POR PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA
En nuestro obituario del pasado número, dedicado a Antonio Morales «Junior», ya hablábamos ampliamente de los muchos músicos, todos ellos de alfonso-sainz-pekenikesgran altura, que fueron componentes de «Los Pekenikes», formación por la que desfilaron indiscutibles maestros del arte del pentagrama y que, en solamente dos días, ha perdido a dos de sus emblemáticos miembros, «Junior», del que ya dejamos amplios comentarios sobre estas mismas páginas y, dos días después, el sensacional músico, y persona discreta donde la hubiera, Alfonso Eduardo Sáinz Amorós, conocido en los ambientes musicales, sencillamente, como Alfonso Sáinz (02-03-1943, Alicante-España/17-04-2014, Viera-Florida-Estados Unidos), quien no solamente era un músico de prestigio y fundador de «Los Pekenikes», sino que, además, era ginecólogo, piloto y un joven bisabuelo que se nos ha ido a los 71 años de edad.
Acabó el bachillerato y, quizás, influenciado por aquellos padres de entonces, quienes nos recordaban el viejo y sabio refrán de «música, caza y pesquera, a la vejez, hambre espera», no quiso quedarse en exclusiva con la música de la que, sin duda, obtuvo rendimiento, popularidad, reconocimiento y éxito, motivo, seguramente, por el que estudió ginecología, profesión que ejercería en la conocida clínica «Ruber Internacional». Contrajo matrimonio con la norteamericana Pamela Wilson, razón, quizás, por la que, más tarde, se trasladó a Orlando (Florida) para ampliar la formación en su especialidad médica y, junto a su compañero en «Los Pekenikes», Ignacio Martín Sequeros, consiguió, por añadidura, el título de piloto. Precisamente, por esa condición de piloto, pudo adquirir una avioneta que él mismo manejaba para sus necesarios y continuos desplazamientos con el ánimo de compatibilizar la música, en España, y la ginecología, en EE.UU., pero esta última actividad clínica hizo aconsejable el alejamiento de sus siempre queridos amigos de Madrid, así como del propio grupo que tantos éxitos le proporcionó: «Los Pekenikes», a cuyos sencillos y muy cercanos componentes, quien esto escribe, tuvo la oportunidad de presentar en público, por vez primera, hace ya más de 30 años, demostrándonos ser, además de grandes músicos y sensacionales artistas, personas sensatas, humildes, muy documentadas y excelentes instrumentistas, lo que les otorga, si cabe, una grandeza añadida muy especial.

Tanya Yordonava, el amor de su vida
Fueron muy numerosos los desplazamientos entre España y Estados Unidos, lugar en el que nacieron sus cuatro hijos: Alfonso Eduardo, Diana Raquel, Christopher Carlos y Judith Ann, quienes también le proporcionaron sus nietos Ryan y Taylor (ellas) y Conner, Anthony y Cristóbal (ellos), amén de sus dos bisnietas Riley y Lauren. Pese a todo, nunca abandonó la música completamente y, lejos de ello, creó nuevas canciones, grabó discos en solitario y, aunque abandonó el terreno musical en los años ochenta, el «veneno» de la profesión «le invitó» a publicar un nuevo disco, en el año 2013, titulado «Tú eres la mujer», ya con los 70 cumplidos. Y ese «veneno» del regreso fue, sin duda, el hecho de haber vuelto a contraer matrimonio, tras su retirada anterior, con la mujer que se convertiría en el amor de su vida: Tanya Yordonava, de la que se mantuvo descaradamente enamorado hasta el final de sus días y a la que le dedicó sus últimas creaciones musicales, grabadas ya en solitario, como es lógico.

«Sin palabras»
Alfonso Sáinz, durante su larga pertenencia a «Los Pekenikes», interpretó, con ellos, una música pop menos convencional que la de los grupos correspondientes a las décadas de los años ’50 y ’60 del pasado siglo XX. Pues, además de las guitarras eléctricas propias de la inmensa mayoría de los grupos de la época, en sus creaciones musicales sonaban mucho los vientos metálicos, gozando de marcada relevancia el saxo, la flauta, el trombón y varios instrumentos más, mientras que las voces brillaban por su ausencia, dejándose notar, aunque muy brevemente, en canciones como «Cerca de las estrellas», «Cuchipe» y muy poquitas más, ya que su instrumentación era tan limpia, brillante, clara y peculiar que se les conocía y distinguía nada más sonar los primeros acordes de sus composiciones, siendo, por añadidura, su disco recopilatorio más completo el titulado «Sin palabras», que ya es bastante significativo. El grupo se creó en Marzo de 1959, en el instituto Ramiro de Maeztu de la capital española, procedentes de una formación amateur anterior llamada «Los Hermanos Sáinz y su conjunto», en la que capitaneaban Lucas y Alfonso, guitarra y saxofón, respectivamente, erigiéndose, esencialmente, el segundo de ellos, el mayor, en el cerebro principal de aquella incomparable banda de tan lejanos y muy fructíferos años musicales, cuyos numerosos e importantes componentes ya reseñamos en nuestro obituario de «Junior» publicado la pasada semana, como ya hemos indicado. Las primeras composiciones que fueron engrosando el repertorio de «Los Pekenikes» les llevaron hacia la llamada «música fender», denominación de una de las marcas de guitarras eléctricas más importantes del mundo, estilo que popularizaron y protagonizaron, también, los legendarios «The Shadows», en el Reino Unido. Finalmente, practicaron lo que se dio en llamar, y ya con personalidad propia, «el sonido pekenike», del que no hace falta comentar sus razones.

