de trabajar y goza de creaciones más lejanas en el tiempo, pero también más recientes. Y no ha quedado ninguna década de su vida sin que haya dejado, en ella, su impronta creativa, su “marca”, su estela y su genial capacidad compositiva. Su muerte, a los 91 años, ha sido la consecuencia de las complicaciones derivadas de una fractura de fémur, luego de sufrir una caída, en su casa, hace unos días. Descanse en paz este verdadero maestro que nos trajo gloria musical y nos regaló “argumentos” cinematográficos. Buenos días. ​