Los hermanos Sáinz, Sequeros y Tony Luz, principales creadores del instrumental grupo
A partir de entonces, los éxitos, a través de inmejorables creaciones, no se hicieron esperar. Sus títulos, muy seleccionados en su denominación y en su concepción cultural, así como su impecable e inimitable instrumentación, les distinguían sobremanera de todos los demás grupos que no apostaban por lo instrumental, al basar sus creaciones en lo vocal y en letras facilonas y poco profundas. Y ahí es donde, principalmente Alfonso, además de su hermano Lucas, más Ignacio Martín Sequeros y Tony Luz, primer marido de los cuatro con los que casó la jienense María Isabel Llaudes Santiago, popularmente conocida como «Karina», firmaron la mayoría de sus numerosos éxitos, tales como «Hilo de seda», no haciéndose esperar mucho tiempo los legendarios e inimitables «Lady Pepa», «Trapos viejos», «Embustero y bailarín», «Frente a palacio», «Troncos huecos» o «Robin Hood». Y no podemos omitir de «Los Pekenikes» melodías tan inolvidables como «El tiempo vuela» o «Soñar no cuesta nada», sintonía que se popularizó destacadamente en el programa musical «Galas del Sábado», que presentaban Laura Valenzuela y el fallecido Joaquín Prat, así como «Tren transoceánico a Bucaramanga», «Palomitas de maíz», «Tiempo y ritmo» y otras muchas partituras que fueron auténtica belleza en sus interpretaciones, lujo para los sentidos, en general, y deleite para los oídos, en particular, transformándose muchas de sus composiciones en nuevas sintonías televisivas muy reconocidas como tales. Pero fue, de modo muy puntual, «Hilo de seda» el tema instrumental más relevante, compuesto por Alfonso Sáinz, que fue grabado en 1966, consiguiendo una notable repercusión e inusitado éxito en España, sí, pero también fue «número uno» en México, en Holanda, Italia, Portugal y otros muchos países. Adicionalmente, fue solicitado en EE.UU. con la condición de que fuera acompañado por otras composiciones añadidas del grupo en un disco L.P., del vinilo de entonces, que allí se divulgó y vendió con enorme repercusión musical y abultadas ventas que le proporcionaron un sonoro éxito comercial.

Importantes incursiones en el género clásico
También su música pasó a formar parte de la banda sonora de diversas películas, haciendo decididas incursiones en el pop-jazz, el pop-celta y el pop-flamenco, flirteando, además, con el género clásico para realizar interpretaciones, llevadas al estilo pop, de obras de Bach (Aria, de la Pasión según San Mateo) o de Isaac Albéniz (Sombras y rejas, una versión de Asturias).
Llegado el año 1970 y con la inevitable añoranza de España, regresa copiosamente y adquiere diversas propiedades que le mantienen ligado a nuestro país, así como otra avioneta. ¿Excusa?: que en algunas ciudades españolas y también europeas realizaba operaciones de cirugía y de la especialidad en la que se «doctoró» y en la que demostró estar preparadísimo, pues era un perfeccionista como la copa de un pino. En los últimos años de su vida, ya de forma más constante, le encantaba pasar el año viviéndolo, al 50 por ciento, entre España y EE.UU., donde volvió a incorporarse a su afición musical, a componer en solitario y a grabar con su propio nombre, convertido en «artístico», para cantar, ahora sí, con sus correspondientes letras y con su protagonismo vocal, al tiempo que se acompañaba con su guitarra e incluía la grata colaboración de otros músicos norteamericanos con los que había trabado una sólida y muy bien cultivada amistad, echando de menos, siempre, la inigualable forma de percutir las pieles de los tambores, cajas, bombos y timbales, además de los platillos, de José Nieto, el que fuera inconfundible y envidiado, por su destreza, variedad y capacidad de improvisación, baterista de «Los Pekenikes», quien protagonizaba unos «solos» que levantaba en aplausos al público que abarrotaba plazas de toros, campos de fútbol y recintos de enormes dimensiones, como, sin ir más lejos, cuando, por iniciativa de Francisco Bermúdez, promotor de espectáculos internacionales, fueron brillantes teloneros de The Beatles, en su actuación en la Monumental Plaza de Toros de Las Ventas, en Madrid, el día 2 de Julio de 1965, en un velada que dio comienzo a las 8:30 de la tarde (en aquel momento ya era la noche, porque no existía, entonces, lo del cambio horario actual), con el «sonido pekenike» como protagonista inicial para «calentar motores» ante la inmiente aparición de los de Liverpool.
Nuestro adiós sentido, triste y cariñoso a un hombre que pasó por la música dejando imborrable huella, magistral bagaje compositivo, creatividad de altura y, aunque parezca paradójico, sin hacer «ruido», porque, él, nunca se dejó sentir con excentricidades, sino que su único sonido era el de las notas ordenadas convertidas, a través de su instrumentación, en «música celestial». Descanse en paz el genial músico Alfonso Sáinz. Buenos días.

Pedro Antonio Hurtado García
es Director de Zona de CAJAMURCIA-BMN
en el Noroeste murciano